Milán.- Cinco años después del asesinato del
empresario de la moda Maurizio Gucci se abrió hoy el juicio de
apelación en Milán, con la ausencia en la sala de la principal
imputada, la viuda de la víctima, Patrizia Reggiani, de 51 años.
A finales de 1998, Reggiani fue condenada por un tribunal de
primera instancia a 29 años de prisión por instigar el crimen. Junto
a ella, también deben comparecer ante el tribunal otros cuatro
inculpados, entre ellos el supuesto autor material del asesinato,
Benedetto Ceraulo.
El 27 de marzo de 1995, Maurizio Gucci fue tiroteado en plena
calle en Milán, en el norte de Italia. La acusación parte de un
"crimen fríamente premeditado" y sostiene que Reggiani no pudo
soportar el haber sido abandonada por su marido y haber perdido el
estatus de "reina de la jetset".
Ella se declaró a su vez inocente y habló de una "conspiración" de
los otros cuatro imputados contra ella.
El crimen fue organizado y ejecutado al parecer por los cuatro
inculpados, a los que se les pagó una suma de 500 millones de liras
italianas (unos 254.000 dólares estadounidenses). Ceraulo fue
condenado en primera instancia a cadena perpetua, mientras que a
otros dos cómplices se les imputaron penas de 26 y 29 años de cárcel,
respectivamente.
Giuseppina Auriemma, adivina y entonces amiga íntima de Patrizia
Reggiani, fue condenada a 25 años de prisión.
Los abogados defensores de los principales acusados anunciaron que
presentarán un pedido para un detallado informe psiquiátrico. A la
viuda imputada se le extirpó un tumor cerebral en 1992. "Pude ver la
locura en el brillo de sus ojos", constató la madre de Reggiani
después de visitar a su hija en la cárcel.
Al final, el odio entre el matrimonio Gucci habría llegado a ser
tan fuerte que el empresario supuestamente exigía que en su propia
casa se abrieran las botellas de champán en su presencia, ya que
temía que su mujer lo envenenara.