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| ![]() | | | | | ![]() | | Etapa 59: El Salvador - Tapachula | ![]() |
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| Por fin llegamos a México por Ciudad Hidalgo. Comienza la recta final. | | |
14/02/2009 | Santiago Calcagno / G. S. DATOS DEL TRAMO:
Pilotos: Gilberto Samperio y Santiago Calcagno
Al volante: Santiago Calcagno
Punto de inicio: Hotel Florencia, San Miguel, El Salvador
Punto de arribo: Hotel San Francisco, Tapachula, México
Distancia total: 623km (dato registrado por el GPS)
Tiempo transcurrido: 10:55 horas (dato registrado por el GPS)
Velocidad media total: 57km/h (dato registrado por el GPS)
Altura sobre el nivel medio del mar: 200 hasta 789 m.s.n.m.m. y arribo a 172 m.s.n.m.m. (dato registrado por el GPS)
EL DÍA DEL CARIÑO
Sábado, salimos muy temprano del hotel en San Miguel con la misión de llegar a Tapachula en Chiapas antes de que oscurezca. Delante de nosotros tenemos casi toda la extensión de El Salvador y seguimos con nuestra idea de viajar lo más cerca de la costa del Pacífico. La Carretera Panamericana o CA1, compañera frecuente, nos llevará hasta la capital salvadoreña y allí le diremos adiós porque ya no volveremos a rodar por ella en este viaje. Si queremos la vía corta deberemos tomar un atajo a la Hachadura, el cruce fronterizo entre El Salvador y Guatemala.
Poco a poco la carretera se empieza a tornar sinuosa y divertida para disfrutar la Tiguan. Pongo palanaca de cambios en Triptronic y me dedico a saborear curvas. Esta SUV es realmente algo especial. Ha viajado hasta el fin del mundo en la Patagonia y ahora viene de vuelta a México sin quejarse en lo más mínimo. Más aún, la Tiguan tira como si estuviera nueva pese a que ya marca más de 34 mil kilómetros en el odómetro. Las estaciones de radio no dejan de hablar de día de San Valentín, que por acá le dicen “Día del Cariño y la Amistad”. Es un día especial y para nosotros será un largo día que esperamos nos de la alegría de volver a pisar suelo mexicano. Por lo pronto, yo sigo divirtiéndome en la accidentada topografía salvadoreña.
EL ATAJO A LA HACHADURA
Mientras nos acercamos a San Salvador la carretera va ganando importancia y acaba por convertirse en una súper autopista. No queremos perder tiempo cruzando la zona urbana, por lo que buscamos algo parecido a un libramiento pero la señalización no es muy clara y dudamos. El Salvador puede ser un país pequeño, pero está lleno de carreteras y lugares con nombres mayas y españoles. Después de rodear la ciudad por el norte (y pasar por el Autódromo El Jabalí) entroncamos con la CA8 hacia Sonsonate, a 53km de allí. En ese punto tomaremos la CA12 que va hacia la costa y entronca con la CA2 que lleva a la frontera. No está mal, porque así evitamos pasar por Ciudad de Guatemala y nos dicen que el cruce por La Hachadura tiene buenas instalaciones y es bastante transitado. Las buenas carreteras nos permiten atravesar El Salvador en poco tiempo y ya nos estamos despidiendo sin contratiempos del pequeño país centroamericano del que tanto nos habían advertido.
GUATEMALA SIN ESCALAS... POR SI LAS DUDAS
Son las diez y media y la Tiguan llega a otra frontera más. Es la penúltima de su largo viaje. Del lado salvadoreño se llama como el poblado que la precede La Hachadura, pero del lado guatemalteco se como el cruce como Pedro de Alvarado. Salir es siempre fácil y entrar no resultó tan complicado gracias a un tramitador guatemalteco bastante eficiente y nada insidioso, que sabía bien qué hacer y dónde. Se nota que estamos en zona maya, ya se percibe un cierto aire familiar al que estamos acostumbrados en México. Hay más curvitas adelante y me sigo divirtiendo con la Tiguan, pero aquí hay que cuidarse de los conductores locales que son totalmente impredecibles.
CIUDAD DE PERROS
La carretera nos deposita en Escuintla, la tercer ciudad en importancia del país y capital del departamento epónimo. Su nombre viene de Itzicuintlan, que significa tierra de perros. Resultó que hace honor a su nombre, porque los tipos manejan como desesperados. Hasta las señoras al volante muestran una agresividad y determinación por pasar primero que asusta. Sobra decir que nos tocó un tráfico brutal en el que perdimos valiosos minutos. Estábamos más o menos a la mitad de camino de nuestra meta en una verdadera ciudad de perros al volante.
