París.- La firma Artcurial y uno de los amores de Pablo Picasso, Genevieve Laporte, venderán veinte retratos suyos, un conjunto de dibujos estimado entre 1,5 y dos millones de euros.
Pablo Picasso los creó -con lapicero, carboncillo o al bolígrafo- en el verano de 1951, en Saint Tropez, cuando comenzó a vivir con Genevieve Laporte una historia de amor "infinitamente tierna", explicó la propietaria de los dibujos.
La futura escritora y el pintor se habían conocido en octubre de 1944, cuando recién terminada la ocupación nazi en Francia, el autor del Guernica concedió una entrevista a una publicación escolar sobre el escándalo provocado en el Salón de Otoño de París por sus obras.
El consagrado artista malagueño tenía entonces 63 años y los "actos de intolerancia" registrados contra sus creaciones escandalizaron, a su vez, a los estudiantes del liceo Fénelon, que decidieron sacar el tema en su revista y echar a suertes quien entrevistaría al autor del Guernica.
El azar designó a Genevieve, de 17 años, quien aseguró no saber entonces quien era Picasso y no tener interés alguno en conocerlo. Así comenzó una temprana amistad, interrumpida cuando la joven se instaló en Estados Unidos durante un año, y sólo algo más de un lustro después, en 1951, cuando volvieron a encontrase, llegó el amor, explicó la también poetisa, explicó.
Al presentar la venta, Genevieve Laporte, casada, madre y abuela, precisó que aquella historia de amor inevitablemente intensa, aunque relativamente breve, no le destruyó en absoluto, sino al contrario.
De hecho, los dibujos que ahora dispersa, entre ellos uno en el que aparece vestida de novia, adornaron las paredes de su casa durante décadas, hasta que mediados los años 70, tras la muerte de Picasso, divulgó su romance en un libro y recibió "el consejo" de retirarlos para evitar su robo.
Tras conservarlos desde entonces en una caja fuerte, Genevieve Laporte, decidió "compartir" esos 20 retratos con la "esperanza" de que "no sean utilizados para especular", sino adquiridos por coleccionistas "realmente interesados en la obra de Picasso" y capaces de disfrutarlos.
Aseguró, asimismo, no estar entusiasmada ante la idea de vender esas obras -que son "otras tantas cartas de amor"- pero lo prefiere a seguir guardándolas en una caja fuerte. "En algún momento me planteé la posibilidad de donarlos a un museo, pero pensé en esos inmensos fondos que nunca nadie ve y como no estaba en absoluto segura de que fuesen a exponerse realmente preferí subastarlos".
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