Libros enteros se han dedicado a desmenuzar la magia que envuelve a este jardín creado por el británico Edwad James, en medio de la abrumadora naturaleza de San Luis Potosí. Aquí, la arquitectura se funde con los árboles, creando paisajes de ensueño que en ninguna otra parte del mundo encontrarás.
Foto: Angélica Galicia / Terra México
'-¿Qué sabe usted del surrealismo?
-¿De mi realismo?'
Un largo camino entre la exuberancia de la Huasteca potosina es el anticipo del encanto de Xilitla. Es la introducción a la suave locura de un inglés que, allá por los años veinte, llegó a México, se enamoró y se quedó para siempre. (Esto es algo que sucede muy seguido con los extranjeros sensibles, algunas veces medio locos, a los que el surrealismo mexicano les parece simplemente irresistible.)
Su nombre era Edward James, y de él se cuentan cosas tan -¿cómo llamarlas?- surrealistas como esas estructuras que dejó en Xilitla. Por ejemplo, que el momento en que decidió quedarse en San Luis Potosí ocurrió una vez que, siguiendo la pista de unas hermosas orquídeas, fue a dar a un paraje de la Huasteca, donde de pronto, entre los dulces rayos del sol, emergieron un montón de mariposas que se posaron sobre su cuerpo. Entonces, iluminado, dijo: 'Voy a construir unas escaleras al cielo'.
También se cuenta que siendo ya dueño del terreno donde hoy se encuentra su jardín, salía en una silla cargada por cuatro personas y se internaba en la naturaleza. Le gustaba, dicen, caminar desnudo, acostarse entre las ramas, y nadar así, como Dios lo trajo al mundo, en su poza privada.
Hacía viajes a México y a otros países, donde el surrealismo, corriente artística que se inspira en los sueños y en las fantasías, estaba en pleno auge. Y regresaba a Xilitla, daba trabajo como albañiles y les pedía construir figuras... surrealistas, oníricas. A veces, su mente trabajaba más rápido que sus empleados, y pedía que abandonaran la obra en la que estaban para seguir con otra. De manera que esas estructuras son, además, sueños incompletos, esperando una interpretación absolutamente libre de quien las mire ahí, inmersas en un verde intenso, en un murmullo de aves, hojas, ramas, agua cristalina que se precipita hacia quién sabe dónde.
Es ese sonido de agua. Un murmullito nada más. A veces, revuelto con risas de niños. Las pozas, que están al lado del Jardín de James, conservan un tono azulado en el que se antoja sumergirse o simplemente mirar por largo rato. De aquel zoológico que el escocés fue conformando con sus múltiples viajes -dicen que viajaba siempre con sus serpientes-, ya sólo quedan recuerdos.
Un loco, pero un loco tranquilo y benefíco, chaparrito y barbudo como un enano de Blanca Nieves, así definen los lugareños a Edward James. Un loco que creció solo en la lejana Escocia, heredó una fortuna de un tío que se cayó de un caballo y se dedicó a viajar por el mundo antes de llegar Xilitla, lugar al que convirtió en el rincón más surrealista de un país al que André Bretón, otro extranjero, pero francés, definió como el más surrealista del mundo.
Como llegar a Xilitla:
Xilitla se encuentra al sur de Ciudad Valles, por la carretera 85 hacia Tamanzuchale, San Luis Potosí. Por Querétaro, al pasar la caseta de Palmillas tomar la desviación hacia la carretera 120, San Juan del Río-Xilitla, hacia la Sierra Gorda.
Agradecimiento a los Hoteles Misión Jalpan y Misión Concá la facilidades para realizar este reportaje.
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