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 Peligroso volcán fascina a turistas
09 de abril de 2007 18:18

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la isla de Krakatau

El volcán Anak Krakatau
Foto: AP

Anak Krakatau, Indonesia.- En un ciclo geológico de muerte y renacimiento, un volcán está creciendo en el mismo lugar donde un antepasado legendario se desintegró en el acontecimiento natural más cataclísmico registrado en la historia de la civilización.

El volcán en ciernes se está convirtiendo en imán para los turistas aventureros.

La erupción volcánica del 27 de agosto de 1883 que voló la isla de Krakatau (también conocida como Cracatoa) en el Estrecho de la Sonda, entre Java y Sumatra, produjo la explosión más poderosa de la historia: 30 veces más intensa que la mayor bomba termonuclear.

La explosión se oyó en Australia y en Birmania (hoy Mianmar), a miles de kilómetros de Cracatoa. La nube de rocas y ceniza que despidió la erupción circundó el planeta durante un año, y las pautas climáticas resultaron alteradas durante varios años.

Una ola gigantesca (tsunami) de 40 metros inundó un centenar de aldeas a ambos lados del estrecho y mató a unas 37.000 personas. Hasta hace poco se podía ver el casco herrumbrado de un buque de guerra holandés 4 kilómetros tierra adentro, sobre una colina donde la furia de la explosión lo había arrojado.

Durante décadas, lo único que quedó de la isla de 800 metros de alto fue una isleta diminuta, renombrada Rakata, sobreviviente del cataclismo.

Pero en 1930 un nuevo volcán --Anak Krakatau, o Hijo de Cracatoa-- irrumpió de entre las aguas en el centro del viejo volcán, donde las mismas fuerzas tectónicas que produjeron la erupción de 1883 están empujando magma hacia arriba a un ritmo geológicamente vertiginoso.

El Hijo de Cracatoa está creciendo a 4,5 metros por año, dice Mas Aceh, del Directorio Indonesio de Volcanología y Geología. Ya ha alcanzado una altura de 400 metros.

"Éste debe ser uno de los sitios más intensos de la Tierra, con todas las fuerzas más poderosas de la naturaleza bajo nuestros pies", dijo Heinz Phelps, un visitante alemán.

Él y dos amigos trepaban la frondosa colina por los senderos de basalto negro hacia la escoria volcánica en el canto del volcán.

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Durante sus períodos de actividad, Anak Krakatau entra en erupción de 20 a 30 veces por día, despidiendo humo sulfuroso y lluvia de cenizas y rocas derretidas que caen por las laderas hacia el mar. En esos períodos toda la isla --ahora parque nacional-- está cerrada a los turistas.

Aun cuando está inactivo, los guías locales desalientan a los visitantes de hacer el difícil ascenso por la ladera tórrida hacia el cráter desde que un turista estadounidense murió y cinco resultaron heridos por una erupción en 1993.

Pero la tradición, el drama y el peligro siguen atrayendo a viajeros fascinados por la aventura.

"Este lugar tiene algo muy siniestro", comentó William Redgrave, un turista australiano. "Un soleado paraíso tropical con islas verdes circundado de aguas de azul marino, emplazado sobre una gigantesca bomba de tiempo".

La mayoría de los indonesios prefiere observar la pirotecnia desde uno de los hoteles costaneros en torno de la ciudad portuaria de Anyer, en el extremo occidental de Java.

Es fácil contratar un barco desde allí para el viaje de 29 kilómetros por las aguas turbulentas del estrecho hasta el archipiélago de tres islas en torno de Anak Krakatau.

Poderosas lanchas cruzan el estrecho en unas dos horas, y otras embarcaciones menos rápidas hacen el trayecto en tres a cinco horas, dependiendo de la turbulencia de las aguas.

"Todavía llevamos turistas allí cuando sale fuego y humo de Anak, pero cobramos un poquito más", dice Sharoni, marino y guía, en una de las embarcaciones de turismo.

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Otros dos sitios populares de partida son la Playa Carita y Tanjung Lesung, al sur de Anyer.

Tanjung Lesung es una opción atractiva para viajeros con un poco más de tiempo para explorar. Está cerca del parque Nacional Ujung Kulon, donde habita el rinoceronte unicornio de Java, uno de los animales más exóticos del planeta.

El Estrecho de la Sonda está justo al norte de la fosa de Java, una zona geológicamente volátil donde la placa oceánica australiana se desplaza hacia el norte por debajo del continente asiático, creando las cadenas de volcanes que dieron nacimiento a muchas de las islas en el vasto archipiélago indonesio.

Los geólogos anticipan que Anak seguirá creciendo durante varios siglos y alguna vez se desintegrará en otra erupción colosal similar a la de 1883 y a otra superexplosión previa que se supone ocurrió en el mismo sitio en el año 416 AD.

Ese volcán del siglo V --que los científicos denominan proto Cracatoa-- conectó una vez Sumatra con Java. Cuando estalló creó el estrecho de la Sonda y dejó una estela de islas más pequeñas, incluyendo Cracatoa.

En los años 70, Anak empezó a atraer a los científicos ávidos de estudiar la actividad volcánica y el desarrollo de la vida animal y vegetal.

El interés público creció a causa de un reciente éxito editorial: "Cracatoa: el día en que estalló el mundo", del escritor británico Simon Winchester, un recuento amplio de la erupción de 1883.

Según Winchester, las evidencias geológicas indican que ha habido media docena de erupciones volcánicas más devastadoras en la historia geológica del planeta. Pero la explosión de 1883 tuvo gran difusión mundial debido al advenimiento del telégrafo y los cables submarinos que lo convirtieron en el primer acontecimiento verdaderamente mundial.

La catástrofe sin precedente y el fracaso de los amos coloniales holandeses en ayudar a las víctimas tuvieron efectos inmediatos. Fueron factor clave en el aumento del nacionalismo indonesio militante, que para 1949 se despojó del régimen extranjero.

Las nubes de ceniza que inundaron la atmósfera también produjeron fenómenos singulares.

Los artistas de la época registraron el espectáculo en numerosas pinturas. Según algunos, el resplandor fantasmagórico en la famosa pintura "El grito" de Edvard Munch, de 1884, refleja el cielo escandinavo teñido por la estela que dejó la destrucción del Cracatoa.


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