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 Tierra de artesanos
09 de abril de 2007 13:00

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Tonalá

Por generaciones las familias de Tonalá y Tlaquepaque, dos municipios que conforman la zona metropolitana de Guadalajara, han trabajado en la elaboración de diversas piezas artesanales, muchas de ellas de incalculable valor estético.

La creatividad de los artesanos no tiene límite, barro, madera, fibras textiles, piedras preciosas, metales, papel y hojas de maíz representan una infinidad de posibles creadoras en las manos de estos artistas anónimos que son el corazón de la artesanía mexicana.

Tonalá
El sol regala sus primeros rayos de luz a este antiguo poblado prehispánico, y esto a marcado por siglos sus habitantes. Tonalá es un pueblo pequeño distante sólo a 7 kilómetros de Tlaquepaque, su nombre significa “Lugar por donde sale el Sol”.

Es un pueblo creativo, artesanos por naturaleza. Caminar por sus calles angostas y altas banquetas y al asomarnos en alguna de sus casas podemos maravillarnos al descubrir un taller donde unas experimentadas manos dan vida a las más bellas creaciones.

De los atractivos de Tonalá destaca el Cerro de la Reina, que es un mirador natural desde donde se aprecia toda la ciudad de Guadalajara. Aquí se encuentra un asta y bandera monumentales, consideradas como las más grandes de México.

Tlaquepaque
Este pintoresco pueblito, aunque está integrado a la mancha urbana, conseva sus sencillez y calidez. Caminar por sus calles adoquinadas, sentarse en un “equinal” del Parián o entrar en una de sus casas antiguas, de techos altos y ventanas bajas, o descubrir sus miles de artesanías, resulta una de las experiencias más gratificantes.

Una visita obligada en Tlaquepaque es su Parián. El cual es un lugar para festejar, con bares, restaurantes y espectáculos. Fue construido en 1878 y ocupa toda una manzana, con un pequeño y simpático quiosco en su interior donde se celebran románticas serenatas de gran tradición. Es un lugar de ambiente familiar donde se puede comer o simplemente refrescarse con una “Chavela” (copa grande de cerveza), entre música mexicana.

El Centro Cultural El Refugio es una preciosa construcción que antiguamente fue un hospital para mujeres con problemas de conducta. Su remodelación dejó al descubierto su belleza y misterio por las múltiples leyendas que albergan sus paredes y pasillos. Esta Casa de la Cultura, con sus múltiples patios, arcadas, capillas y salones, es sede permanente de conferencias, exposiciones artesanales, clases de canto, música, danza y teatro.

Otro de los encantos de Tlaquepaque es su variedad de excelentes restaurantes, algunos de alta cocina internacional y otros de comida típicamente mexicana. Saborear la deliciosa birria o pozole con un tarro de cerveza, un caballito de tequila o un jarro de tepache o agua fresca, acompañado de música de Mariachi y tríos, es una experiencia inolvidable que bien vale la pena experimentar.