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Un hombre llamado Narciso Mendoza: el niño artillero
Mauricio César Ramírez Sánchez

Narciso Mendoza

En la batalla del 19 de febrero de 1812, previa al sitio de Cuautla, la participación de un niño inclinó la balanza del triunfo a favor de los insurgentes
 

Memoria 20/10

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En 1916 un escritor escudado en el seudónimo de Antimaco Sax lanzó una terrible acusación contra el ejército federal: dijo que a su juicio resultaban absurdas tantas derrotas durante el huertismo, unas tras otras. Es más, que tampoco entendía por qué a pesar de ello habían sido premiadas "las derrotas de Téllez en Nuevo León y Rasgado en San Luis Potosí, con las gubernaturas civiles y los mandos militares en Guaymas y Mazatlán".


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Mauricio César Ramírez Sánchez


Hay algo que distingue a las revoluciones y a todo movimiento armado: las hazañas de algunos individuos, gracias a las cuales salió de un aprieto el bando en que militaban o se logró un resultado que parecía imposible. Estos hechos se tornan míticos, pues en ellos se mezclan sucesos reales e imaginarios.

Algunas veces llegan a tener un alcance nacional, pero la mayor parte corresponde a una historia regional. Enrique Florescano observa que: "los mitos aceptados por quienes creyeron en ellos, al oírlos por primera vez, los conservaron en su memoria y los transmitieron a sus descendientes, quienes a su vez los heredaron a las siguientes generaciones".

En la historia de México abundan estos relatos, que enriquecen y distinguen a cada localidad del país. Así, al visitar la ciudad de Cuautla lo primero que se percibe es la huella que dejara el movimiento zapatista durante la revolución, pero al recorrerla sus calles y casas nos hablan de los acontecimientos que ocurrieron durante la lucha de independencia.

Ejemplo de ello es la placa que se colocó en la plaza para informar al paseante que sólo la campana del Palacio Municipal se salvó de ser fundida por las fuerzas de José María Morelos, cuyo propósito era fabricar balas para repeler los embates de las tropas de la corona.

Cabe recordar que en esta ciudad tuvo lugar un enfrentamiento militar de gran envergadura: Félix María Calleja, quien había derrotado al movimiento que encabezó el cura Miguel Hidalgo, se encontraba al mando de las fuerzas realistas; por el lado insurgente José María Morelos había logrado imponer disciplina entre sus tropas y formar así un ejército organizado. Este enfrentamiento, al que se ha llamado "el sitio de Cuautla", ha merecido la atención de la mayoría de los investigadores interesados en la lucha de independencia y en particular en la figura de Morelos.

En la batalla del 19 de febrero de 1812, previa al sitio de Cuautla, la participación de un niño inclinó la balanza del triunfo a favor de los insurgentes. Antes del encuentro Morelos había establecido trincheras alrededor de todo Cuautla, y Félix María Calleja estaba confiado en que la superioridad de sus fuerzas y su mejor armamento le permitirían tomar la ciudad con relativa facilidad y hacer prisioneros a los jefes insurgentes que allí se encontraban. Calleja inició su ataque al amanecer; consideró que podría entrar a la ciudad pasando por las fortificaciones de San Diego (por el convento y la iglesia), cuya protección se encontraba a cargo de Hermenegildo Galeana.

En la trinchera de El Encanto, que se encontraba desprotegida, las fuerzas realistas vieron la oportunidad de penetrar a la plaza. Sin embargo la historia, o el mito, refieren que un niño de 12 años llamado Narciso Mendoza disparó un cañón que se encontraba en la trinchera para contener a las fuerzas realistas que avanzaban hacia la plaza.

Con ello evitó la entrada del ejército a la ciudad de Cuautla y además puso sobre aviso a los insurgentes para que acudieran a proteger la trinchera. Aunque con distintas variantes, todas las fuentes se refieren a la acción que llevó a cabo Narciso Mendoza, pero ninguna de ellas lo menciona como "El niño artillero", como se le conoce en Cuautla, por lo que se puede suponer que el mote fue producto del imaginario colectivo. Así se ha llamado a la estatua erigida en su honor. La importancia de tal acontecimiento radica en que gracias a él se evitó que los insurgentes fueran derrotados. Dicha acción heroica la recuerda el corrido que dedicó Raúl Solís Martínez a la batalla del 19 de febrero de 1812, en uno de cuyos fragmentos dice:

Así salvó heroico Narciso
De retaguardia un ataque
A la patriótica hueste.


Contribuyendo al épico triunfo

Ahora bien, quien conoce un mito suele preguntar qué tanto tiene de real. En 1979 Jorge Gurría Lacroix trató de dar respuesta a esta cuestión; su fuente de mayor peso fue una carta que localizó en el Archivo General de la Nación fechada el 10 de agosto de 1864. En ella Narciso Mendoza se dirige a Juan N. Almonte para recordarle su participación en la lucha de independencia y solicitarle su apoyo para salir de los apuros económicos en que se encontraba.

Actualmente no puede ponerse en duda la existencia de este personaje, y para confirmarla resulta conveniente atender a lo que él mismo dice: "recordará V.E. que cuando fuimos atacados en Cuautla de Amilpas (sic), hoy ciudad de Morelos, por el señor Callejas, yo fui quien disparó el cañonazo que valió en gran parte para salir del apuro en que nos encontrábamos".

Llama la atención que aunque reconoció que él detonó el cañonazo mediante el cual las fuerzas insurgentes acudieron a la trinchera para repeler el avance de los realistas, no mencionó la edad que tenía entonces; sin embargo por esas fechas Almonte tenía alrededor de 13 años y algunas fuentes establecen que Mendoza sólo contaba con 12. De igual manera en la carta referida Mendoza se presenta como uno de sus subalternos. Por tanto, era parte de la compañía que se encontraba bajo el mando de Almonte y que estaba integrada por menores de edad.

De ello puede inferirse que quienes formaban el contingente eran los huérfanos de la lucha armada. Tal vez por eso ninguna de las fuentes, ni la carta del mismo Mendoza, hagan referencia a los padres de éste. Si tal información no fue registrada, menos lo fue una descripción del personaje, por lo que resultan cuestionables las imágenes que de él se han publicado.

Tal vez la más antigua sea la que apareció en la obra de Demetrio Mejía, Entre el amor y la patria, de 1889. Allí se ve a la tropa realista avanzando a caballo por una calle de la ciudad. En primer plano aparece la trinchera, con un cañón al centro y al lado Narciso Mendoza con la tea encendida. Éste viste de manta, va descalzo y levanta la mano derecha, posiblemente vociferando para que vayan en su auxilio. En imágenes posteriores se le aumentó un sombrero de palma, pero se siguió conservando la misma vestimenta. Para los lugareños ésas eran las características de "El niño artillero", a las que debe sumarse que era moreno, como buen hijo del estado de Morelos, y de rasgos toscos.

Puede ser que Narciso Mendoza no fuera así; sin embargo en esa forma se le recuerda en Cuautla y en la historia.

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