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Desde mis miedos y corajes

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Gabriela de la Riva
Gabriela de la Riva
R.Herrera © Derechos Reservados
 
 
Desde mis miedos y corajes
 
¿Saben qué? Creo que no debemos ser tan conformistas. ¿Cual suerte? ¡!! Nadie tiene derecho a propiciarnos sustos y desvelos. A robarnos, a violarnos o a quitarnos la vida o las cosas que queremos.
 
 
Mayo/2009 | Gaby de la Riva

Después de participar en “Iluminemos México”, unirme a la consternación y el coraje que generan tantos hechos infames padecidos en carne propia por familias cercanas o desconocidas de nuestro querido y atribulado México, quise –de alguna manera– participar más activamente con mi entorno social.

Para empezar, y buscar estar mejor protegida, me prometí acercarme, conocer y hablar con mis vecinos. Nunca lo hice. Como siempre, lo dejé para más tarde: surgía un trabajo urgente, el tiempo se interponía con sus sorpresas inesperadas, compromisos y deberes… En fin, pretextos todos.

Hoy sucedió. Hoy violaron mi intimidad, mis recuerdos y mis rincones, unos desgraciados que osaron entrar a mi casa y faltar al respeto a mis ángeles, a las fotos de mi abuela y de mis padres, a los juguetes de mis nietos; y a la buena energía grabada por los amigos y la familia en comidas inolvidables, tertulias divertidas, cafecitos tibios o tequilas compartidos.

Esta semana, unos delincuentes infames robaron e intentaron mancillar con sus inmundas manos –y peores intenciones–, entre otras cosas, los símbolos con que la tía más querida me premió cuando cumplí 10 años; mi marido me pidió que me casara con él, o mis hijos me hicieron sentir la mamá más orgullosa un 10 de mayo.

Me atrevo ahora con ustedes a realizar un recuento de los daños bajo la emoción y la rabia.

Creí que si no habían matado a Diana, que regresaba como siempre alegre de la universidad y cuando los encontró la golpearon salvajemente… era una suerte. Que si no le abrieron la puerta a mi hermana cuando llegó a buscar la olla para el arroz, era para dar gracias.

No al conformismo

¿Saben qué? Creo que no debemos ser tan conformistas. ¿Cual suerte? ¡!! Nadie tiene derecho a propiciarnos sustos y desvelos. A robarnos, a violarnos o a quitarnos la vida o las cosas que queremos.

No importa si la adquirimos de nuestro trabajo, si las heredamos o cayeron del cielo. No importa si soy vieja o más joven, menos educada, más afortunada o merecedora o no de alguna bendición.

¡¡QUÉ DIABLOS!! Cada uno de nosotros tiene una vida, con sus propios matices, desórdenes, ajustes, querencias y necesidades. Tenemos derecho a guardarla y a usarla como se nos dé la gana: nadie tiene derecho a entrar en nuestros espacios sin nuestra autorización; ¿Por qué permitir que se violenten los silencios de nuestra tranquilidad?

Por un momento me robaron lo más valioso: mi paz y mi libertad. Me llenaron de miedo e incertidumbre, me pusieron detrás de muchos barrotes.

Hoy entendí perfectamente a miles de hombres y mujeres decentes y valientes que ya están actuando. Juntos formaron un ejército invisible que, armado con artefactos sofisticados unos y con palos otros, pero iluminados todos con valores que piensan heredarles a sus hijos, están ya operando práctica y efectivamente para liberar a México.

Cuando se enteraron de lo que me pasó, inmediatamente aparecieron. Ya conozco a mis vecinos, ya me enteré de varios comités de vigilancia de mi barrio, ya tengo acceso a teléfonos, asesores, herramientas y sobre todo a muchos amigos. Les aseguro que hoy soy más fuerte.

Hoy, quiero invitarlos a que defendamos juntos nuestros derechos más sencillos. A que conversen con sus vecinos (no es broma, sirve de mucho, no lo dejen como yo para después), a que tomen más precauciones porque esto nos va a hacer más fuertes y seguros.

Creo en la bondad y en la paz, pero también en el valor para exigir respeto; y aunque suene muy trillado, creo firmemente en el poder de los ciudadanos; sin embargo, no hay que olvidar que está en nosotros el deber de ejercerlo. (Perdón por usar este espacio para sacar mis fantasmas y mis rabias).
 
 
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