Fuente: Reforma | 07:00 Hrs
Por Ernesto Núñez. Distrito Federal, México.- El 9 de noviembre de 1999, dos días después de que Francisco Labastida arrasó en la elección del candidato tricolor a la Presidencia de la República, Roberto Madrazo guardó en el escritorio la carta de su renuncia.
Ese día lo esperaban en el Hotel Fiesta Americana cientos de madracistas dispuestos a todo, pero Madrazo los dejó con las ganas de impugnar el proceso interno.
Antes de reunirse con sus huestes, había discutido con sus hombres de confianza la posibilidad de irse del PRI denunciando fraude electoral, y al final de una discusión de más de dos horas, los "moderados" de su grupo -encabezados por Alberto Banuet- lo convencieron de deshacerse de la carta que ya había redactado y quedarse en su partido.
En Los Pinos, 16 días después, negoció su regreso a la gubernatura de Tabasco, y las condiciones idóneas para sostener desde esa trinchera su capital político.
Labastida y Madrazo se abrazaron ese día (25 de noviembre) en presencia del presidente Ernesto Zedillo, pero ni el "abrazo de Los Pinos", ni la voz presidencial, ni Fernando Gutiérrez Barrios, ni la dura contienda en contra del PAN, pudieron terminar de reconciliar a los priístas.
Los agravios durante la campaña fueron muchos. Madrazo llamó a Labastida "perfecto fracasado", lo denunció como el candidato que disfrazaba el "dedazo" y se lanzó duro contra el régimen encabezado por su propio partido.
Durante seis meses de campaña interna, Madrazo fue describiendo en sus discursos al PRI que perdió casi todo el pasado domingo.
Cuestionó la política económica y declaró inexistente la atención del PRI a las causas sociales. Habló de la descomposición interna de su partido, del abandono de los militantes por parte de sus dirigentes y señaló a Labastida como el "candidato oficial", el "perfecto fracasado" que no hizo nada en la Secretaría de Agricultura y en Gobernación.
Después del "abrazo de Los Pinos", recibió a Labastida en Tabasco y trató de negociar posiciones para su equipo, pero sólo logró colocar a unos cuantos, entre ellos a su operador político Ulises Ruiz.
Decepcionados, muchos de los que trabajaron con él en la precampaña del PRI se unieron a otras causas; en Querétaro, una buena parte de los madracistas se unieron a Manuel Camacho, y en Chiapas algunos están trabajando con el candidato opositor Pablo Salazar.
El capital político de Madrazo se quedó en Tabasco, donde consiguió que Manuel Andrade ganara la candidatura al gobierno estatal, venciendo contundentemente a Arturo Núñez en lo que fue considerado como un nuevo desafío de Madrazo hacia el poder central del partido.
Pese a las diferencias, en la campaña presidencial recibió a Labastida dos veces en su estado, con mítines de más de 25 mil personas. Y en la jornada del 2 de julio fue de los pocos gobernadores priístas que cumplió con la cuota de votos.
A pesar de que en Tabasco la campaña de Labastida era prácticamente inexistente, -en Villahermosa había más propaganda de los candidatos madracistas al Senado que de Labastida- Madrazo fue uno de los gobernadores que mejores cuentas entregó, al ganar cuatro de seis distritos federales y las senadurías.
Pero Madrazo y sus casi tres millones de votos que obtuvo en la elección interna, nunca encontraron puertas abiertas en el equipo labastidista, principalmente por el encono cultivado entre el tabasqueño y el secretario general del PRI, Esteban Moctezuma.
El gobernador tabasqueño faltó a todas las reuniones que sostuvo Labastida durante la campaña para "cerrar filas".
Sin embargo, en la reunión que sostuvieron el lunes los mandatarios del tricolor con el presidente Zedillo, fue el principal protagonista.
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