Cruceros en México
Foto: AP
Los reclamos son cada vez mayores en los puertos del Caribe debido a la llegada de trasatlánticos con miles de pasajeros que se vuelcan a sus balnearios, compran quizás una bebida gaseosa y unos cuantos souvenirs en el lugar y vuelven a embarcarse unas horas después.
El gobierno de México estudia un proyecto para cobrar por primera vez impuestos a los pasajeros que lleguen a bordo de cruceros, mientras que los balnearios que ya no desean servir como simples escalas dentro de la industria de los cruceros, con ingresos de 15.000 millones de dólares (12.400 millones de euros), y han comenzado a negarse a recibir a los trasatlánticos en sus puertos.
Belice, recientemente, fue una de las primeras naciones que recientemente intentó limitar el número de buques de pasajeros, y dispuso que sólo lleguen 8.000 pasajeros por día después de haber recibido 13.000 personas simultáneamente, equivalente a un repentino crecimiento del 5% de la población del pequeño país caribeño.
La medida ha recibido el respaldo de diferentes grupos, desde los propietarios de hoteles hasta los defensores del ambiente que afirman que los buques dejan escasos beneficios cuando parten.
El descontento se ha nutrido en parte por el explosivo crecimiento del número de pasajeros que llegan en cruceros, que se ha triplicado en México en la reciente década.
La Secretaría de Turismo presentó una propuesta el 28 de julio con el fin de cobrar de cinco a 10 dólares (4,10 a 8,20 euros) por cada uno de los más de cinco millones de pasajeros que visitan México anualmente a bordo de cruceros.
Otras nuevas propuestas tributarias al parecer han sido presentadas en otros puntos del Caribe, hasta donde llegan casi la mitad de los viajes de cruceros de todo el mundo.
La medida tributaria mexicana representa una victoria para Playa del Carmen, un balneario sobre el Mar Caribe que el año pasado fue el primer puerto de la región en negarse a que un buque crucero atraque en su puerto a menos que la industria pagara una suma para el desarrollo local.
"Han habido expresiones de apoyo de otros pueblos, y esta postura se ha generalizado por todo el Caribe", dijo el representante de Playa del Carmen, Angel Torres.
El alcalde de Playa del Carmen deseaba imponer un impuesto de 30 dólares (24,80 euros) por cada pasajero que bajara a tierra en el vecino puerto de Xcaret.
La principal empresa de cruceros, Carnival Cruise Lines, socia del proyecto del muelle Xcaret, restó importancia a las exigencias del pueblo.
"Es una ridícula suma de dinero", destacó el vocero de Carnival, Tim Gallagher, quien alega que la empresa ya paga una cantidad considerable de dinero por los servicios locales.
Sin embargo, en México esas tarifas van a parar a las empresas privadas de administración de la bahía, no a las comunidades. Y los establecimientos situados a los largo de los muelles son a menudo de propiedad o son alquiladas por las mismas empresas que administran los cruceros.
CONTINUA >>> La industria se opone al cobro
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La industria parece estar dispuesta a oponerse a cualquier incremento.
Ha presionado a Belice para que acepte posponer cinco años la propuesta de incrementar dos dólares (1,65 euros) a los cinco dólares (4,10 euros) que ya cobra por concepto tributario a cada pasajero. Belice ha planificado usar el dinero a fin de proteger sus arrecifes de corales y sus zonas tropicales.
El proyecto del muelle Xcaret aún no se implementó, pero la oposición no ha disminuido.
La industria apenas pudo rechazar un presupuesto del 2003 en la Organización de Turismo del Caribe (OTC) para cobrar un impuesto uniforme de 20 dólares (16,50) a cada pasajero de los cruceros con el fin de financiar el comercio de la región.
Eso sería además del impuesto de 3,50 dólares (2,90 euros) a 5 dólares (4,10 euros) que ya pagan en muchas naciones islas del Caribe.
Karen Ford Warner, subsecretaria de la OTC, afirmó que considera que los negociadores pronto llegarán a un compromiso por el cual las líneas de cruceros aceptarán pagarle a la región con dinero, entrenamiento e incluso otros compromisos de contratar empleados locales y comprar productos locales.
"Creo que hay una fuerte sensación de que las líneas de cruceros tienen que hacer una mayor contribución", dijo Ford Warner. "La industria de cruceros se da cuenta y aprecia que tienen que entrar en una verdadera sociedad".
Pero el Sindicato Mexicano de Pilotos Navieros dice que las líneas de crucero y el gobierno han conspirado para erradicar uno de los pocos puestos en que se contrata a personal local, los pilotos que guían los buques hasta el muelle. El gobierno dice que los pilotos locales ya no son necesarios en los puertos de Cabo San Lucas, Huatulco y Zihuatanejo, sobre el océano Pacífico.
Cuando se propuso cobrarles impuestos en un puerto, los operadores de cruceros respondieron que cambiarían la escala a otro sitio con tarifas más bajas, algo que habría contribuido a que México adoptara la decisión de cobrar menos que el impuesto propuesto por la OTC, de 20 dólares (16,50 euros).
Los defensores del medio ambiente se han opuesto a la llegada de los gigantescos buques, alegando que arrojan combustible y desperdicios al mar, y algunas veces se llevan por delante los arrecifes de corales.
Sin embargo, en algunos casos de lugares conocidos como destino de cruceros de lujo en el Caribe, algunos residentes no desean que lleguen pasajeros sin dinero. Algunos incluso los llaman peyorativamente, "cruceritos", porque son una clientela menos rica.
Ana Patricia Morales, de la Asociación de Hoteleros de Quintana Roo, dijo que las razones expuestas por los residentes de los balnearios por las que les disgusten los cruceros, son valederas.
"Un hotel llega a un compromiso con una comunidad", señala. "Compra suministros ahí y contrata a los habitantes del lugar. Un crucero no hace nada de esas cosas".
