La Procesión del Silencio en San Luis Potosí es una de las de mayor tradición en México.
Foto: Secretaría de Turismo de San Luis Potosí
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En la Semana Santa se celebran los misterios de salvación realizados por Cristo en los últimos días desde su entrada mesiánica en la ciudad de Jerusalén.
La Semana Santa comienza con el domingo de Ramos de la Pasión Señor, que une el triunfo de Cristo -aclamador como Mesías por los habitantes de Jerusalén y hoy en el rito de la procesión de las palmas por los cristianos- y el anuncio de la pasión con la proclamación de la narración evangélica en la Misa.
Los ramos no son algo así como un talismán, ni un simple objeto bendito, sino el signo de la participación gozosa en el rito procesional, expresión de la fe de la Iglesia en Cristo, Mesías y Señor, que va hacia la muerte para la salvación de todos los hombres. Por eso, este domingo tiene un doble carácter, de gloria y de sufrimiento, que es lo propio del Misterio Pascual.
Los días que van hasta el Jueves Santo pertenecen al tiempo cuaresmal, pero están caracterizados por los últimos acontecimientos de la vida del Señor, con exclusión de otras celebraciones.
En la mañana del Jueves Santo (o en otro día cercano), el obispo celebra, junto con su presbiterio, la Misa Crismal o de los Santos Oleos, en la que se bendicen los óleos que se usarán para la celebración de los sacramentos.
* Con información de la Universidad de Guadalajara
El Jueves Santo abre el Triduo pascual con la Eucaristía vespertina porque así como la Cena del Señor marcó el inicio de la pasión mientras Jesús se encamina a la donación de su vida en sacrificio expiatorio para la salvación del mundo, establece su mediación objetiva en el rito convivial de la nueva alianza, y releva su inmensa caridad, que es la base de su pasión y de su muerte.
La Eucaristía, símbolo y fuente de caridad, sugiere una respuesta de amor agradecido mediante la adoración del Santísimo Sacramento (en el lugar de la reserva solemne) hasta la media noche, cuando comienza la memoria de la pasión y de la muerte.
* Con información de la Universidad de Guadalajara
El Viernes Santo es el día de pasión y muerte delSeñor y del ayuno pascual como signo exterior de nuestra participación en su sacrificio.
Este día no hay celebración eucarítica, pero tenemos la acción litúrgico después de medio día para conmemorar la pasión y la muerte de Cristo. Cristo nos aparece como el Siervo de Dios anunciado por los profetas, el Cordero que se sacrifica por la salvación de todos.
La cruz es el elemento que domina toda la celebración iluminada por la luz de la resurrección, nos aparece como trono de gloria e instrumento de victoria; por esto es presentada a la adoración de los fieles.
El Viernes Santo no es día de llanto ni de luto, sino de amorosa y gozosa contemplación del sacrificio redentor del que brotó la salvación. Cristo no es un vencido sino un vencedor, un sacerdote que consuma su ofrenda, que libera y reconcilia, por eso nuestra alegría.
* Con información de la Universidad de Guadalajara
El Sábado Santo es el día de la sepultura de Jesús y de su descenso al lugar de los muertos, es decir, de su extremo abajamiento para liberar a los que moraban en el reino de la muerte.
Este es el día de espera litúrgica por excelencia, de espera silenciosa junto al sepulcro: el altar está desnudo, las luces apagadas; pero se respira un ambiente de fervorosa espera, llena de paz y cargada de esperanza.
* Con información de la Universidad de Guadalajara
Esta Vigilia es la más grande y santísima noche del año, la celebración antigua, más importante y más rica de contenido.
No se vela porque Cristo resucitó en la noche o para esperar la resurrección, sino para expresar que vivimos en espera, en la vigilancia y en la esperanza de la venida del Señor, del cumplimiento del nuevo y definitivo paso con él.
En el centro de los ritos iniciales se encuentra el cirio, símbolo de Cristo resucitado; a su luz se escucha luego la lectura de la Palabra de Dios en la que se evoca la historia de la salvación desde la creación hasta la resurrección y exaltación de Cristo; sigue la primera participación en la Pascua por medio de la recepción del Bautismo o de la renovación de los compromisos bautismales con la profesión de fe; y por último la Eucaristía, banquete de la nueva alianza, en que Cristo, Cordero pascual que se ha hecho nuestro alimento, destruye la muerte nos da nueva vida.
* Con información de la Universidad de Guadalajara





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