LA CAPITAL DEL MUNDO
El camino nos lleva a Mazatenango y justo después a Retalhuléu, la capital de la provincia, aunque los retaltecos le dicen la Capital del Mundo. La extraña palabra es de origen quiché y significa “hoyo en la tierra”. Fue más o menos por aquí que comenzaron a parecer los letreros que decían FRONTERA MEXICO. Ya estábamos cerca, a unos 70km, pero todavía faltaban varios tramos en obra que resultaban bastante engorrosos porque teníamos prisa por llegar al punto de cruce en Tecún Umán. Allí cruzaríamos el puente internacional sobre el Río Suchiate hasta Cd. Hidalgo, que está justo enfrente de su similar guatemalteca.
Eran las tres de la tarde y llevábamos buen tiempo. Yo ya tenía listo el GPS MIO 520 con la última actualización del mapa de México para el momento en que llegáramos a cruzar la frontera. Hasta que eso sucediera, y en el resto de Centroamérica, la pantalla únicamente mostraba un fondo en banco, sin mapa. Pero ahora en México, el MIO 520 estaba entrando a su territorio. Para las 15:40hrs ya estábamos dejando atrás Coatepeque y tan solo restaban 35km hasta la frontera.
¡MÉXICO A LA VISTA!
La Tiguan ya recorre las calles de Tecún Umán. Es un pequeño laberinto de casas precarias sin señalizaciones, pero sabemos que en alguna parte está la calle que nos saca al puente internacional. Son las 16:15hrs cuando llegamos a la aduana guatemalteca. No hay mucho papeleo que hacer, se hace el trámite y seguimos adelante. Vuelta a la derecha y de pronto se abre un gran claro. Es el Río Suchiate que separa Guatemala de Chiapas y eso que está enfrente es… ¡¡¡México!!!
Seguimos por la calle que se convierte en puente y nos detenemos justo debajo del letrero que dice BIENVENIDOS A MEXICO. Es el momento que Gilberto y yo esperamos todos estos días y al igual que todo el equipo detrás de este ambicioso proyecto de llevar una VW Tiguan de México a la Patagonia y de regreso. Somos tan solo el último relevo, pero nuestra responsabilidad era concretar y poner el último eslabón de una cadena de esfuerzos acumulados por parte de todo un equipo de pilotos que supieron sortear todo tipo de caminos y riesgos con la SUV de VW.
DE CIUDAD HIDALGO A TAPACHULA
16:40hrs, la Tiguan acaba de ser fumigada y la estacionamos enfrente de la oficina del Instituto Nacional de Migración en Cd. Hidalgo, Chiapas. Un par de sellos y momentos después estamos rodando en carreteras mexicanas para recorrer 40km hacia el norte hasta Tapachula. Se siente un evidente aire muy familiar de regreso a casa, es increíble. Pero también se perciben otros detalles, como que las instalaciones fronterizas son más modernas que lo que veníamos viendo en días pasados, o que la PFP tiene camiones con brazos articulados que escanean los vehículos que pasan y no es necesario bajar a los ocupantes. Bueno, hasta el MIO 520 nos sirve ahora para navegar por el país. De pronto dar explicaciones acerca de nuestro recorrido se ha vuelto muy fácil. La carretera es dividida y tiene algunas partes en obra, pero se avanza de maravilla con una Tiguan que parecería estar contenta de haber vuelto.
Entramos a Tapachula mientras comienza a caer la tarde. Vamos a la avenida principal buscando un lugar para cenar. Aún es San Valentín y hay mucha gente en las calles y plazas comerciales. La Tiguan sigue llamando la atención como siempre, pero ahora ya no nos gritan tanto como antes.
Encontramos un buen hotel en el que yo ya me había hospedado antes y que ofrece estacionamiento cerrado. Esta noche descansamos sin la preocupación de cruces fronterizos con su interminable papeleo, ni de tener que cuidarse de forajidos que acechan en las carreteras o de tramitadores y cambistas que acechan en las fronteras. Nada de eso contaba ahora que estábamos en casa. Pero no debíamos cantar victoria tan pronto, aún faltaban 1,200km hasta la Ciudad de México para terminar el recorrido. México es a fin de cuentas más grande que toda Centroamérica.
Al día siguiente cedí las llaves a Gilberto para que se diera el gusto de manejar de Tapachula al DF de un tirón. Había traído la camioneta hasta suelo mexicano y mi misión como último relevo estaba cumplida. Ya no volví a sentarme al volante de la Tiguan y de ella ahora me queda tan solo el recuerdo. Me queda también la sensación de manejo y algo que creo mucho más significativo: el vínculo que se puede generar entre uno y un vehículo cuando se viaja por tierras lejanas. Es también la confianza de que ninguna de las dos partes va a claudicar por ardua que sea la empresa y que al final de la historia ambos llegaremos a nuestro destino cansados y satisfechos por igual.
Ese es el recuerdo que me llevo de la VW Tiguan.
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