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 Lluvia ácida, enemiga de monumentos
22 de agosto de 2008 11:57

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Lluvia ácida, enemiga de monumentos

Lluvia ácida, enemiga de monumentos
Foto: Mauricio Marat / INAH

Expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en coordinación con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), trabajan en la investigación de nuevos materiales y técnicas de conservación del patrimonio cultural de México, afectado por la contaminación ambiental y la lluvia ácida.

El estudio se enfoca de manera principal en la zona del golfo de México, uno de los lugares donde se tiene el ambiente más corrosivo del país, debido a los complejos petroleros instalados en la zona. Las fuentes de contaminación son: el Complejo Industrial de Pajaritos, el complejo de Altamira, en Tampico, entre otros.

El proyecto consiste en verificar el pH (nivel de acidez) de los lugares donde se realiza la investigación (Tajín y San Juan de Ulúa, Veracruz), para conocer las consecuencias de la lluvia ácida en los monumentos e implementar nuevas técnicas de restauración en los sitios históricos, que son afectados por contaminantes como: dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, y el trióxido de azufre que transporta el viento provocando daños en los edificios.

La Sección de Contaminación Ambiental (SCA) del Centro de Ciencias de la Atmósfera, de la UNAM, a cargo del investigador Humberto Bravo Álvarez, es la instancia que estudia los efectos que causa la deposición ácida en el material calizo de las construcciones investigadas.

Desde hace cuatro años, Bravo Álvarez y su equipo iniciaron el trabajo en la zona del Tajín. Ahí tomaron, de manera constante, muestras de lluvia, tanto seca (partículas) como húmeda (precipitación pluvial) para medir, además, la cantidad de agua que precipitó, su nivel de cloro, sulfatos y nitratos para así determinar y caracterizar la acidez.

Una vez hecho este análisis, se fabricó lluvia sintética en la cámara de interporismo acelerado que tiene la UNAM, para luego aplicarla muestras naturales de roca del Tajín y observar los daños que ésta podría ocasionar en el patrimonio en diez años.

También se simuló la temperatura del lugar, la radiación solar y la cantidad de precipitación, lo anterior con la finalidad de establecer las bases para que los conservadores y restauradores apliquen otros métodos de preservación y así se resguarde mejor la memoria histórica, pese a las condiciones ambientales.

Este tipo de estudios se aplican actualmente en el fuerte de San Juan de Ulúa. Diariamente, la bióloga Pilar Ponce Jiménez, adscrita al departamento de Conservación del Centro INAH- Veracruz, recolecta muestras de precipitación seca y lluvia en el techo de la Casa del Gobernador ─ubicada dentro del fuerte─.

Ahí se localiza la estación recolectora, que consiste en un pluviómetro (aparato que mide la cantidad de lluvia que cae en milímetros), un termómetro de máxima y mínima, además de un muestreador de deposición seca y húmeda.

El impacto que ha provocado la lluvia ácida en la fortaleza es, de acuerdo con Ponce Jiménez, la aparición de estalactitas y estalagmitas ocasionando con ello la pérdida paulatina del material calizo.

“Los ácidos fuertes como el sulfúrico (componentes de la lluvia ácida) actúan sobre el carbonato de calcio que conforman las piedras calizas, convirtiéndolo en sulfato de calcio soluble, lo mismo ocurre con las piedras de coral (material con el que está hecho la gran parte del Fuerte), es decir, la piedra se deshace y comienza una pérdida mínima del material”, explicó Ponce Jiménez.

Reconoció la importancia de este tipo de investigaciones para mejorar las técnicas de conservación, ya que, afirmó, no sólo San Juan de Ulúa y el Tajín son los únicos monumentos afectados por la lluvia ácida, pues existen un gran número de zonas arqueológicas en el área del Golfo que son susceptibles a este fenómeno.

Incluso, señaló que en Egipto, las pirámides de Giza también resultan afectadas por la acidez; y lo mismo sucede con algunos monumentos, como el de Buda, en China.

“El INAH planea diversas acciones para restaurar la fortaleza, lo importante es que a partir de este tipo de estudios se están diseñando nuevas estrategias para la conservación, y una intervención más acertada del Patrimonio Cultural, además tenemos más información sobre materiales con la capacidad de neutralizar la acidez presente en la lluvia y sobre la periodicidad con que éstos deben renovarse”, finalizó.

Información del Instituto Nacional de Antropología e Historia


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