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 De Durango, vaqueros y palomitas
29 de octubre de 2007 13:01

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Villa del Oeste

Los vaqueros de Villa del Oeste / Angélica Galicia

 
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Angélica Galicia


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No es casualidad que los productores de películas western hayan elegido a Durango como escenario de más de centenar y medio de sus cintas. Los conocedores afirman que el azul del mar del cercano Mazatlán se refracta en el cielo durangueño y por eso éste posee una intensidad inusual.

Asunto de cineastas y científicos. Lo cierto es que sí: el cielo de Durango es penetrantemente azul y es el contraste perfecto de un horizonte semiárido coloreado de tonos ocres y escasos verdes. De inmediato se antoja ver la estela del polvo que dejan los cuatreros mientras huyen de un valiente sheriff ante el asombro de las chicas que se asoman desde los viejos pórticos de madera.

El apogeo del género western pasó ya hace décadas. Sin embargo, nadie se resistiría ante el realismo de la calle Howard, donde artistas de la talla de Jonh Wayne, Sydney Portier, Harry Belafonte, Robert Wagner y Deborah Paget recrearon historias del lejano oeste entre balazos, besos apasionados, bolsas rellenas con monedas de oro y relinchos de caballo.

Es esta misma calle la que sirvió para crear Villa del Oeste, único parque temático del género western en México. La experiencia es verdaderamente divertida: paseando entre las construcciones de madera, nos topamos de frente con el sheriff que nos saluda con el ademán de quitarse el sombrero. Del otro lado, una hermosa chica rubia con un vestido violeta y ampón se recarga en un viejo barandal y nos hace un guiño. A lo lejos, la tribu de indios ha encendido una fogata en torno de la cual comienzan a bailar al ritmo de un rústico tambor.

Pero luego viene lo mejor: tercera llamada y comienza la recreación de una historia muy western. La trama no tiene ni pies ni cabeza, pero eso no importa: las carcajadas brotan irremediablemente. Además, al final, las bellas bailarinas del can-can nos deleitan con una coqueta coreografía a la que se suman los vaqueros.

Para el final feliz, Villa del Oeste ofrece restaurantes, tiendas de souvenirs, renta de caballos y, ¿por qué no? También la foto del recuerdo con el guapo vaquero de los ojos verdes.

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