Fuente: EFE | 12:11 Hrs
México.- El Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN) celebrará el próximo uno de enero su séptimo
aniversario, en medio de un clima de distensión que, por primera vez
desde que estalló el conflicto, ha abierto perspectivas para la paz.
Los pasos hacia la paz dados por el presidente Vicente Fox, que
comenzaron el mismo día de su toma de posesión, el 1 de diciembre,
recibieron de inmediato una respuesta positiva del líder zapatista,
el "subcomandante Marcos", que aceptó la oferta de diálogo con el
Gobierno con tres condiciones: desmilitarización, liberación de
presos de la guerrilla y aprobación de una ley de derechos
indígenas.
La elección de Pablo Salazar, un político de consensos y profundo
conocedor del problema chiapaneco, para ocupar el Gobierno del
estado, es también un factor fundamental en este nuevo panorama.
En el último mes, tras años de parálisis, el Ejecutivo ha
acuartelado a más de 1.500 soldados en la zona de conflicto, ha
anunciado, para las próximas horas, la liberación del primer bloque
de presos zapatistas (sobre más de un centenar de encarcelados) y ha
enviado al Congreso un proyecto de ley para proteger los derechos
indígenas.
La solución al conflicto chiapaneco representa para Fox no sólo
una prioridad política, sino económica, ya que el estado es una
pieza clave para el denominado Plan Puebla-Panamá, un proyecto del
presidente para impulsar el desarrollo del sur de México y
Centroamérica.
Chiapas, uno de los estados más ricos del país en recursos
naturales, es paradójicamente, uno de los más pobres en cuanto a
renta per cápita, junto a Guerrero y Oaxaca, también en el sur de
México.
La guerrilla zapatista, que se alzó en armas el 1 de enero de
1994 en San Cristóbal de las Casas, no debe tampoco perder la
oportunidad de participar en un proceso de paz demandado por la
izquierda y los sectores más progresistas de la sociedad mexicana.
El EZLN, que en principio reivindicó un sistema social y
económico más justo pero de inmediato abrazó la bandera de los
derechos indígenas, trastocó los planes del entonces presidente de
México, Carlos Salinas (1988-1994), que acababa de proclamar el
ingreso del país en el club de los desarrollados tras la firma del
Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.
La paz decretada unilateralmente por el Gobierno pocos días
después del alzamiento, abrió un tenso proceso de diálogo que
permitió firmar los denominados Acuerdos de San Andrés, sobre
derechos indígenas en febrero de 1996.
La firma de estos acuerdos, sin embargo, no supuso una garantía
de paz y, en septiembre de ese mismo año, el EZLN abandonó la mesa
de negociaciones y acusó al Gobierno, para entonces presidido por
Ernesto Zedillo, de incumplir los pactos.
Desde entonces, según denuncias de organizaciones civiles, la
presencia militar en Chiapas se multiplicó, proliferaron los grupos
paramilitares y aumentaron las expulsiones en las comunidades por
enfrentamientos religiosos y políticos.
El Gobierno de Zedillo, según analistas consultados por EFE, jugó
durante años al "desgaste" de la guerrilla, mientras "Marcos" hacía
su guerra particular a través de internet y utilizaba sus
comunicados para denunciar la corrupción y el aumento de la
violencia.
Durante estos siete años, el conflicto ha dejado un saldo de
centenares de muertos y más de 10.000 desplazados, entre ellos los
sobrevivientes de la matanza de "Acteal", en la que 45 indígenas
fueron asesinados por paramilitares afines al PRI el 22 de diciembre
de 1997.
En el nuevo contexto, si el proceso de paz sigue adelante, el
EZLN tendrá que pronunciarse sobre la posibilidad de dejar las
máscaras y las armas y transformarse en un movimiento civil o en una
fuerza política, atendiendo a las demandas de la sociedad mexicana.
México está pendiente ahora de los pasos de ambas partes a partir
de febrero, cuando "Marcos" visitará "oficialmente", por primera
vez, la capital del país, acompañado de su cuadro de "altos mandos"
indígenas.
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