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Etapa 42. Purmamarca – Atacama

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La geografía me recuerda mi viaje por Tibet, del otro lado de los montes Himalayas, en Asia.
 
 
 
Etapa 42. Purmamarca, Argentina – San Pedro de Ata aquí Etapa 42. Purmamarca, Argentina – San Pedro de Ata
 
 
06/02/2009 | Emilio Scotto y Mónica Pino
Jujuy es la provincia argentina que limita con Bolivia y Chile al norte y oeste respectivamente. La diferencian cuatro zonas bien marcadas: la Quebrada de Humahuaca, la Puna, las Yungas y los Valles. Atravesando el Trópico de Capricornio comenzamos a subir la Cordillera de los Andes hacia la Quebrada de Humahuaca primero y la Puna más tarde. El Tiguan tira hacia arriba y entra en cada curva como si conociese el árido territorio. La geografía me recuerda mi viaje por Tibet, del otro lado de los montes Himalayas, en Asia. La ruta es la RN 52, muy buena por cierto.

Los argentinos de esta región expresan su adoración por la Pachamama o Madre Tierra, sin duda la mas popular de las creencias que ancestralmente ocuparon estas tierras y que aún sobrevive con mucha fuerza. Y lo comprendo. Esta zona del mundo juega con el anacronismo de ser tan dura como hermosa. Embellece los sentidos al mismo tiempo que aprieta el alma.

En algunos puntos la neblina nos corta toda posibilidad de ver mas allá de un metro.

SOBRE UN CIELO DE SAL
Im-pre-sio-nan-te. Pasamos las Sierras de Incahuasi, el Cerro Pircas de Pucas, la Quebrada Mal Pago y llegamos al Salar de Caucharí, junto a la Salina Olaraz. Por unos minutos nos quedamos petrificados ante tanta magnificencia de la naturaleza. El salar alcanza hasta el horizonte. Ha llovido, así que una capa de 15 centímetros de agua cubre toda la superficie. Los paneles de sal, debajo, cual rombos formados por un gigante que quería jugar, parecen firmes. La atracción de entrar y recorrerlo es como la de correr el DAKAR. Uno tiene que ir caminando delante, pisando fuerte por si se rompe, y así lo hacemos. Nos zambullimos en un cielo de sal. Poco a poco nos internamos hacia la eternidad. Juraría que son ángeles los que caminan sobre el agua. Fantasmas del Olimpo blanco. La tierra es de cristal. El Tiguan viajó todo un continente y ahora toca el paraíso. El aire es de sal. El agua es de sal. El sol, el cielo, las nubes, son de sal. El polvo blanco se pega a la piel de las piernas, las manos, las ruedas. Unos hombres trabajan todos los días en el centro del infierno blanco, comiendo sal, bebiendo sal, mirando sal, respirando sal.

Son Sadúes de la India, Imanes árabes, discípulos religiosos de la sal.

La luna en el mar riela,
En las olas gime el viento,
Y alza en blanco movimiento,
Olas de plata y azul.
Bajel pirata que llaman,
Por su bravura el temido,
En todo mar conocido
Del uno al otro confín

Llegamos a Susques, una antigua población establecida en el siglo XVI. Aquí realizamos el tramite migratorio y aduanero para ingresar a Chile, aunque para el país vecino faltan todavía 125 kilómetros de territorio argentino. Esta es la ultima localidad para reabastecernos de combustible. Una vez que crucemos la frontera de Chile tendremos otros 170 km de desolación hasta encontrarnos con la primera población chilena, San Pedro de Atacama. Más de 300 km donde no encontraremos nada. Absolutamente nada.

La fila es de unas 20 personas, casi todos camioneros argentinos y chilenos. Los gendarmes nos tratan muy bien, aunque estamos expuestos al viento, el polvo y el calor del altiplano. Como la palabra lo dice, estamos muy alto, a mas de 4,000 metros sobre el nivel del mar y una mujer joven, extranjera, que está delante de mí cae al suelo. Le falta el aire. Enseguida le dan oxígeno, pero le cuesta mucho recuperarse. La altura castiga la cabeza, el estómago, los músculos.

En dos horas estamos libres. Entramos a Chile. La altura se siente muy duro. A medida que avanzamos y subimos, la temperatura desciende.

La desolación es tan grande que cualquier persona que se cruce caminando, cualquier animal, cualquier rancho de adobe, haría historia. Pero no hay nada. Sólo el silencio, la neblina misteriosa que nos envuelve y arrulla para dormirnos, y la cordillera imponente, tragándonos. El día comienza a extinguirse. Las luces del Tiguan alumbran hasta más allá. Buscan el camino. Nos sentimos confiados. En estas cuatro ruedas podemos confiar nuestras vidas.

Tenemos que llegar a San Pedro de Atacama. Tenemos que llegar.

Seguimos en el Tiguan, volando hacia el cielo…
 
 
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