¡Recibe las mejores ofertas de viaje en tu buzón!El antiguo Totonacapan tuvo como límites el río Cazones, hacia el norte, y el Papaloapan, al sur. Sin embargo, encontró en el norte del estado, en una zona cálida y húmeda de bosque tropical lluvioso, uno de sus sitios de florecimiento privilegiado.
Allí se levantaría precisamente la ciudad de Tajín, que vivió su mayor esplendor entre el año 800 y el 1150.Alrededor del 1200 se desarrollaría Papantla, que se constituyó en el centro ceremonial y político de una población indígena dispersa. Durante la Colonia se convertiría en el eje de los pueblos totonacos de la región.
En la zona papanteca, asidos a sus reducidos espacios de tierra ya su identidad étnica, los totonacos lograrían conservar vivos muchos de sus valores tradicionales, su forma de contemplar e interpretar el mundo, además de algunos ritos indígenas tan fundamentales, fantásticos y coloridos como la Danza de los Volado- res.
De hecho, esta danza, que constituyó en tiempos remotos un ritual difundido desde México hasta Centroamérica, se convirtió en una especialidad totonaca. Así, en la zona, a pesar de los evidentes cambios y presiones a que ha estado sujeta, no ha quedado borrada la cultura antigua y el pasado continúa expresándose de diversas maneras y aún tiene mucho qué decirnos.
Un recorrido por esta región ofrece la oportunidad para conocer una de las culturas fundamentales de este país, tanto en sus vestigios arqueológicos que permiten vislumbrar la magnificencia del pasado, como en la observación de la vida diaria de los herederos de ese patrimonio ancestral.
Por otra parte, la cercanía de la región totonaca con el mar permite disfrutar a los viajeros de una de las costas más atractivas y sugestivas del estado, la llamada Costa Esmeralda. Esta no sólo abarca numerosas y bellas playas, sino que cuenta con las instalaciones necesarias para recibir un gran número de visitantes.

Admira uno de los centros políticos y religiosos más deslumbrantes de Mesoamérica.

Visita la capital de la vainilla, como se le conoce a Papantla en el bello estado de Veracruz.

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Contempla el hermoso paisaje tropical que te ofrece la Costa Esmeralda de Veracruz.

Recorre las calles de este pintoresco pueblo de herencia totonaca.
Ubicado a 13 km de Papantla, por la carretera al Chote, la zona arqueológica de El Tajín constituye uno de los centros políticos y religiosos más deslumbrantes de Mesoamérica, tanto por la profusión de sus edificios que se recortan en su blancura sobre el verde de la vegetación papanteca, como por su arquitectura inconfundible, embellecida por columnas esculpidas, frisos y tableros.
El Tajín, la ciudad sagrada de los muertos y de los truenos en tempestad, surgió como una verdadera urbe en un período que iría del 800 al 1150 de nuestra era; una trayectoria de aproximadamente 3 siglos y medio caracterizada por una febril actividad constructora.
En su superficie de 1.5 km cuadrados se levantan 168 edificios, lo cual la distingue como una ciudad densa en edificaciones. Esta concentración en un espacio relativamente estrecho es singularísima en el ámbito mesoamericano.
El primer conjunto que se aprecia a la llegada es el grupo Plaza del Arroyo, el más antiguo, integrado por cuatro de los más monumentales edificios. Después, conforme el visitante se acerca al centro, la disposición de los edificios se vuelve más cerrada, sin orden aparente, en un permanente abrir y cerrar de espacios.
La mayoría de los edificios estuvieron dedicados a templos, altares, juegos de pelota y palacios. Resulta notable el número de juegos de pelota localizados: 17. En pocas ciudades de México se ha encontrado tal cantidad, lo que confirma su trascendencia como centro religioso mayor.
La personalidad inconfundible de la ciudad está dada por su estilo arquitectónico; su característica más distintiva son los nichos, que, junto con las "cornisas volantes", constituyen los elementos más atractivos y singulares de su arquitectura.
En el edificio número 1, la famosa Pirámide de los Nichos, la última en ser concluida, alcanza su mayor plenitud la utilización de estos elementos. Aquí las piedras están puestas juntas de una manera que hace pensar en una labor de carpintería fina, cada pieza se ajusta nítidamente dentro de otra y sostiene el peso con un mínimo de mezcla.
Si el efecto general del lugar es de magnificencia, en la Pirámide de los Nichos los constructores alcanzaron la excelsitud, con un original dominio del claroscuro obtenido a través del refinado y delicado manejo de grandes volúmenes de piedra, lo que dio precisamente un espectacular equilibrio. Los 365 nichos son una simbólica alusión al año solar.
