De reciente publicación, el libro "La muerte en el impreso mexicano", del bibliófilo Mercurio López Casillas, ofrece al lector un amplio panorama sobre cómo se ha abordado el tema de la muerte en las artes gráficas, pasando por la obra del mexicano José Guadalupe Posada, quien murió el 20 de enero de 1913.
Coeditado por RM y el Museo Nacional de Arte, el volumen reúne cerca de 400 grabados e ilustraciones de decenas de artistas que se refieren a la imagen de la parca, entre libros, volantes calendarios y carteles que van desde representaciones prehispánicas, a la iconografía de difundida en la prensa citadina de años 60.
De todos los artistas incluidos, sin duda, el más reconocido en la materia es el grabador José Guadalupe Posada, a quien se considera un maestro del arte por sus estampas que describen con originalidad el espíritu del pueblo mexicano, reflejo de una sociedad caótica, pasionaria y llena de muerte.
Posada nació el 2 de febrero de 1852, en Aguascalientes y comenzó su carrera artística haciendo dibujos, copiando imágenes religiosas y como ayudante de un taller de cerámica; en 1866 como aprendiz de litografía y grabado en el Taller de Trinidad Pedroza, e realizó ilustraciones satíricas publicas en la revista "El Jocote".
En la Ciudad de México, instaló su primer taller en la calle de Santa Teresa (1887); después se cambió a la de Santa Inés, hoy calle de Moneda. Pronto comenzó a trabajar como dibujante editorial en el taller de Antonio Vanegas Arroyo, para quien hizo miles de ilustraciones, así como para otras imprentas y algunos periódicos, todos de oposición al gobierno del dictador Porfirio Díaz como el "Argos", "La Patria", "El ahuizote" y "El Hijo del Ahuizote", realizó ilustraciones y caricatura política.
Desde el estallido de la Revolución Mexicana, en 1910, y hasta su muerte, el maestro trabajó sin cansancio en la prensa dirigida a los trabajadores, lo que constituye hoy una crónica de la sociedad y la política de su época.
Sus creaciones criticaban, con un atrevido humor negro, la desigualdad e injusticia social que existía en la sociedad porfiriana; cuestionaba su moralidad y su culto por la modernidad.
Estas, ilustraron noticias e historias insólitas que se editaban en las hojas volantes de la llamada "prensa de a centavo", que se vendía en las calles y eran bien recibidas por la gente por su contenido y precio accesible.
Las obras del grabador van del chisme cómico a la noticia trágica, del suceso real a la narración fantástica, e ilustró corridos, historias de crímenes y pasiones, de aparecidos y milagros.
Describió con originalidad el espíritu del pueblo mexicano, como los asuntos políticos, la vida cotidiana y su terror por el fin de siglo y del mundo, así como desastres naturales, creencias y magia.
Retrató y caricaturizó a todo tipo de personajes: revolucionarios, políticos, fusilados, borrachos, peladitos, bandoleros, catrines, damas elegantes, charros, toreros y obreros. De su obra, son de admirar las composiciones llenas de movimiento, la intención y fuerza de las líneas del grabado, que confieren un gesto peculiar a los personajes y escenas que reproduce.
La fuerza del trazo era según el mensaje que quería transmitir; puede ser difuminado, suave y armonioso, sobre todo en escenas cotidianas y anuncios, o duro y grueso usando líneas encontradas, que transmiten la tensión del asunto violento y de la denuncia.
Los personajes, apoyándose de los textos chuscos y venenosos de las noticias, se muestran entonces mezquinos, cobardes, dignos o cómicos, según sea el caso, cuya experiencia para el espectador provoca lo mismo la risa, curiosidad, el horror o la indignación.
La expresión de su arte se nutrió del imaginario popular utilizaba como modelos algunos grabados religiosos novohispanos y fotografías de Hugo Brohme, así como símbolos populares como animales ponzoñosos, esqueletos, el fuego, el rayo y otros.
También ilustró las famosas "calaveras", género que Posada desarrolló de manera extraordinaria. Al respecto, decía que la muerte era democrática, ya que, a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acabaría siendo un esqueleto.
José Guadalupe Posada murió en la Ciudad de México el 20 de enero de 1913, a causa de una gastroenteritis aguda. Su obra se conserva en el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Museo José Guadalupe Posada, en Aguascalientes, además de colecciones particulares.





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