Ricardo Peláez, jugador del Guadalajara
Foto: Reforma
Guadalajara, México.- Con Ricardo Peláez Linares la honestidad está antes que la necedad, por ello, el delantero de las Chivas ya tomó una decisión respecto a su carrera como futbolista, a la que hoy en conferencia de prensa le pondrá punto final.
Y es que a pesar de que el atacante del Guadalajara había trabajado con mucha ilusión en los últimos 12 meses, la rodilla derecha, esa que tuvo que ser operada en dos ocasiones de cóndilo femoral, nunca terminó de responderle; de hecho, aún el dolor no ha desaparecido, al igual que los deseos del atacante por volver en la mejor forma.
Sin embargo, su intachable trayectoria dentro y fuera de las canchas le impide sentirse a gusto estando dentro de la nómina del Rebaño, no precisamente baja, cobrando y ocupando un puesto donde él mismo siente que no ha podido corresponder como quisiera.
"Los invito a una rueda de prensa mañana a las 10:00 horas, ahí les diré algunas cosas y me preguntan lo que quieran, por ahora me disculpan, pero no voy a dar ninguna declaración", fue lo que alcanzó a comentar Peláez a los reporteros mientras el equipo trabajaba en la cancha durante la práctica de hoy.
Vestido de civil, Ricardo aparentaba serenidad, consciente de la decisión que ha tomado y del futuro que seguramente está planeando.
¿Como técnico?, ¿como periodista?, ¿como directivo?, ¿como empresario?, sólo él lo sabe, así como los factores de peso que lo llevaron a tomar la decisión de dejar la carrera que durante 17 años abrazó en forma apasionada y sin límites.
Ya en marzo pasado, Peláez, dentro de la desesperación por no sentir mejoría en su pierna, había ponderado la posibilidad de retirarse, si es que en un plazo que él mismo se pondría no estaba listo para volver.
Así, esa fuerza de voluntad y profesionalismo, lo llevó a que antes de que terminara el Torneo de Verano 2000, su corazón lo impulsara a jugar su última Liguilla, al menos como jugador de relevo.
Peláez no sólo regresó, sino que se significó como parte fundamental para que las Chivas se instalaran en la Semifinal.
Con un agónico servicio al más puro estilo suyo, de cabeza, Marco Antonio Ruiz anotó el gol que mantuvo con vida a su equipo, dando el empate global ante el Atlas en el Clásico Tapatío.
En ese momento la lesión no existía y sí la emoción por volver a oler el césped, por volver a patear un balón, por escuchar de nuevo el alarido ensordecedor como cuando un remate con la cabeza fue a estrellarse al travesaño ante el Toluca, todo por volver a ser el de antes.
Con ese éxtasis con el que terminó, inició la Pretemporada; no obstante, el dolor y las molestias en la rodilla regresaron irremediablemente.
Peláez no tenía contrato y es de todos conocido que al llegar a Chivas, junto con Luis García, era uno de los mejor pagados en la institución.
Aún así la Promotora nunca lo desprotegió, manteniéndolo en su plantel con la esperanza de poder tenerlo a plenitud en el próximo torneo.
Todo eso no bastó, ni la paciencia misma que han mostrado los directivos y el cuerpo técnico para esperarlo, nada bastó.
Mañana, Ricardo Peláez prefiere poner fin a una brillante carrera que lo coloca como el segundo mejor goleador mexicano de todos los tiempos con 189 goles.