Una sección diferente es El Tajín Chíco, colocado en la parte alta de la zona y constituido por un conjunto importante de edificios con una orientación más secular y que funcionaban como residencia para la clase gobernante y la élite de la sociedad.
El Tajín continuó siendo frecuentado por motivos rituales por los totonacos, quienes guardaron celosamente el secreto de su existencia durante muchos años, hasta que fue descubierta accidentalmente por un oficial español de nombre Diego Ruiz, alrededor de 1785.
El Tajín cuenta además con un nuevo museo donde se localizan las piezas más importantes del sitio, inaugurado en 1992, cuando se concluyó el proyecto Tajín, que nos ofrece una imagen más acabada del lugar después de cuatro años de ardua labor de rescate.
Papantla, ubicada a 218 km de Xalapa, fue fundada en los inicios del siglo XII por un grupo totonaca proveniente del cercano Tajín, que entró en decadencia por esta época, y por otro, proveniente de las tierras altas y encabezado por Papantzin o Papan Tecutli.
En el periodo de la conquista española, ante el desplome demográfico y la congregación obligatoria de las poblaciones indígenas, no jugaría un papel trascendente. Sin embargo, en los siglos posteriores y gracias sobre todo a su estratégica ubicación, en medio de una fértil comarca con abundantes precipitaciones pluviales alcanzaría una posición de relevancia.
En la última parte del siglo XVIII se convertiría en la cabecera de su distrito. Entre los productos tropicales que se explotarían comenzaría a destacar la vainilla, producto que alcanzó su auge a mediados del siglo XIX, cuando Papantla se convirtió en el principal centro vainillero, tanto por la cantidad que ahí se beneficiaba, como por la calidad de la orquídea que se cosechaba.
Desde entonces quedaría mundialmente ligado el nombre de la ciudad al del preciado aromatizante y saborizante.
La vainilla no fue la única planta que florecería en la región; también germinaría prolíficamente la semilla de la rebelión social. Papantla se convirtió en escenario fundamental tanto de la resistencia indígena contra la política de privatización de las posesiones comunales, como de la defensa de su identidad cultural.
Como consecuencia del auge, la ciudad se pobló de grandes casonas -varias de las cuales aún subsisten- que, construidas sobre la accidentada topografía del sitio, se escalonan escenográficamente a lo largo de sus empinadas calles.
Durante el Porfiriato y en las décadas inmediatamente posteriores a la Revolución, se construyeron las casonas de altos muros blancos y de amplios techos de teja de dos aguas. La ciudad alcanzó entonces su mayor homogeneidad arquitectónica.
Desde Papantla se puede emprender un viaje hacia los pueblos totonacos de la sierra de Coxquihui.
El camino conduce desde las tierras bajas y planas del municipio de Papantla, hasta los verdes lomeríos ondulados que vienen a chocar con la sierra norte de Puebla; ahí se levantan los pueblos totonacos de Zozocolco y Coxquihui que, hasta hace poco tiempo y debido a un secular aislamiento de la costa, permanecieron mayormente integrados por caminos de herradura al estado de Puebla.
Zozocolco está situado a 70 kilómetros de Papantla. Se llega a él por la carretera hacia El Chote y luego continuando el camino rumbo a Oriente de Medio Día para llegar a la desviación que conduce finalmente a la población.
Ubicado a 220 metros de altura, es un pueblo plantado en medio de tres cerros, sobre los cuales se enseñorea el perfil de la esbelta torre de su vetusta iglesia colonial.
Aquí el paisaje está en total diálogo con las edificaciones de piedra de laja blanca labrada. Tal pareciera que aparte de las calles principales, las casas brotaran en medio de un marco de árboles frutales, de chote, jonote, espino blanco, cedro, platanales, arbustos de pimienta y diversas hierbas de uso alimenticio y medicinal.
Como ha sido observado, el auge vainillero de otras épocas dejó su testimonio en una escenografía casi señorial -al estilo de Cuetzalan, en el vecino estado de Puebla- de las muchas edificaciones que construyeron los grandes acaparadores y comerciantes.
Estas casonas, algunas de ellas de dos plantas, levantadas aprovechando la gran abundancia de lajas, terminarían abandonadas una vez pasado el tiempo de la bonanza.
El edificio más importante de Zozocolco es la iglesia de San Miguel, en cuyos orígenes está la labor evangelizadora de los misioneros franciscanos y que guarda en su interior una serie de retablos que esperan taciturnos una paciente labor de especialistas en restauración.
