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Gaby de la Riva
R.Herrera © Derechos Reservados | | | |
La Custa de Febrero | El pasado fin de año escuché muchos comentarios relacionados con la cuesta de enero, pero uno en especial me llamó la atención: “En enero, van a ser muchos los que le lustren los zapatos a Don Pedro…” | | |
Feb/09 | Gaby de la Riva
Resulta que antes de presentarse con el perito valuador en el Montepío, buena parte de los pignorantes se acercan a la estatua de bronce de la entrada, erigida en homenaje a su fundador don Pedro Romero de Terreros, a lustrarle los zapatos para que les haga la buena y reciban a cambio de sus bienes una generosa suma de dinero en efectivo, con la que empezar bien el año.
Otros prefirieron ponerse calzones amarillos, sembrar un árbol de mandarinas a la entrada de su casa, barrer la puerta el primer día de enero, o llevar a cabo una lista de recetas mágicas.
Todo con tal de garantizar que el año empiece sin contratiempos, y con menos dificultades que en otras ocasiones.
¿Por qué año tras año hacemos uso de talismanes, oraciones, limpias y remedios, que sólo cumplen con ofrecernos una esperanza temporal para aliviar la angustia de no haber previsto los gastos, y la cruda moral de no contar con lo esencial para hacer frente a las primeras deudas del año?
Pues porque no aprendemos; porque somos latinos; porque nos gana el impulso de comprar regalos para la familia y los amigos en Navidad; porque nos encanta hacer la mejor posada, impresionar al compadre, estrenar algo en año nuevo, adornar la casa; cocinar el pavo más grande, preparar el bacalao más rico, comprar la mejor botella de champaña para despedir al Año Viejo.
Todo esto, claro, a costa de nuestra firma en las tarjetas de crédito, del aguinaldo, de algún dinero prestado, o de la hipoteca de una parte de nuestro sueldo del año entrante.
Y llegado el dos de enero (porque el uno, todavía estamos con las burbujas, la torta de bacalao, los restos de la borrachera, y la celebración en la mente), cuando nos aprestamos a regresar al trabajo, a la realidad, a cubrir los pagos de la colegiatura, la luz (con la cuenta al doble, luego de tanta posada y reuniones), la renta, el gas y… ¡se viene Reyes!
La víspera de Reyes, es una de las fechas en las que los Montes de Piedad reciben más visitas de mexicanos en el año.
2009
Para este 2009, los organismos, las instituciones y los expertos que saben del asunto, vaticinan que la cuesta de principio de año lucirá más empinada que en años anteriores. Van a ser muchos los paisanos que no puedan regresar al otro lado, también los que no supieron resistirse a la compra a plazos, los que gastaron más de lo que tenían, los que perdieron el trabajo, y los que se enfrenten con que no tienen lo suficiente para pagar las cuentas, ni comprar lo necesario para el mes.
Para millones de mexicanos, enfrentar el despertar cruel de enero no va a estar fácil y corre el riesgo de prolongarse hasta febrero. Seguramente se incrementará el índice de depresión, tan característico de la fecha.
Sabiduría popular
Algunas de las recomendaciones que los propios consumidores han mencionado en diferentes sesiones de grupo y entrevistas antropológicas, al ser consultados sobre los paliativos más efectivos para superar la decaída de ánimo y la angustia que tantos experimentan en estos días.
1. Cuidar especialmente la salud. No hay bolsillo que aguante enfermarse en esta temporada.
2. Hacer ejercicio. El salir a caminar, realizar las labores de la casa con energía, correr al parque más cercano, resulta una catarsis práctica y barata. Endorfinas gratis.
3. Hablar. El compartir con amigos y cercanos lo que se está pasando, ayuda a desahogarse. Y sale más económico que acudir al psiquiatra.
4. Rezar. Meditar, pedirle a Dios, o simplemente buscar el equilibrio a través del yoga, o de un momento de reflexión, es algo que consuela y apoya.
5. Ponerse a trabajar. (aún si no se cuenta con un trabajo formal). Hacerlo actúa como la solución más inteligente. Recuerdo a la esposa de un albañil sin trabajo, que decidió hacer tacos y salir a venderlos en una canasta: no sólo recuperó la autoestima, sino que se convirtió en la proveedora preferida de varias obras.
Es la voz del pueblo. Y como decía mi abuela: entonces la voz de Dios.
No estaría mal que las agencias de publicidad y las marcas, retomaran algunas de estas recomendaciones para acompañar y atenuar el sufrimiento de sus consumidores, y ofrecerles, de paso, ideas para una salida.
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