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 Admira las revelaciones ancestrales
09 de abril de 2007 09:33

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Pinturas rupestres en Aguascalientes

En México existe una infinidad de lugares con caprichosas formaciones rocosas, zonas telúricas donde se percibe una energía muy particular, misteriosa, fuerte; en muchos de estos sitios la soledad del silencio se conjuga con las reminiscencias del pasado; de un pasado en que un anónimo ser humano plasmó en la roca el sentir de su entorno, con un arte incipiente pero avasallador y sencillo que habla de una idiosincrasia sin duda dictada por la naturaleza.

Así, encontramos figuras onduladas que indican agua; animales que señalan la existencia de caza, dibujos antropomorfos que hablan de los pobladores, y muchos otros motivos que rebasan nuestra imaginación y las explicaciones modernas.

El estado de Aguascalientes, aunque pequeño en territorio, cuenta con muchos parajes todavía inexplorados en su totalidad, como su campiña y su región montañosa. Es una entidad donde la vida y la economía se han centralizado en su ciudad capital, obligando así a que cada vez más el campo vaya deshabitándose.

Las escasas lluvias influyen para que la agricultura sea magra en una buena parte de su territorio; la ganadería nunca ha sido primordial, la explotación de las minas de plata ha quedado en el recuerdo y el sector turismo se ha concentrado casi exclusivamente en la capital. Todo esto ha propiciado que las áreas montañosas, sin ser muy escarpadas o inexpugnables, aún mantengan innumerables secretos por descubrir.

En muchas ocasiones, meterse en un camino secundario puede llevarnos al encuentro de grandes sorpresas, como es el caso de la ruta a Tapias Viejas, la cual desde la carretera principal (Aguascalientes-Calvillo) invita a que entremos a recorrerla para penetrar en un mundo poco conocido por el público en general. Vamos manejando por la cinta asfáltica y seguimos el señalamiento rumbo a El Ocote, y poco a poco nos vamos internando entre ese lomerío, el cual por momentos se torna impresionante gracias a sus afilados picos. Así, entre curvas y bellos paisajes yermos arribamos a El Ocote.