Washington.- El "supermartes" confirmó hoy la
esperada derrota del demócrata Bill Bradley, una ex estrella del
baloncesto del que se esperaba que diese mucha más batalla al
vicepresidente Albert Gore.
El discreto Bradley, de 56 años y perteneciente al ala liberal
del Partido Demócrata, abandonará previsiblemente la campaña al
resultar perdedor en las dieciséis primarias del Partido Demócrata,
según indican los sondeos hechos tras las votaciones.
Bradley confirmó hoy que telefoneó esta noche a Gore para
felicitarle por la completa victoria del vicepresidente.
"El ha ganado y yo he perdido", dijo Bradley, quien anunció que
desde mañana, miércoles, consultará con sus asesores para adoptar
pronto una decisión sobre el futuro de su campaña.
Las encuestas ya preveían la derrota de Bradley y un portavoz de
su campaña anunció esta noche que el ex senador tiene previsto
convocar una conferencia de prensa para el jueves, en la que
presumiblemente anunciará su retirada, algo que le han pedido los
líderes demócratas.
Gore ganó de manera especial en los estados del Este, incluido
Nueva York, donde Bradley debía ganar para mantener ciertas
esperanzas, dado el claro dominio del vicepresidente en el Sur y
Oeste.
Los analistas se han preguntado en EEUU "qué es lo que ha ido
mal" en la campaña del ex jugador de los Knicks de Nueva York, que
recaudó prácticamente el mismo dinero que Gore para presentarse a
las elecciones, unos 30 millones de dólares, pero que no ha
justificado en las urnas las perspectivas de hace cinco meses.
Una de las principales razones ha sido la falta de carisma de
Bradley, que fue un destacado estudiante de la Universidad de
Princeton y que es alabado por su alto nivel moral pero que resulta,
al final, muy aburrido.
Su propio tono de voz y su deseo de centrarse en su programa y
evitar las polémicas y escándalos que alimentan la campaña electoral
estadounidense lo han colocado también en inferioridad de
condiciones en un país en el que la televisión manda.
El ex senador ha sido también acusado de arrogante a causa de su
estilo personal, poco dispuesto a abrir su casa y a dar detalles de
su vida, y nunca ha seducido a la prensa, con la que se ha mostrado
distante casi siempre.
Al final, Bill Bradley no ha sabido transmitir a la audiencia el
liderazgo que se le presuponía a un destacado jugador profesional de
baloncesto (NBA) y que, al parecer, sí es capaz de demostrar en los
combates cuerpo a cuerpo con audiencias menores.
A escala nacional, ha adolecido de falta del liderazgo necesario
para llegar a la Casa Blanca, además de haberse visto muy
desfavorecido por el hecho de que la maquinaria de su partido
apoyaba a Gore.
Aunque él lo ha negado, otra de las razones que han perjudicado
sin duda a su campaña han sido las dudas sobre la fragilidad de su
estado de salud.
En el momento en que parecía lanzado, a mediados de diciembre,
Bradley tuvo que ser ingresado en un hospital con una arritmia
cardíaca a causa de una fibrilación auricular que padece desde hace
cuatro años.
El político demócrata se vio obligado a hacer público un informe
médico sobre su estado de salud y aseguró que el achaque se debió a
que tomó un refresco distinto de los que consume habitualmente, con
más azúcar.
Pero, desde entonces, su campaña no volvió a despertar las mismas
expectativas, a pesar de contar con el apoyo de destacados famosos,
como el ex jugador de baloncesto Michael Jordan, el director de cine
Spike Lee o el actor Harvey Keitel.
Otra de las causas que se apuntan de su fracaso ha sido la
relativa inexperiencia de su equipo electoral, que ha dirigido su
campaña de una forma un tanto extraña.
Ante un auditorio de obreros, Bradley les habló como a un público
universitario.
Tampoco le han favorecido especialmente las referencias que ha
realizado sobre las similitudes de su candidatura con la del senador
John McCain, en el sentido de que ambas son ajenas a las maquinarias
de sus partidos.
Ello no ha gustado a sus partidarios, los demócratas más
liberales, ya que McCain puede ser un crítico del sistema político
establecido, pero es republicano.
La marcha de Bill Bradley del proceso electoral estadounidense
significará la desaparición de la figura más progresista, que ha
promovido la extensión del seguro médico a la mayoría de los
estadounidenses y los derechos de las minorías étnicas y de los
homosexuales.
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