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 Chignahuapan, un pueblo místico
04 de abril de 2007 19:22

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Chignahuapan

Chignahuapan es un lugar mítico por excelencia. Fray Benardino de Sahagún hacía mención de su hidrografía en Historia general de las cosas de Nueva España, como “un río del infierno que se nombra Chiconahuapan”. Alfonso Caso refiere que la primera prueba del inframundo consiste en atravesar el “río Chinahupan” con la ayuda de un perro considerado sagrado.

Nos dispusimos a dejarnos sorprender por las formas contrastantes de Chignahuapan. Para comenzar, en la Plaza de la Constitución, en pleno centro, destaca la parroquia de Santiago Apóstol, del siglo XVI, cuya fachada de estilo barroco indígena es testimonio del espíritu indomable de los antiguos pobladores; con sus colores llamativos y trazos rústicos ostenta cierto juego de simbolismos que, a su vez, cubren significados con el velo de la complicidad.

En el área de los estípites inferiores están labradas figuras de querubines de piel oscurecida, rostros caricaturescos, brazos desproporcionados, líneas grotescas que según la tradición oral –nos cuenta María Félix Cortés, gerente del proyecto de turismo alternativo– son pruebas fehacientes de la rebeldía de sus antepasados, quienes imprimieron un dejo irónico en cada deformación.

El altorrelieve superior de Santiago Apóstol sobre su caballo es muy importante, pues en realidad los indígenas solicitaban los favores del caballo, ya que consideraban que del friccionar de sus casquetes surgían los relámpagos, que a manera de guiño cómplice les enviaba el dios de la lluvia, Mixcóatl.

Nos dirigimos al área de la plaza rodeada por casas típicas de madera, paredes blancas y techos de tejas rojas, que aloja la policromía de un pintoresco quiosco hecho de maderas finas, con un presumible estilo mudéjar de principios del siglo XX. El quiosco añade a su extravagancia ser el único en el país que da sombra a una fuente de agua siempre fresca.

Nos trasladamos al taller de la familia Castillo para conocer el arduo proceso de dar luz a las esferas navideñas que han dado trascendencia nacional e internacional a Chignahuapan, que producen al año 60 millones de esferas.

La familia Castillo nos explicó que en el pueblo hay alrededor de 100 talleres que se han creado a partir de las generosas enseñanzas de don Rafael Méndez Núñez, dueño del primer centro esferero de Chignahuapan..

Nuestros pasos nos guiaron hasta el barrio de Ixtlahuaca, donde hay un templo único en su tipo, pues aloja un pequeño hongo petrificado encontrado milagrosamente en 1880, y que es venerado por los lugareños. Relata la leyenda que un campesino observó en aquel hongo la imagen de Cristo crucificado, por lo que allí se levantó la iglesia del Honguito. Según el historiador poblano Ramón Kuri Camacho, hay dos aspectos importantes en el nacimiento de esta veneración: la tradición mística de hongos alucinantes y las estrategias de evangelización de los frailes mercedarios.

La región era rica en hongos (se ha llegado a distinguir hasta 30 especies) y se practicaban rituales con ellos. Los religiosos aprovecharon esto para atraer la atención de los seguidores de hongos alucinógenos grabando imágenes en uno de ellos.

Antes de salir de Chignahuapan no podíamos dejar de visitar sus famosas aguas termales. Nos dirigimos al hotel que posee albercas de aguas sulfurosas de 53ºC, aproximadamente. Se llega en vehículo propio o en transporte público que se aborda en el centro del pueblo. Caminamos por veredas intrincadas entre bosques de pinos hasta llegar a los baños termales, cuyas instalaciones datan de 1938.

Las tonalidades, los aromas, los sabores y los sonidos del viento de Chigna-huapan llevan la historia de un pueblo lleno de misticismo, y el presente de un talento envuelto en la espesa neblina de cada mañana.

CONTINÚA...

La sobria fachada de un templo en la ciudad de Chignahuapan, hecha con piedras volcánicas y cintas mosaicales, conserva una colosal escultura de la Virgen de la Inmaculada Concepción, obra que el artista chignahuapense José Luis Silva creara entre 1960 y 1966. La imagen se aloja en el altar mayor del templo del mismo nombre. La escultura, tallada en cedro rojo, tiene 14 m de altura, incluyendo los dos metros que mide la corona, y está considerada como la más grande de América Latina bajo techo.

A la entrada nos recibe un amplio vitral de la Anunciación de María; atrás de esa cortina policroma descubrimos la gigantesca belleza de la Inmaculada aguardándonos con sus detalles y simbolismos.
Justo detrás del vitral, descendiendo algunos escalones, encontramos el baptisterio de gran sencillez estilística; a la izquierda, a pocos metros, se conserva el boceto en yeso de la cabeza de la Inmaculada, que fungió como sinécdoque de fe.

La idea original era que la imagen mostrara una curva en el vientre aludiendo la concepción divina; después se pensó que estuviera sola en el altar. Un tercer intento estableció que cargara en su brazo derecho al Niño Jesús con una paloma en la mano.

El sol que desborda sus rayos detrás de la virgen hace referencia a la luz crística, y el planeta que se halla a sus pies corrobora que la madre de Cristo es la reina de este mundo. A la izquierda está tallada la escena de la pérdida del paraíso, con sus protagonistas: Adán, Eva y Luzbel. A la derecha se visualiza la imagen, también en arquetipo, del reino de los cielos.

Esta es una obra que hipnotiza por su colosal tamaño, en conjunción con una elegancia que, al mismo tiempo, despliega dulzura y firmeza. Sin duda, José Luis Silva accederá a la posteridad del arte sacro con esta escultura digna de pertenecer a las grandes creaciones que han conquistado su espacio a través del tiempo.

Si vas a Chignahuapan

Saliendo de la ciudad de Puebla tome la autopista a Apizaco, en el estado de Tlaxcala. De ahí siga por la carretera federal núm. 119 rumbo a Zacatlán, y luego de recorrer 51 km llegará a Chignahuapan, que se encuentra a 110 km de la ciudad de Puebla y a una altitud de 2 260 msnm; su clima es semifrío-subhúmedo con lluvias en verano y neblina en las partes más altas.

Fuente: México desconocido