Como en la metrópoli regional, Papantla, en el poblado de Zozocolco también se yergue el palo hoy un tubo metálico- para los voladores; está en el centro, en una plaza de pie- dra. Cerrado por una escalinata de lajas, este espacio ritual tiene el aire de una plaza prehispánica.
Coxquihui
Coxquihui, a ocho km de Zozocolco, es también un pueblo con calles y calzadas recubiertas de laja -abundante en la región- bien cortada y colocada. De igual manera, en los muros de las casas el material predominante son las lajas.
La construcción más importante es la iglesia de San Mateo, que data de finales del XVIII; hecha de piedra sin repellar, en su arco mayor se puede leer la fecha de conclusión.
Posee un amplio atrio circundado por un muro que le da el aspecto de baluarte. Al poblado le ha tocado vivir los diferentes momentos de auge y caída de los productos agrícolas de la zona.
Cuyusquihui
Cuyusquihui está ubicado en las estribaciones de la Sierra Madre Oriental. Se piensa que fue uno de los asentamientos creados a partir del abandono de El Tajín y formado alrededor de 1250.
Para llegar a este lugar es necesario transitar en la carretera que de Papantla conduce al pueblo del Chote y después por la que se dirige al pueblo de Paso del Correo, pasando por el puente El Remolino. Son 33 kilómetros de recorrido, casi la mitad de ellos de terracería.
En este sitio arqueológico, hasta la fecha se han localizado cinco edificios mayores en torno a la plaza principal. Por los muros de contención encontrados y la altura del lugar, se cree que pudo constituir una fortificación.
Es precisamente su situación la que brinda al visitante una espléndida panorámica de las vegas que se extienden en las orillas del río Tecolutla.
La llamada Costa Esmeralda es una franja costera que se extiende desde Tecolutla hacia el sur hasta llegar a la población de Nautla. Es llamada así debido al tono verde que adquieren sus aguas marinas.
Ésta es una región marcada en su paisaje tropical por la desembocadura de ríos, esteros y pastizales con grupos de blancos cebúes pastando parsimoniosamente, y palmeras en gran abundancia.
Para los visitantes que buscan playas tranquilas, sin aglomeraciones, con instalaciones cómodas ya buen precio, es una franja costera adecuada para pasar unas vacaciones e incluso un fin de semana. Gracias a sus buenas comunicaciones carreteras, está próxima no sólo a varias ciudades veracruzanas importantes, sino accesibles a los excursionistas que llegan desde el altiplano, por las carreteras que descienden de Teziutlán o Huauchinango, Puebla.
Así, partiendo desde México, se requiere únicamente de cinco horas para hacer el recorrido, y desde Puebla en sólo tres horas se llega a las playas.
En sus hoteles, en los restaurantes y en las numerosas enramadas, sobre todo en el popular sitio conocido como "Casitas", se pueden comer camarones, huachinangos y robalos frescos, que bien condimentados pasan prácticamente "desde el mar al paladar". Sin duda la pesca es una de las actividades más apasionantes que se pueden practicar en la zona.
Esta franja del territorio veracruzano tiene la extraordinaria ventaja de que permite alternar los placeres que brindan el mar y sus frutos, con la visita a diferentes sitios arqueológicos del Golfo, entre los que destaca el propio Tajín que se encuentra a menos de 40 minutos de la zona hotelera de Costa Esmeralda.
También cercano se encuentran Filobobos con todas las posibilidades de ecoturismo y de turismo de aventura que brinda, al igual que otros sitios ubicados más al sur -en la ruta hacia Veracruz- tales como Las Higueras y Quiahuiztlan.
A diez km de Nautla se encuentra Jicaltepec, una población vinculada al origen de la colonia francesa de San Rafael. Inició su historia en 1833, cuando llegó una expedición de 80 colonos, en su mayor parte campesinos procedentes de Champlitte y Prelot en la Alta Sajonia.
La siembra de caña de azúcar sería su cultivo, pero fue la vainilla la que les permitió consolidarse como productores y comerciantes, aprovechando su acceso al mercado a través del río que los comunicaba con el mar y ultramar.
Su éxito económico no se logró de inmediato, pero con perseverancia, hacia 1870 lograrían extenderse hasta la otra orilla del río Nautla, donde se estableció San Rafael. Fue en el siglo XX, con una economía ganadera, platanera y citricultora, que alcanzaron plena prosperidad.
La influencia colonizadora es aún notoria en el estilo de construcción de los techos de las casas, sus tejas y en las lápidas del panteón.
