En su nuevo libro, titulado "Tomándonos seriamente las diferencias sexuales", Steven Rhoads reinicia una discusión que muchas feministas consideraban zanjada sobre las diferencias entre hombres y mujeres y sus implicaciones.
A los niños les gusta el fútbol y a las niñas las muñecas, según el controvertido libro de este profesor de Políticas Públicas de la Universidad de Virginia.
Rhoads arremete contra uno de los pilares del pensamiento feminista: el que indica que las diferencias entre hombres y mujeres están en gran medida socialmente construidas, ya que en esencia son iguales.
Para ello Rhoads echa mano de estudios elaborados desde los años 20 hasta la actualidad. Entre ellos uno que indica que, ya desde la más tierna infancia, los niñas se sienten atraídas por actividades delicadas, como la danza, mientras que los niños prefieren los juegos más rudos.
Este estudio indica que en la pubertad las niñas optan por la cooperación frente a la competición, lo que se traduce en un incremento de las diferencias entre chicos y chicas en lo que se refiere a los deportes competitivos.
Siguiendo con esta argumentación, Rhoads asegura que los hombres experimentan un "subidón" químico cuando ganan, y las mujeres cuando dan de mamar.
Otro de los estudios a los que alude Rhoads es una encuesta del año 1997 del Pew Research Center que indica que el 93 por ciento de las madres consideran que sus hijos son una fuente de felicidad la mayoría del tiempo, y el 90 por ciento dice lo mismo de su matrimonio.
Sin embargo, "sólo" el 60 por ciento de las mujeres que trabajan consideran que sus carreras son una fuente de felicidad.
La testosterona, una hormona esencialmente masculina, aparece en este libro como poco más o menos que la piedra filosofal, ya que todo se explica por su presencia o ausencia.
Y así, las niñas con un alto nivel de testosterona tienden a preferir los juguetes de los niños y son más competitivas. Cuando crecen, estas mujeres prestan más atención a sus carreras profesionales, son más ambivalentes sobre la maternidad y están más interesadas en el sexo ocasional.
Rhoads atribuye los sentimientos de ansiedad y culpabilidad de las mujeres que pasan mucho tiempo trabajando y desatienden a sus niños a la falta de testosterona, y de la misma manera, la abundancia de testosterona justificaría el desapego por la casa o los hijos.
En opinión del autor, estas diferencias entre ambos sexos deben tomarse en serio, en lugar de interpretarse como un elemento masculino para perpetuar la opresión que han experimentado las mujeres, como sugiere el pensamiento feminista.
A pesar de que muchas mujeres se cuestionarán la validez de este muy masculino "determinismo testosterónico", Rhoads no es el primer autor que se preocupa por el hecho de que muchas mujeres se lancen de lleno a sus carreras profesionales y dejen de lado la maternidad.
Entre ellas está Sylvia Ann Hewlett. Esta economista de Harvard desató un debate con su libro titulado "Creando una vida: mujeres profesionales y la cruzada por los niños", en el que advertía a las mujeres profesionales que no se deben llevar a engaños ya que no es posible tenerlo todo.
Hewlett propone a las mujeres jóvenes que se imaginen a ellas mismas a los 45 años, y actúen en consecuencia.
De esta manera, sugiere Hewlett, podrán evitar seguir a ciegas el "modelo masculino", que consiste en centrarse exclusivamente en la carrera profesional y olvidar todo lo demás, dando lugar a una auténtica epidemia de mujeres profesionales sin hijos.
En este delicado equilibrio, los hombres lo tienen bastante más fácil, ya que la presión del tiempo no actúa sobre ellos de la misma manera y, por otro lado, como Hewlett sugiere, en su caso el éxito no es incompatible con la familia, más bien todo lo contrario.
