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Los mayores, un capital humano | Los gobiernos deberían de invertir en una mayor esperanza de vida para los ancianos. | | |
| ¿Temes llegar a la vejez? | | | | | |
Matías Loewy Una manera de interpretar el valor económico de invertir en una mayor esperanza de vida y en una mejor calidad de vida de la población, es considerar ambas expresiones del estado de la salud estrictamente como características del capital humano. Dentro del marco de la teoría del crecimiento endógeno, la inversión en salud equivale a inversión en capital humano –visto éste como la capacidad de la persona de ser económicamente productiva– y que constituye un factor determinante del crecimiento económico de largo plazo. El mecanismo de transmisión esperado va de una nutrición adecuada a la salud; de la salud a la calidad y longevidad del capital humano; y del capital humano al crecimiento económico y al desarrollo social; trayendo como consecuencia la reducción de la pobreza y de las desigualdades.
El período de vida es concebido, por lo tanto, como un período de acumulación de capital físico, financiero y humano, a lo largo del cual se realizan transferencias intergeneracionales en uno y otro sentido: de los más jóvenes a los adultos mayores, y de los adultos mayores a los jóvenes. La composición de estas transferencias varía según el grupo de edad del que se hable. Si bien el adulto mayor ve reducida su capacidad de contribuir con recursos monetarios –función que es asumida principalmente por los jóvenes–, las transferencias hacia los jóvenes consisten en activos financieros (por ejemplo ahorros y herencias) y en capital humano (conocimientos adquiridos, experiencias, habilidades, etc.), y ambos elementos contribuyen a la creación continua de capital humano, lo cual justificaría la inversión en el mismo.
Este nuevo perfil demográfico y epidemiológico que plantea el fenómeno del envejecimiento genera una nueva demanda para la sociedad, tanto de recursos monetarios (presupuesto nacional y economía de los hogares), como humanos (especialistas en servicios geriátricos, por ejemplo).
Según explicó Claudia Pescetto, economista experta en salud y desarrollo económico de la Organización Panamericana de la Salud, frente a esta realidad, el invertir en promover un envejecimiento saludable así como la preservación de la funcionalidad y de la autonomía del mayor en la sociedad se hacen prioritarios para evitar mayores costos futuros. La estrategia debería ser integral y tener en cuenta los diversos aspectos humanos como seguridad económica, participación social, educación, acceso a servicios de salud de calidad. El beneficio económico, por lo tanto, debería ser mayor en la medida en que abarque más aspectos de la vida humana.
En el caso de los sectores más pobres, se esperaría que el Estado participe a través de intervenciones, sobre todo en aquellos países –que son mayoría en la región– donde no existen sistemas de protección social desarrollados y en los que el cuidado y la manutención del adulto mayor recaen exclusivamente en el núcleo familiar.
Para Pescetto, frente a ambos argumentos y frente a la escasez de recursos, la decisión de invertir en una mejor calidad de vida del adulto mayor, saludable o enfermo, en los últimos años de vida, donde el aporte como agente económico se reduce a su mínima expresión, tiende a alejarse del argumento económico y a encontrar sustento en el campo de la ética y la justicia social.
Reproducido de Perspectivas de Salud, la revista de la Organización Panamericana de la Salud, publicada en inglés y español
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