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Pareja y Sexualidad
 
   

Cuando un hombre se aleja

 
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Cuando un hombre se aleja

Armonia © Derechos Reservados
 
Cuando un hombre se aleja
 
Éste es un análisis de los motivos más frecuentes que un hombre suele tener para alejarse de su pareja.
 
 
El hombre tiene muchas formas de alejarse de una mujer. Puede ser un alejamiento físico, real, tangible, cuando un día hace maletas, se va y no vuelve nunca. O puede ser un distanciamiento espiritual, o emocional, como tú quieras llamarlo, pero que tiene también sus expresiones físicas.
En este segundo caso la separación suele ser gradual, intangible, a veces casi imperceptible. El hombre va mostrando un creciente desinterés en la mujer: nunca tiene tiempo de escucharla, llega demasiado cansado a su casa para dialogar con ella, sólo parece interesado en su trabajo, la página deportiva del periódico y la televisión. Presta una atención mínima a sus hijos, habla de la casa generalmente para quejarse y las relaciones íntimas con su esposa van haciéndose más y más distanciadas, hasta que cesan del todo.

LAS RAZONES PSICOLÓGICAS
En las últimas décadas se han hecho muchos estudios sobre las relaciones de pareja. Varios notables psicólogos han manifestado la sospecha de que los hombres resisten en lo íntimo la nueva imagen femenina, por no haber aceptado la igualdad que plantea la mujer con el buen grado que se suponía, y que su atávico sentido de superioridad se vuelve contra la que lo amenaza, adoptando la forma de aislamiento, de alejamiento emocional.
Algunos de los estudiosos aseguran que sus investigaciones parecen confirmar esas sospechas.
Pero otros psicólogos han dado un enfoque diferente a sus encuestas y consideran el alejamiento como una manifestación de ciertas personalidades masculinas, de determinados rasgos del carácter del hombre que con frecuencia se reflejan en su conducta frente a la mujer.
Y han ubicado este tipo de personalidad en tres grandes grupos:

Los mujeriegos. Estos hombres tienen la tentación constante, e irresistible, de practicar el sexo con cuanta mujer “prohibida” se cruza por su camino. Lo que persiguen es precisamente lo contrario a la intimidad. Consideran el sexo como un deporte.
Sin embargo, su búsqueda es tan inútil como vacía, porque no termina nunca. No tanto porque sean adictos al sexo, sino más bien inseguros respecto a su propia sexualidad. Tratan de fortalecer la endeble autoimagen que tienen cambiando constantemente de pareja. Cambian de amante casi con tanta frecuencia como de traje y nunca se entregan realmente a una mujer.

Los competidores. Estos hombres se alejan de su esposa en cuanto pasa el impulso efímero de la pasión inicial, y se dedican el resto de su vida a competir con los demás hombres.
Viven disputando con otros el éxito, el poder, el dinero, y resienten el tiempo que tienen que pasar con su mujer y su familia, cuando es tiempo -piensan- que podrían estar en su oficina persiguiendo sus fines personales. Estos hombres se alejan por lo general sólo emocionalmente.

Los homoclitos. Los psicólogos han acuñado este nuevo vocablo, al que han dado la acepción de “hombre cerrado”. Tales individuos insisten en que sus respuestas, por general muy constreñidas y controladas son las “correctas”.
No se sienten bien con las emociones ni con la expresión de éstas. No soportan la ternura y la sensibilidad de sus mujeres y se alejan de ellas precisamente porque se sienten amenazados por tales emociones que ellos no saben manejar.
En el fondo, sufren de un enfermizo temor de ser controlados por su pareja. Pocas veces llegan al extremo de abandonar físicamente a su familia, pero realizan movimiento continuo, casi siempre inconsciente, de alejamiento de ella.

LAS RAZONES BIOLÓGICAS
Se ha descubierto que hay claras diferencias fisiológicas entre los hombres y las mujeres, sobre todo al enfrentarse a los conflictos inevitables de toda relación humana.
Los hombres, tienen reacciones fisiológicas más intensas a cualquier clase de tensión, y les toma más tiempo recuperarse. En consecuencia, los aterra a menudo la reacción de su cuerpo ante el conflicto y procuran alejarse de él, a manera de mecanismo de defensa.
Esta diferencia en la tolerancia del estrés, es de nacimiento. Hay indicios de que el sistema fisiológico de los hombre no está tan bien hecho como el de las mujeres.
Los conflictos conyugales enfurecen a la mujer, pero aterran al hombre. A tal punto, que se quedan emocionalmente petrificados y dejan de “sentir”, como reacción a ese miedo abrumador.
 
 
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