Visión de largo plazo

Tabla Óscar Vera Agosto

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En su reciente viaje por Asia, el presidente Felipe Calderón volvió a plantear un escenario muy optimista para el futuro de México a mediano y largo plazos. En Shangai, afirmó que “México será para el año 2040 la quinta o incluso la cuarta economía más grande del mundo, después de China, EUA e India”.

Ya en X/06, como presidente electo, promovió una serie de foros denominados “México 2030” y en V/07 dio a conocer su “Visión 2030”. Al poner en marcha los foros, el presidente Calderón subrayó que “México podría estar dentro de las 10 economías más grandes del mundo” para 2030.

El objetivo explícito de tales ejercicios prospectivos fue “convocar a la sociedad mexicana al diseño del proyecto de país que quisiéramos tener a mediano y largo plazo”.

Por ello cabría preguntarse no sólo si éste es un escenario realista o mera retórica gubernamental pero, sobre todo, si se están tomando las acciones necesarias para arribar a ese futuro.


Construyendo una visión de largo plazo

Es evidente que tener una visión o un consenso social del país a largo plazo debería ser un objetivo de la sociedad mexicana. Más aún, cuando la tradición durante varios decenios fue la de tratar de reinventar el país cada seis años, con los pobres resultados que todos conocemos.

Sin embargo, existe gran cantidad de obstáculos para lograr ese objetivo en nuestro país. Estos obstáculos son de la más variada índole: económicos, políticos, sociales, culturales, entre otros. En un país en donde los “políticos” ocupan los últimos lugares de confianza o credibilidad como lo señalan numerosas encuestas, una convocatoria como la del presidente Calderón tiene muy pocas posibilidades de éxito si sólo se finca en un evento político o en un pronunciamiento presidencial.

Para ir construyendo paulatinamente un consenso social para una visión de largo plazo se requieren al menos dos elementos: claridad y consistencia en los objetivos y las políticas gubernamentales de corto y mediano plazos.

En otras palabras, los primeros responsables de la construcción de esa visión son los gobernantes en turno a través de sus políticas y acciones cotidianas.


¿Qué se ha hecho?

La última “reforma estructural” realizada en México fue la creación del sistema de pensiones de las Afores en 1997. Desde entonces, varios intentos de hacer una reforma fiscal de fondo han fracasado, al igual que la apertura del sector energético a la inversión privada o la modernización de la legislación laboral, entre otras.

Las razones han sido claramente políticas, aunque incluso en las iniciativas de reforma tampoco se ha apreciado ninguna visión de mediano o largo plazos. En realidad, han seguido prevaleciendo consideraciones de muy corto plazo, tanto políticas como económicas.

Uno de los logros aparentes de este sexenio, a diferencia del anterior, ha sido negociar cambios en el sistema de pensiones del ISSSTE y en el sistema fiscal con la creación del IETU; adicionalmente, es posible que se logren algunos cambios con relación a PEMEX.

Por ello se dice que, aunque parciales e insuficientes, estos cambios son preferibles a otros seis años de estancamiento. No obstante, en los tres casos es claro que la razón fundamental ha sido de carácter fiscal más que la de comenzar a resolver los problemas de largo plazo.

El régimen de pensiones del ISSSTE se modificó porque estaba al borde del colapso financiero, pero con numerosas concesiones a los trabajadores sindicalizados. Por su parte, la creación del IETU no tuvo otro propósito que aumentar la presión fiscal sobre los causantes cautivos y la “reforma” a PEMEX es también para evitar su colapso inmediato pero sin afectar los grandes intereses creados.

Lo anterior no sólo se ha debido a que el entorno político es “muy complicado”, sino también a la visión cortoplacista del gobierno actual como se ha apreciado en medidas como las de subsidiar el consumo de gasolina y diesel o congelar precios de artículos básicos en aras de mantener cierta popularidad de cara a las elecciones de 2009.


Lo qué habría que hacer

Para lograr el objetivo planteado en los discursos presidenciales habría que comenzar por un ingrediente esencial: una educación y capacitación de excelencia de los mexicanos. No hay duda que el siglo XXI es el siglo del conocimiento y la tecnología y ningún país será exitoso si no desarrolla estos campos.

Sin embargo, vemos que en este campo también han sido más importantes las consideraciones político-electorales inmediatas que el futuro de los mexicanos. Es ampliamente reconocido que el principal obstáculo a la modernización educativa del país es el Sindicato de Trabajadores de la Educación (SNTE) y su red de privilegios y canonjías, las cuales permanecen intocables.

El futuro se construye hoy con las políticas y decisiones de corto plazo orientadas hacia los objetivos de mediano y largo plazos. Esto significa que ante los problemas de corto plazo, las decisiones siempre deberán privilegiar el objetivo de largo plazo, aún a costa de incurrir en costos económicos o políticos inmediatos. Mientras esto no ocurra, seguiremos escuchando bonitos discursos y rezagándonos más y más en el contexto internacional.

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