Estados Unidos y Europa fueron esta semana incapaces de encontrar soluciones a la crisis de la deuda, añadiendo inquietud a las señales preocupantes sobre el crecimiento chino y las advertencias lanzadas por las agencias calificadoras.
En la zona euro, la enésima cumbre franco-alemana celebrada el jueves en la ciudad francesa de Estrasburgo, a la que fue invitado el nuevo primer ministro italiano Mario Monti, no sirvió para que la canciller Angela Merkel se plegara a las presiones de Nicolas Sarkozy sobre el papel del Banco Central Europeo en la crisis de la deuda.
El presidente francés anunció que en nombre de la independencia del BCE, los Estados se abstendrán de pedirle nada. Este compromiso pírrico permite que sea el consejo de gobernadores, no obstante reticente, el que decida si interviene comprando masivamente deuda de países bajo presión para reducir sus intereses.
De la misma manera, la canciller alemana reiteró su oposición a los eurobonos, que permitirían compartir los riesgos de la deuda en Europa. La única decisión tomada por París y Berlín es la revisión de los tratados europeos, para reforzar la disciplina fiscal, una exigencia alemana que suscita escepticismo y desconfianza en muchos países de la Unión.
Pero Europa no es la única que sufre dificultades. En Estados Unidos, la 'supercomisión' de demócratas y republicanos del Congreso fue incapaz de alcanzar un acuerdo para reducir la deuda.
La deuda pública de Estados Unidos, que superó recientemente los 15 billones de dólares, aún no es una gran inquietud para los mercados, pero será uno de los grandes temas de la presidencial de 2012.
En agosto, la agencia Standard and Poor's retiró a Estados Unidos su máxima calificación crediticia (AAA), causando una tempestad bursátil. Otra agencia, Fitch, se pronunciará este mes sobre las consecuencias del fracaso de la 'supercomisión', y la tercera gran agencia calificadora, Moody's, confirmó su triple A, aunque no descarta rebajarla en el futuro.
La incertidumbre política ante la crisis ha dejado el terreno libre a las agencias calificadoras, que lanzaron numerosas advertencias.
Esta semana, Fitch rebajó a la categoría de bono basura la calificación de Portugal, uno de los tres países de la Eurozona que necesitó un rescate de la UE y el Fondo Monetario Internacional para seguir financiando su deuda y no suspender pagos.
Moody's rebajó también a la categoría especulativa la deuda de Hungría, país que ha cedido al acoso de los mercados financieros pidiendo de nuevo ayuda al FMI y a la UE.
Fitch llamó a Japón a adoptar rápidamente reformas para reducir su deuda de más del 200% de su PIB, y al unísono con Moody's, advirtió a Francia que podría quitarle su triple A si se agrava la crisis de la deuda en la Eurozona.
Los inversores parecen poner sus esperanzas en los países emergentes, que tampoco están a salvo de dificultades. La actividad manufacturera de China, segunda economía del mundo, sufrió en noviembre su mayor caída desde marzo de 2009, reavivando las inquietudes sobre el crecimiento mundial.
Los ministros de Economía y presidentes de bancos centrales del bloque sudamericano Unasur se reunían este viernes en Buenos Aires para hablar de cómo protegerse de una crisis europea que amenaza con reducir el crecimiento en China, comprador clave de sus materias primas.
En vísperas de la reunión ministerial, la secretaria general de Unasur, la colombiana María Emma Mejía, dijo que los ministros adoptarán medidas destinadas a 'salvaguardar las reservas monetarias, que alcanzan los 600.000 millones de dólares; fortalecer el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) para que sea más robusto en caso de emergencia, y aumentar el intercambio en monedas locales, como ya lo hacen Brasil y Argentina'.
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