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 Izamal: La ciudad de los muros amarillos
09 de abril de 2007 15:54

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Izamal

En el mapa de Yucatán se encuentra una ciudad que brilla como el oro: Izamal, la "Ciudad Amarilla".

No existe una explicación del por qué sus edificios gubernamentales, casas, iglesias y conventos tienen ese color amarillo ocre. Algunos dicen que se debe a que en 1993 el Papa Juan Pablo II ofició una misa en el convento de San Antonio de Padua en presencia de indígenas de México y Centroamérica, por lo que la ciudad lo reverenció vistiéndose del color papal; sin embargo, otros señalan que desde que tienen memoria, la ciudad ha sido amarilla.

Su nombre en maya, "Itsamal", significa "Rocío del Cielo", en honor a un personaje sabio y de origen mítico; se cree que su desarrollo como metrópoli fue paulatino y que no fue sino hasta el periodo Clásico Temprano (300 al 600 d.C.) que alcanzó el auge como ciudad-estado.

Con base en los restos arqueológicos que existen alrededor de la ciudad, se presume que el asentamiento prehispánico cubrió un área de más o menos 10 kilómetros cuadrados. Tan sólo uno de sus edificios más importantes, el Kinich Kak Moo, tenía una base de cuatro hectáreas.

De acuerdo con las crónicas franciscanas del Siglo 16, en Izamal existían altos edificios prehispánicos desde los que se podía ver el mar. Otras señalan que de ella salían cuatro calzadas con dirección a los cuatro puntos cardinales, que unían a Izamal con otras ciudades como Aké y Kantunil.

Gran parte de sus construcciones fueron destruidas al asentarse la nueva ciudad colonial y sólo se conservaron numerosas plataformas prehispánicas que parecen cerros, por lo que también se le conoce a Izamal como la Ciudad de los Cerros; sin embargo, los restos de la antigua metrópoli aún rebasan los límites de la población actual.

CONTINÚA...

Después de la Conquista, los frailes encargados de la evangelización aprovecharon la importancia de Izamal como centro religioso para construir uno de los edificios coloniales más grandiosos de Yucatán: el convento franciscano de San Antonio de Padua, el más grande de México y con el segundo atrio conventual más extenso del mundo cristiano.

Su construcción, situada sobre un centro ceremonial maya llamado Papolchach, inició en 1553 por fray Diego de Landa; el edificio, parecido a una fortaleza, cuenta con muros altos, gruesos y almendrados pintados de amarillo.

En el templo se encuentra el camarín de la Virgen de la Inmaculada Concepción, reina y patrona de Yucatán, siendo el santuario mariano más importante del sureste.

El camarín, una capilla pequeña colocada detrás del altar, fue rescatado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y por las contribuciones del pueblo yucateco, siendo considerada una joya del arte sacro.

Los especialistas reconstruyeron el retablo posterior del camarín destruido durante un incendio en 1829, basándose en documentos hallados en el Archivo de la Arquidiócesis de 1821. El retablo mide 6 metros de altura y 7.50 de ancho. Tiene un acabado de madera de cedro rojo que simboliza la sangre de Cristo, y las tallas y molduras del conjunto están recubiertas con hoja de oro de 24 kilates.

Sin embargo, las labores de restauración dejaron al descubierto otras obras de arte como pinturas murales con diversos motivos marianos, que durante años permanecieron ocultas bajo una gruesa capa de esmalte que cubría las paredes del recinto. Muchas de éstas tienen decoración floral y marcan la transición de la interpretación europea a la mexicana en lo que respecta a la ornamentación, ejemplo de ello son las azucenas, flor de la Virgen, en la parte inferior del mural, y en la parte media, la flor de lis, que representa a la Madre de Dios y a la Santísima Trinidad.

En contraposición a estos motivos de estilo europeo está la decoración nacional con los ramilletes de rosas amarillas y rosa pálido que simbolizan a la Virgen de Guadalupe.

También se hallaron pinturas con detallados medallones de alegorías marianas que marcan los atributos de la Virgen como la palma, símbolo de rectitud, las llaves, acceso al cielo, y la luna, el astro de la imagen.

Fuente: Consejo de Promoción Turística de México