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Exhiben la locura en Torres de Mixcoac

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La Castañeda
Escenas de la locura
INAH © Derechos Reservados
 
 
Revelan escenas de La Castañeda
 
como parte de los festejos por el aniversario trigésimo quinto de esta unidad habitacional se presenta la muestra fotográfica Imágenes de la locura, el manicomio La Castañeda 1910-1968 en la sala de usos múltiples del lugar.
 
 
 
Exponen vestidos de 'Las dos Fridas' aquí Exponen vestidos de 'Las dos Fridas'
 
 
Terra.-–Señor, ¿qué lleva en la carreta?– preguntaban, rejas adentro, los internos del Manicomio General La Castañeda.
–¡Estiércol para mis fresas!– contestaba el campesino que acarreaba el abono en una carreta.
–¡Voooy, nosotros estamos locos pero sí tenemos crema para las fresas!– le respondían, entre carcajadas, los internos.<7i>

Ese era uno de los tantos chistes que los internos del emblemático sitio de reclusión para enfermos mentales contaban a los infantes que durante muchos años hallaban el enorme lugar donde se estableció el psiquiátrico como el sitio ideal para “irse de pinta”. Justo como Idalia Villarreal, que a los seis años de edad tomaba el tranvía con sus hermanos de 9 y 10 años desde el primer cuadro de la ciudad de México alrededor de 1935 para viajar hacia Mixcoac y penetrar las rejas, para descubrir paseos llenos de árboles, el gran edificio trazado por el propio hijo de Porfirio Díaz, los pabellones donde dormían los internos e incluso una pequeña alberca y un río con cascada.

La mayoría de los locos deambulaban por esos sitios, libres, donde podían sostener conversaciones con los curiosos como estos niños o simplemente interactuar con ellos. Incluso, recuerda la señora Villarreal, había uno que sólo repetía: “¡blrp, blrp, blrp, no estoy loco!” y un muchacho con cráneo con forma de piloncillo que había sido atracción en diversos circos.

“¿Quién iba a decir que iba a acabar mis días en La Castañeda?”, se pregunta la mujer, vecina de la Unidad Torres de Mixcoac, cuyos edificios se construyeron encima de los terrenos de aquel sitio de reclusión que adquirió muy mala fama por su maltrato a los internos. Y justo como parte de los festejos por el aniversario trigésimo quinto de esta unidad habitacional se presenta la muestra fotográfica Imágenes de la locura, el manicomio La Castañeda 1910-1968 en la sala de usos múltiples del lugar.

Las 36 imágenes de la exposición pertenecen al acervo de la Fototeca Nacional del INAH, ubicada en Pachuca, Hidalgo, y fueron seleccionadas por Andrés Ríos Molina, candidato a doctor en historia por el Colegio de México, en el curso de su investigación de cuatro años en el citado archivo.

El monumental Manicomio General, recuerda Ríos, fue una de las últimas construcciones impulsadas por el presidente Porfirio Díaz para celebrar el centenario de la Independencia de México e iniciar la psiquiatría moderna en el país como instrumento para “extirpar a todos aquellos elementos patógenos que degeneraban la raza”.

La construcción, trazada por el ingeniero Porfirio Díaz hijo, inició trasladando a los internos del resto de los sanatorios de la ciudad, que fueron cerrados: 418 mujeres y 366 hombres. Al realizar la selección, a Ríos Molina le interesaba mostrar la monumentalidad arquitectónica de La Castañeda, que fue concebida como un verdadero “Palacio de la Locura”, como se le conoció en aquellos días del porfiriato, que pese a haber caído en una crisis terrible, en sus orígenes fue la mejor institución psiquiátrica del hemisferio, construida con todos los lineamientos internacionales en materia de salud mental.

“Por otra parte, nos interesaba mostrar la paradoja: no hubo una rigurosa planeación sobre cómo iba a funcionar, razón por la que cayó en una crisis multifacética: hacinamiento, epidemias, insalubridad, atropellos de los derechos de los internos. El eje era señalar la oposición entre las grandes obras de ingeniería realizadas por el gobierno mexicano frente a las condiciones de vida infrahumanas en las que suelen vivir quienes hacen uso de ellas... fenómeno que no es privativo del porfiriato y está vigente”.

Los internos, que podían ser recluidos por los más diversos padecimientos, por realizar crímenes, por sufrir ataques epilépticos, tener síndromes genéticos o incluso por alcoholismo, vivían en los galerones que tenían cuarenta camas metálicas por piso, en colchonetas sucias y rasgadas, sábanas y cobijas hechas trizas, portando batas que algún día fueron blancas, con zapatos roídos y calcetines andrajosos, recuerda la doctora Josefina Mendoza Ríos.

La especialista en psiquiatría y psicoanálisis, docente de la Universidad Anáhuac y vecina de Torres Mixcoac, realizó su servicio social en 1963 en La Castañeda, donde presenció cómo los pacientes eran rapados para intentar evitar los piojos, eran bañados colectivamente y a manguerazos por los enfermeros, pues no había ni jabón. Y desayunaban café o leche y un pan. No había tratamientos modernos como tranquilizantes, antidepresivos ni calmantes, simplemente se les ataba a una camisa de fuerza cuando sufrían ataques epilépticos o se les encerraba.

La muestra, que busca traer a la memoria los orígenes de la ciencia psiquiátrica en México, ofrecerá otro montaje el 8 de mayo en el Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez en la plazoleta del acceso principal, con motivo de su 40 aniversario, en el que se reunirán 20 fotografías que exponen más a los pacientes que la parte arquitectónica y permiten adentrarse a la vida cotidiana que allí se tenía, de manera que todos los pacientes que ingresan a consulta, junto con sus familiares, las podrán observar.
 
 
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Últimos comentarios
Mario Rojano domingo, 08 de noviembre de 2009
Andr?s, Mi mam? se llama Elena Lara y tiene 2 hermanas: Margarita y Concepci?n. Mi mam? me dice que s? conoci? a tu abuelita, Mi mam? trabaj? en la Direcci?n General. Un abrazo a tu abuelita.
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andres ivan herrera sábado, 31 de octubre de 2009
hola yo tengo la gran dicha de tener a mi abuela q trabajo en el manicomio y las historias son hermosas como las cuenta ella el nombre de mi abuela es amalia de honor y tabajo en el pabellon de agitadas y vivimos en avenida centenario y nos gustaria le dieran mas difucion a estas historias
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Gabriel Pérez Salas viernes, 11 de abril de 2008
Muy interesante la historia de la castañeda, me gustaria conseguir algun libro que narre toda la historia de este manicomio. mi Madre (qepd) me platicaba que mi abuelo trabajaba en ese lugar de jardinero y que la llevaba a ella muy pequeñita.
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