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 Las posadas, una tradición prehispánica
28 de noviembre de 2008 00:00

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Piñata

Las posadas, una mezcla de lo pagano con lo religioso, que en México se celebran desde la época prehispánica y ahora se llevan a cabo del 16 al 24 de diciembre, tienen un vínculo muy estrecho con las piñatas, los nacimientos y las pastorelas.

Según diversos historiadores, los antiguos mexicanos celebraban
en la época invernal el advenimiento de Huitzilopochtli, dios de la Guerra, y se efectuaba en el mes llamado Panquetzaliztli,
correspondiente en el calendario juliano al lapso que va del 7 al 26 de diciembre, temporada que coincidía con la práctica europea de celebrar la Navidad.

Probablemente fueron religiosos agustinos quienes promocionaron
la sustitución de los personajes en estas festividades en su tarea de evangelización, desapareciendo a Huitzilopochtli del culto.

Pero mantuvieron la celebración durante la misma época, con
características diferentes y siguiendo la tradición cristiana.

Los religiosos encargados de la evangelización representaron en
las posadas el peregrinar de José y María a su salida de Nazareth, en camino a Belén y, posteriormente el nacimiento de Jesús.

Esta representación se conforma de nueve posadas, que se inician
el 16 de diciembre, y todo consiste en solicitar alojamiento en ese simbólico camino a Belén hasta el día 24, fecha del nacimiento de Jesús.

Uno de los lugares donde se establecieron los agustinos fue el
pequeño pueblo de San Agustín Acolman, situado a unos 40 kilómetros al noroeste de la Ciudad de México, en el camino a Teotihuacán.

En este lugar se originó la práctica de las posadas, cuando en
1587 fray Diego de Soria obtuvo del Papa Sixto V una bula (permiso)en la que autorizaba que en la entonces Nueva España se celebraran en los atrios de las iglesias unas misas llamadas de aguinaldo, del 16 al 24 de diciembre. Entre estas misas se intercalaban pasajes y escenas de la Navidad.

Como atractivo, a la celebración se le agregaban luces de bengala, cohetes, piñatas y villancicos, cantos populares que se ejecutaban en diferentes festejos, entre ellos la Navidad.

En el siglo XVIII, Carlos III prohibió estos cantos. Aun cuando
a su muerte se volvieron a poner en práctica, ya habían perdido
arraigo en la población.

Así pues, las posadas no fueron en sus inicios como ahora se
conocen.

Continúa 'Una tradición que sigue viva'

Las misas de aguinaldo en los atrios de las iglesias pasaron a
formar parte del ritual familiar y del barrio en el siglo XVIII, y aun cuando en las iglesias no desaparecieron del todo, en las casas adquirieron mayor popularidad.

Esta transición, del templo al pueblo, se dio con el interés de
que más gente tuviera acceso y participara en estas celebraciones, y es como se ha ido transformando de acuerdo con sus posibilidades y a sus propias características culturales.

Fue el censo de población ordenado por César Augusto lo que
obligó a José y a María a trasladarse de Nazareth a Belén, en donde Jesús nacería, y dado que en las posadas se rememora este hecho, se incorporó la costumbre de pasear a los santos peregrinos.

En México, Gerónimo de Mendieta refiere que San Juan de Béjar
fue quien más contribuyó a difundirla, aunque también se arraigó
debido a que monjas concepcionistas enviaban a los distintos
conventos, en visita solemne, a los santos peregrinos, costumbre que llegó a generalizarse entre las familias de la Nueva España.

A las posadas se fueron agregando diversos elementos, ofrecer a
los individuos alimentos que variaban dependiendo de cada región; el baile, incluido ya en tiempos de la Colonia (1521-1821), y la petición de aguinaldo encargada a grupos de niños y jóvenes.

Con estos elementos llegaban las posadas al siglo XX,
despojadas, en buena medida, de la religiosidad que inicialmente les había dado vida.

En la actualidad permanecen como una manifestación pagana, al
decir de algunos, llenas de elementos que surgieron de las
aportaciones del pueblo, que en cada lugar adquirió sus
peculiaridades para hacer una expresión propia. La organización varía de acuerdo con el lugar en que se realiza.

Una tradición casi totalmente olvidada es la de la "Corona de
adviento", portada por jovencitas, confeccionada con flores y ramas entre las cuales se insertan cuatro velas, tres de color morado, que simbolizan los domingos de penitencia de adviento, y una blanca, que representa el triunfo de la esperanza con la llegada del Mesías.

Para muchos investigadores, las posadas fueron utilizadas por
los misioneros para poder explicar a los naturales los nueve meses de embarazo de María, ya que resultaba un tanto cuanto difícil hacerles entender que había sido por obra y gracia del Espíritu Santo.

En varias poblaciones de México las posadas se celebran en las
calles, las cuales previamente se adornan con hilos de heno y
faroles.

Continúa 'Una tradición que debe seguir'

En otras se sustituyen los tradicionales peregrinos de barro por
elementos vivos, causando mayor emotividad entre los asistentes.

Lo más importante de las posadas tradicionales es que reúnen al
barrio o la comunidad, ya que, por el hecho de ser repartido cada día entre una familia o un grupo de familias, entran en competencia amigable y sobre todo en un mayor esplendor de alegría navideña.

"Las posadas, inexorablemente, pierden su finalidad, han sido
mistificadas y es que mucho de lo que fuimos, de lo que aún somos, lo hemos perdido y lo estamos dejando que se nos escape", han coincidido en señalar diversos historiadores.

Asimismo, han comentado que "influencias extrañas, perniciosas a
nuestra manera de ser, de obrar y de pensar, han llegado con nefandas innovaciones para adulterarlo todo, para contaminar nuestras costumbres, lo nuestro, lo auténtico y en este caso nuestras posadas".

Ahora, las más de las veces se han convertido en bulliciosos
bailes sin el recorrido de los peregrinos por la casa o el patio de vecindad.

Enmudecieron las guijolas, ya no arden las multicolores velitas,
ni se encienden las luces de bengala, ni los faroles. El abundante licor suple al tradicional ponche de granada, tamarindo, jamaica, caña, tejocote, entre otros.

Y es que todo cambia, todo es continua mutación de costumbres,
ideas y tradiciones, pero no existe templo, parroquia o capilla por pequeña que sea, que durante el periodo del 16 de diciembre al 6 de enero, que no levante un nacimiento.

En algunas ocasiones se hace con verdaderas joyas escultóricas o
figuras de barro y se celebran las posadas con cantos religiosos,
guijolas, panderos y triángulos, para dar mayor alegría en los
asistentes.