| | ![]() | | Fin de una frustración de 86 años | ![]() |
| |

Tuvieron que pasar 86 años para que Boston volviera a saborear las mieles de un campeonato
AP © Derechos Reservados | | | |
El festejo de un campeón | Todo parecía igual a cualquier otra celebración de octubre, sólo que ahora los uniformes pertenecían a los Medias Rojas de Boston. | | |
![]() | | | | La Tentación de Octubre aquí | |  | | | ![]() | | |
28/10/2004 | AP.-SAN LUIS.- Doug Mientkiewicz tenía el último out en su guante y sus compañeros de equipo corrieron fuera de la caseta y saltaban por los aires.
Cuando ellos se apilaban unos sobre otros en la línea de la primera base, todo parecía igual a cualquier otra celebración de octubre en el beisbol, excepto por una cosa: los uniformes decían Boston.
Ningún equipo de los Medias Rojas desde la temporada de 1918 había festejado de esta manera.
Incluso antes de que el colombiano Edgar Rentería conectara su rola al taponero de los Medias Rojas, Keith Foulke, para el último out, la mayoría de los peloteros de los Medias Rojas estaban recargados en la baranda de la caseta.
Mientkiewicz saltó y corrió hacia el plato. Foulke saltó a los brazos de su receptor, Jason Varitek. El dominicano Manny Ramírez corrió al montículo para colocarse su nueva gorra de campeón de la Serie Mundial, mientras un asistente del equipo recogía sus gorras usadas durante el partido para la posteridad.
La gran cantidad de peloteros que se abrazaban, festejaban y felicitaban era tan espesa a lo largo de la línea de la primera base, que el paracorto colombiano Orlando Cabrera, que tenía menos de tres meses con los Medias Rojas, tuvo que dar un salto a toda velocidad para caer encima del cúmulo de peloteros. Las cámaras los rodeaban.
Durante dos días, era difícil identificar a los fanáticos de los Medias Rojas en San Luis, pues tanto los locales como los visitantes vestían totalmente de rojo.
Sin embargo, cuando los aficionados de San Luis se marcharon del partido, los fanáticos de Boston se congregaron detrás de la caseta de los visitantes para entonar el obligatorio pero actualmente irrelevante grito contra los Yanquis de Nueva York.
El festejo comenzó cuando Derek Lowe salió del partido después de siete entradas en las que espació tres imparables, y sus compañeros lo felicitaron.
En la octava entrada, cuando Gabe Kapler corrió de emergente por Trot Nixon en la segunda base, intercambiaron saludos de mano que hicieron pensar que se trataba de un saludo que hubieran ensayado durante 86 años.
Se terminó, e incluso la gente de Boston lo sabía.
Ahora celebrarán en el Fenway y afuera del estadio, y festejarán la victoria Berkshires, en toda Nueva Inglaterra y en dondequiera donde los fanáticos de los Medias Rojas se reúnan.
El hombre que llevó una gorra de los Medias Rojas hasta la cima del Monte Everest, con la esperanza de que su plegaria sería escuchada y liberaría al equipo de una larga historia de decepciones, parece que finalmente les rindió frutos.
Antes del partido, se le preguntó al piloto Terry Francora que le gustaría conservar más del partido si aseguraban su primera Serie Mundial en 86 años: si su tarjeta de orden al bate, o quizás algo de su oficina provisional en el estadio Busch.
"El objeto que más disfrutaré más es simplemente poder ver a los chicos saltar y apilarse. Eso será suficiente para mí", dijo Francona. | | |
|
| | | ![]() | | | Otros Artículos | ![]() |
| | ![]() | |
| Galería | ![]() |
|