Clío. En contacto con la historia, permitirá a los públicos con necesidades educativas especiales y a los normovisuales, vivir la historia de primera mano, conociendo aspectos destacados de esta materia tan indispensable para la vida del hombre.
Las piezas que componen esta muestra se agrupan en cinco grupos marcadamente definidos: historia de México, mitología griega, mitología oriental, mitología africana y cultura universal.
El poeta griego Hesíodo, autor de la Teogonía, fue el primero en referirse a las nueve musas; entre ellas, destaca Clío (la que ofrece gloria), a quien precisamente se representa como una joven mujer que sostiene entre sus manos un pergamino enrollado, pues simboliza la historia. Se decía que las musas inspiraban a los artistas, y que poseían dones proféticos. Así es como esta sala táctil toma su nombre, como un repaso poético por la historia a través de las manos.
En el primer grupo, encontramos a Miguel Hidalgo, el llamado "padre de la patria", quien lideró la primera etapa de la lucha insurgente, que culminó en la independencia de México; al Dr. Atl, pseudónimo del pintor Gerardo Murillo, distinguido paisajista y creador de colores, quien dedicó una de sus primeras exposiciones a la lucha independentista en su centenario; y a José María Iglesias político mexicano que valiéndose de las leyes anuló la reelección de Sebastián Lerdo de Tejada, asumiendo él la presidencia, pese a la petición de Porfirio Díaz para que abandonara el puesto, acción que no llevó a cabo hasta que sus simpatizantes lo abandonaron.
Dentro del rubro dedicado a la mitología griega se encuentran Agamenón, rey de Argos y de Mecenas quien partió a Troya para recuperar los bienes y la esposa de su hermano Menelao; Echo, una ninfa que fue castigada por Hera a repetir todo lo que oía, pues distrajo a la diosa mientras Zeus consumaba uno de sus tantos romances; y La Diana cazadora, cuyo nombre real es "La flechadora del norte", pero a la que el pueblo mexicano de inmediato relacionó con la diosa romana de la cacería, hija de Júpiter y hermana gemela de Apolo.
La mitología oriental, tan extensa, se resume hábilmente en las figuras de un Tritón de origen Tailandés, mensajero de las profundidades, mitad hombre y mitad pez; y la de un genio sobre un dragón, de origen chino, en donde este animal es símbolo de la sabiduría y la felicidad. En un extremo, el espíritu telúrico de los abismos, y del otro, la agilidad de la divinidad celeste.
Por su parte, la mitología africana está presente con un par de piezas de origen Ashanti, una de las diversas culturas nativas de Ghana. Las esculturas, representan una cabeza y una figura sentada, que están relacionadas con los cultos tradicionales de estas primitivas religiones de corte mágico. En la mitología de este pueblo el dios más importante es Nyame, el dios de cielo omnisciente, omnipotente. Su esposa es Asase Yaa y ellos tienen dos niños, Bia y Tano. Asase Yaa es una diosa de la tierra de fertilidad. Tano es uno de los dioses más importantes y famosos. Todos los otros dioses sobre todo los del río, son los niños de Tano.
Finalmente, en el grupo de piezas dedicadas a la cultura universal encontramos un busto del poeta florentino Dante Alighieri, nacido en 1265, y conocido en todo el mundo por su obra en verso La Divina Comedia, en la que en compañía del espíritu del poeta Virgilio, recorre el infierno, el purgatorio y el cielo en busca de su amada Beatrice.
Aquí también hallamos a San Sebastián de Aparicio, beato hispano-mexicano, patrono de los campesinos, comerciantes y transportistas, quien llegó desde España a la capital de nuestro país en 1542. Tras su muerte, su cadáver incorrupto se ha convertido en la reliquia sagrada más importante de la Ciudad de Puebla de los Ángeles. En este grupo destaca la pieza titulada "Diablo", que es una de las múltiples representaciones del mal encarnado.
Este símbolo aparece en todas las mitologías del mundo, y se le relaciona con demonios y espíritus telúricos. Su origen se remite a la tradición judeo-cristiana, que lo condenó a ser receptáculo de los vicios humanos. Sin embargo, su aspecto luminoso radica en uno de sus tantos nombres: Lucifer. La luz primera que irradia sobre el mundo.
