
Urbe divina y humana, plena de calles y habitaciones, que vivió una actividad ferviente
Foto: Héctor Arriaga /Terra

Teotihuacán era, 600 años a.C., una aldea que comenzó a elaborar objetos de piedra pedernal obtenida de la zona
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El grado de refinamiento y difusión de la cultura teotihuacana ha sido calificado como la época Clásica en la América meridional
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En cada rincón existen los restos arqueológicos de la ciudad y las innumerables piezas de fina cerámica
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Siglos después de abandonada, otros pueblos llamaron al sitio "Ciudad de los Dioses"
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Su cuadratura es expresión de una naturaleza dominada, de lo armonioso e inmutable
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Sin dejar de ser emulación de los cerros, las pirámides hacen de su silueta un sello de taludes y tableros que se repiten a manera de cantos sagrados
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Teotihuacán no sólo es una ciudad monumental, sino también un sitio donde la pintura de murales permite discurrir en el mundo de dioses
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El arte teotihuacano no se detiene en lo exterior y crea su microcosmos de vasijas y objetos ceremoniales
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Los grupos que fueron llegando a la región y establecieron nuevas ciudades retomaron el modelo teotihuacano y elaboraron una compleja mitología
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En especial destaca la figura de Ce-Acatl Topiltzin Quetzalcóatl en quien se reúnen la idea civilizadora y el culto agrícola
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El efecto de contemplar una urbe semidesierta por los toltecas y más tarde en los mexicas sugirió la idea de los cataclismos
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Para haber alcanzado el rango de ciudad mítica tuvieron que transcurrir mil años de civilización que hoy se respira entre sus amplias avenidas
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Las pirámides, a diferencia de las egipcias, son escalonadas y se dividen en cuerpos horizontales para servir de plataforma a un templo
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Los edificios de Teotihuacán crean un espacio magnífico que permite establecer vínculos olvidados entre el hombre y la naturaleza
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Urbe divina y humana, plena de calles y habitaciones, que vivió una actividad ferviente
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