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 Guían velas el camino de los muertos
01 de noviembre de 2007 16:51

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Día de muertos

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Ciudad de México, México.- Para llegar al encuentro con sus seres queridos, de acuerdo con las tradiciones mexicanas de Día de Muertos, las velas y veladoras cumplen un papel fundamental, pues lo mismo sirven de guía a las ánimas en su camino que representan su alma en las ofrendas.

La muerte es una transición a lo eterno pero este 1 y 2 de noviembre se abre una puerta para que las almas se encuentren con sus familiares, y para facilitar ésto las costumbres dictan que se les puede marcar el camino con pétalos de flor de cempasúchil que con velas y veladoras, según la creencia de cada pueblo.

En el caso de las velas, las que se colocan sobre el altar de muertos cada una representa a un difunto que haya en ese hogar. Además, estas pueden ser negra, si la persona recién falleció, o morada, en símbolo de luto.

También las hay blancas y se colocan para que los seres del más allá encuentren el camino a casa.

En algunos estados del país se colocan velas de colores vivos para los niños y negras, cafés y blancas para los adultos; asimismo, son colocadas en candeleros con forma de animales y mucho color para los infantes y de barro natural para los mayores.

Se trata de días de rezos para que el alma descanse en el otro mundo, en los que las velas son tan importantes que en muchos lugares se acostumbra no sólo colocarlas para adornar o alumbrar el camino de las almas hacia sus seres queridos, sino también para levantar altares en los que se forma una cruz orientada a los cuatro puntos cardinales, que guiar a las almas.

Con sus llamas, representan la ascensión de los espíritus, pero también que llevan la luz para que no les de miedo volver ni se pierdan. De esta forma, los vivos velan la llegada de las almas durante toda la noche.

La luz de las velas atraen a los seres que ya cruzaron a la eternidad, así como a curiosos de otros países que admiran esta costumbre mexicana. Son colocadas en las ofrendas de los cementerios y las casas, con variaciones en las diferentes regiones del país.

En estados como Morelos, Michoacán, Oaxaca, Yucatán y en el Distrito Federal se acostumbra ir al panteón desde temprana hora para adornar las tumbas de los que se extraña. SIGUE...

Sobre cada lápida son colocadas velas, flores, bebidas y los guisos que más disfrutó comer la persona, y si murieron siendo niños, se les colocan juguetes para que disfruten durante su visita del más allá.

El ritual lo comienza la gente con rezos y cantos, pues se trata de una fiesta donde el dolor se mezcla con la felicidad. Y es que se dice que "duele recordar al que ya no está, pero es muy grato tenerlo de vuelta por un momento más".

De esta forma, se viste hermoso el camposanto, con luces, flores y mucha gente esperando con ansia que se abra la puerta que ha de permitir la visita de quienes se extraña.

Se dice que a partir de las ocho de la noche del 1 y 2 de noviembre es cuando se cruza el umbral entre los dos mundos, pero en la tradición mexicana la ofrenda se coloca desde un día antes. El primer día llegan las almas de los niños y el segundo los adultos.

Una lectura de las ofrendas muestras que las ánimas son recibidas con tierra, fuego, aire y agua, elementos que representan las velas, el papel picado, flores y frutos, así como vasos con agua.

A estos productos suelen agregarse cigarros, fotos del muerto e imágenes de santos, así como las tradicionales calaveras de azúcar y chocolate que corresponden a cada miembro de la familia que esté vivo.

Para nuestros ancestros, esta fiesta dedicada a la muerte significó una continuidad de la permanencia en la Tierra, y lo sigue siendo para la gente de hoy en día. Es decir, los seres queridos se van pero vuelven.

Las llamadas festividades de Día de Muertos se remiten a varios siglos atrás y los altares u ofrendas que se colocan en los más remotos rincones de la República hacen confiar en que esta tradición no perecerá.

Por ejemplo, en Mixquic, en el Distrito Federal, y Janitzio, en Michoacán, las fiestas de los muertos atraen a millares de turistas a los cementerios adornados con incontables velas. O en Oaxaca, donde los visitantes pasan toda la noche en un escenario de luz y sombras.

El 31 de octubre, en Mixquic se coloca una ofrenda especial para los niños difuntos, en la que a diferencia del altar de adultos, que contiene comida picosa o alcohol, se adorna con gladiolas y velas pequeñas que tendrán que corresponder a cada muertito.

El rito de la velación consiste en un colectivo de velas y cirios que untan los cuerpos de luz y sombra rojiza, amarilla, anaranjada y azul. Los vivos danzan entre ellas para alegrar las almas que les visitan y aseguran con ello el paso de los muertos a la vida terrenal y su regreso a la vida eterna.

El copal y el incienso es humo aromático que también atrae a los fieles difuntos, colocado en anafres pequeños sobre la tumba, en cuyas orillas se colocan además flores de cempasúchil, nube y gladiolas, que hacen comunión con las almas.

Los cirios también simbolizan el amor eterno, el triunfo de la llegada al mundo de los vivos; el duelo y el llanto.

Cera derretida que derraman velas, veladoras y cirios, estas "lágrimas" representan el inconsolable sufrimiento que se vive junto al canto y al rezo de los vivos por sus difuntos, por el recuerdo y presencia de las almas visitantes.

A la puesta del sol, las velas son consumidas, queman todo lo que queda de ellas y lo que representan, para que los muertos tomen su camino de regreso a lo eterno.


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