| | ![]() | | Probado en México: Porsche Cayenne Turbo | ![]() |
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Bestia magnífica | Porsche no sólo incursiona en un segmento tan en boga como el de los SUVs, sino que incluso eleva el concepto a un nivel impensable hace unos años y al que muy pocos fabricantes se acercarán. | | |
17/02/2003 | Gilberto Samperio/MPT Lo más obvio: la figura. El frontal es musculoso, con una fuerte y clara referencia al 911, que si no fuera por la parrilla más grande engañaría de frente. Incluso los faros parecen iguales, pero las dimensiones son otras. El costado –también musculoso- luce una cintura mediana, con un primer y cuarto postes muy caídos, que remiten al 911, pero con algunas diferencias como las enormes calaveras.
Por cierto, todos los elementos del Cayenne son grandes: los rines de 19 pulgadas, las puertas —no tan pesadas como en otros SUVs—, las parrillas y los espejos; todo en el tono de las camionetas familiares tan populares en Estados Unidos. Es claro que el mercado principal de Porsche será el de nuestros vecinos. Los detalles así lo delatan: los acabados metálicos entre las ventanillas -muy en el gusto norteamericano-, el portón con apertura de medallón, los asientos abatibles para tener un espacio de carga decente —algo “ilógico” en un Porsche—, y varios compartimentos pensados para objetos de diversas formas.
Sin embargo, los acabados en general son intachables, de nivel Premium como corresponde a un Porsche. El tablero rebosa calidad, con una pantalla al centro muy completa que no sólo sirve para el sistema de navegación, sino que también se pueden seleccionar otras funciones como el sonido, el teléfono, la computadora de viaje, etc.
Es probable que se venda así aquí, pues el volumen de ventas no justificaría un cambio en la línea de producción. Los relojes no niegan su origen Porsche; hay dos velocímetros: analógico y digital. Y el volante incluye las operaciones básicas del excelente equipo de sonido y teléfono celular para no perder de vista el camino. Y la lista del equipamiento es muy completa; casi no le falta nada.
La posición
Sentados en el asiento del conductor, las cosas son algo diferentes. La posición es alta y es posible ajustar el asiento según nuestra complexión; sólo se extraña un mejor soporte a la altura de los hombros, un detalle muy apreciado en el 911 o el Boxster.
Todos los controles quedan a la mano y el dominio del coche toma un poco de tiempo, y es que ocurre algo curioso: todo nos dice que es un Porsche, pero la altura con respecto al piso y el volumen detrás de nosotros no termina de convencernos. Es más, cuando se empieza a manejar se percibe diferente. Como probador uno se acostumbra mentalmente a dimensionar el coche por su tamaño y el Cayenne tiene el de un SUV compacto, pero sus maneras son muy distintas. No es desconfianza, pero demanda un poco de tiempo habituarse para sentirlo y exigirle más.
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Pero ya dominado, el Cayenne nos sorprende por muchas cosas. Su manejo es muy preciso gracias a una dirección casi intuitiva. Basta apuntar la mirada hacia donde queramos ir y el coche traza justo ahí. Si el giro es muy cerrado, se presenta un subviraje inducido más por el peso que por la geometría de la suspensión, y es que en la báscula, el Cayenne pesó 2,570 kg, unos 140 arriba del dato oficial. A pesar de ello, el último ejemplar de Stuttgart luce una capacidad de giro más que notable.
En curvas de montaña pueden mantenerse ritmos más propios para un deportivo compacto que de un SUV. Si las cosas se complican, el PSM (Porsche Stability Management, equivalente al ESP) controla las cosas hasta donde la física lo permita.
Incluso está programado para actuar un poco tarde, lo que confiere un sabor único si se conduce al límite, pues nos permite “sentir” si estamos a punto de hacer un trompo o de que la parte trasera se descoloque mucho. Si nuestra reacción es lenta, el PSM actúa. Pero si no nos interesa tanta supervisión podemos desconectarlo y llevar el Cayenne ligeramente cruzado en curvas rápidas.
Una delicia para los amantes de la pista y los autos deportivos en serio. Sobra decir que las autopistas son un territorio dominado por el Cayenne.
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Curiosamente, el Cayenne también es un todoterreno competente. Gracias a su reductora, bloqueo de diferenciales central y trasero, combinados con la suspensión neumática, se logran buenos rendimientos en rutas de mediana dificultad.
Sólo los neumáticos de serie y los rines tan grandes afectan la adherencia y capacidad. Pero bastaría un cambio de ruedas para conseguir un mejor comportamiento “off-road”.
Una maravilla mecánica si atendemos a todos los extras que incorpora el último Porsche. Sólo un punto negativo: se aprecian muchos ruidos de la suspensión al practicar “off-road”, algo que debería superarse dado el prestigio de la casa.
El veredicto
Toda una caja de sorpresas resulta el Cayenne, pues ofrece mucho más de lo que pudiera esperarse de un SUV de lujo: una carrocería que permite viajar con la familia y equipaje o remolque, sin olvidarse de las posibilidades dinámicas de un verdadero deportivo. Si a ello le sumamos una capacidad de movilidad todoterreno muy competente, tenemos una combinación única y muy atractiva.
Sólo el precio parece elevado, pero si combinamos todas las ventajas es prácticamente tres coches en uno: el deportivo de papá, la camioneta de mamá y el todoterreno para ir al campo o para remolcar los caballos el fin de semana.
Sin duda alguna, Porsche no sólo eleva el concepto de SUV a nuevos niveles, sino que redefine una categoría ya iniciada por BMW con su X5 —carece de reductora, lo que limita sus aptitudes 4x4—, seguida por el volvo XC90 y probablemente continuada por Audi con el aterrizado proyecto que inspire el concepto Pikes Peak.
Salvo estas excepciones, no hay otro SUV que se le acerque siquiera un poco al Porsche Cayenne, mucho menos si consideramos esta vertiente Turbo.
Nos gusta...
...el motor V8 biturbo.
...el comportamiento dinámico.
...la suspensión neumática.
...la línea, tan Porsche.
...el equipamiento.
Nos gustaría...
...un precio más razonable.
...un consumo de combustible más contenido.
...un pedal de freno menos duro.
...una transmisión que mantenga la relación.
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