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Artes Plásticas
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El Mundo Mágico de los Mayas 1965-1966
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Leonora Carrington | La pintura de Leonora Carrington descubrió los planos ocultos que reseñan el surrealismo poético de la pintura. | | |
Elvia Chaparro Sólo una persona con tanta ilusión e imaginación pudiera plasmar esas historias fantásticas como Leonora Carrington plasma en sus obras, pues la autora se nutre de la literatura de lo absurdo, lo siniestro y lo sobrenatural, fábulas y relatos épicos de los dioses nórdicos.
Leonora Carrington nace en Lancanshire, Inglaterra, en 1917. Inicia su carrera artística al integrarse al movimiento surrealista francés en 1936, al lado de Max Ernst, Paul Éluard, Joan Miró, André Breton y Man Ray.
En 1936 conoció a Max Ernst, en Londres y juntos parten a Francia donde viven dos años, participando en la efervescencia del surrealismo. La relación entre Carrington y Ernst significó un intenso intercambio estético que enriqueció a ambos.
Leonora permanece en el movimiento surrealista hasta que, debido a la persecución nazi, tiene que huir a España, donde desciende a los continentes de la locura, y de donde luego huiría a Nueva York.
A su llegada a México, en 1942, se suma a los surrealistas europeos asentados en nuestro País desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial. En 1946 se casa con Emerico (Chiki) Weisz, fotógrafo húngaro. Carrington formó parte de una migración europea sin precedentes, muchos de ellos refugiados políticos que fueron acogidos por el gobierno de Lázaro Cárdenas en la década de los cuarenta. Entre éstos había varios artistas vinculados con el movimiento surrealista, grupo que después llegó a integrar Remedios Varo – con quien la pintura estableció una estrecha amistad – Wolfgang Paalen y su esposa Alice Rahon, entre otros.
Una de las constantes temáticas de su pintura surge de su precoz imbuimiento en la mitología celta, por los relatos de su madre y su nana sobre los mitos y leyendas de ese bosque encantado que fue y es Irlanda, y de su predisposición natural a creer que dioses, demonios, sabios, patriarcas, brujos, gnomos, fantasmas y animales en constante mutación e hibridación son figuraciones de los enigmas primordiales del ser, encarnaciones del inconsciente, principio surrealista por excelencia que ella entrañará con misterio y fino humor en la cotidianeidad contemporánea que influirá en su iconografía y entroncarán reveladoramente con las simbologías del Gótico y del Renacimiento.
A estas heterogéneas referencias hay que agregar su afinidad con el “sinsentido" de ese portento de la imaginación fantástica que es Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll.
En general, la vida de Leonora Carrington se mantuvo suspendida en los hilos de la confrontación de su onírico mundo y el agudo talento que descubría en cada pincelada.
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