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Etapa 35: Jujuy - Cafayate

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Hemos girado 180° y atravesaremos 3 provincias antes de llegar por donde pasará el Dakar.
 
 
23/01/2009 | Emilio Scotto y Mónica Pino
No tengo ni remota idea de que haré cuando llegue. No conozco a nadie y eso complicará que pueda acercarme a ellos. Sé que están corriendo el rally de sus vidas, y que no quieren que nadie les diga ni buenas tardes. Pero, los NO ya los tengo; veamos como los convertimos en SI.

Son ya las 2 de la tarde. Con el Tiguan a 25 km/h atravesamos lentamente una población extremadamente tranquila, unas calles extremadamente sin carros, unos almacenes extremadamente cerrados, una plaza central extremadamente sin gente, y unos perros que no ladran ni que uno los patee. Ya del otro lado retomamos la ruta y acelero. Pero, a los pocos kilómetros vemos, en la distancia, algo llamativo. Primero es humo. Luego son siluetas de gente. Al llegar, es una parrilla llena de carne asada que parece pedir a gritos “cómanme”. Freno el Tiguan casi sobre los incandescentes carbones. El sabroso olor de la carne dorada y jugosa se mete por el radiador…digo…fosas nasales. Dan ganas de chuparse hasta el aire. El habitáculo del Tiguan huele a bife de chorizo, costillas, chorizos, entraña, mollejas, morcilla, pollo asado y chimichurri. Una brazo invisible me agarra de la nariz y me obliga a bajar del auto. Voy a hacer solo unas fotos, pienso. Entonces, cuando levanto la cámara hacia la parrilla, se acerca un gaucho con dos platos llenos de carne y nos da uno a Mónica y otro a mí. La primera reacción es agradecer y explicar que solo tomaremos unas fotos, pero no parece estar dispuesto a dejarnos ir sin que comamos.

-Es gratis -me dice. –Coman y tomen todo lo que quieran.
Gratis, pienso. ¡Je! En este planeta no hay nada gratis. Nada. Y mucho menos un tremendo asado con varios tipos de carnes y achuras, vino, cerveza, papas y ensaladas, y no sé cuantas cosas mas que veo en una larguísima mesa montada al costado del camino.
-¿Que quiere decir con gratis? –pregunto.
-Que nadie paga nada. Todos los que quieran parar y comer con nosotros no pagan. En realidad nosotros tampoco pagamos.
-A ver si lo entiendo. Cualquiera que pare aquí puede comer y tomar hasta que se harte, luego eructar, dar las gracias, si quiere, e irse.
-Sí.

Mi mirada lo dice todo, así que el cocinero me explica.
-¿Ve aquel hombre que esta allá de sombrero? Se llama Renato. Él es el que paga todo esto.
-Ah, el alcalde del pueblo buscando votos.
-No, el alcalde está allá sentado, también comiendo gratis. Renato es un camionero, nada mas ni nada menos que un simple camionero. Todos los 8 de enero, él viene a este lugar y le da de comer a todos los que pasan y quieran pararse.
-¿Y el paga todo? -pregunto- ¿Por que?
-Hace 6 años, siendo chofer de camión para una compañía, tuvo un accidente. Manejaba un camión tanque, cargado de gasolina, cuando se desbarrancó por un abismo. Mientras iba cayendo le rogó al Gauchito Gil que lo salve, y le hizo la promesa de que si lo dejaba vivir, todos los 8 de enero, día del aniversario del Gauchito Gil, le daría de comer asado a toda la gente que pare en la ruta. Durante todo el día. Todos los 8 de enero. Como puede ver, el Gauchito Gil lo salvó, así que, acá estamos, comiendo. Gratis. Y usted también.
Me acerco a Renato, y le pido que me cuente.

-Cuando caía por el precipicio con el camión, supe que iba a morir. Entonces le pedí al cielo, al gauchito, a la virgen y a Jesús, y cuando llegué abajo no tenía ni un rasguño. Ahora tengo mi propio camión, y estoy muy agradecido. Nada más. ¿Le sirvo otra tira de asado?

La historia del Guachito Gil
Había un gaucho de las pampas que asaltaba y robaba. Robaba comida a los ricos, y la repartía entre los pobres. También le daba a los policías pobres, pero estos tenían que perseguirlo, por orden de los políticos y los ricos que les pagaban. Nunca podían agarrarlo, porque la gente lo quería y lo escondía. Lo perseguían por el monte y por la pampa, pero no sabían quien era. Entonces vino el ejercito, lo emboscaron y lo mataron, un 8 de enero. Ahora es un santo, de todos.

El Cajón de Aguas
Fundada en 1640, Cafayate tiene una población de 12.000 habitantes, y parece tener, alrededor de la Plaza de Armas, 12.000 restaurantes. Su nombre significa “Cajón de Aguas”. La región es famosa por sus viñedos, y unos vinos que son famosos en todo el mundo, especialmente el torrontés.

De uno de los restaurantes nos gritan ¡Mejicanos! ¡Bienvenidos! Y ahí paramos el Tiguan, que, demás está decir, cada vez anda mejor y mejor. Parece que los kilómetros le sientan bien.
 
 
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