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| INDEPENDENCIA MEXICANA EN TEXAS |
Una historia poco conocida, pero interesante e importante para comprender los alcances y las particularidades del movimiento insurgente |
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Paraje donde está situado el presidio y misiones de San Antonio, donde empieza la provincia de Texas, 1730. AGN
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Martín González de la Vara
Una historia poco conocida, pero interesante e importante para comprender los alcances y las particularidades del movimiento insurgente en los territorios del noreste novohispano, es la que presenta el autor, enfocándose en el caso particular de la provincia de Texas.
Durante la primera etapa de la lucha independentista mexicana, Texas jugó un papel fundamental que llevó a varios de los líderes insurgentes –entre ellos a Miguel Hidalgo y Costilla– a tratar de formar una base rebelde en esa provincia porque ofrecía muchas ventajas estratégicas para su movimiento. En las siguientes etapas de la lucha de independencia la importancia de Texas disminuyó, pero la normalidad de la vida institucional nunca retornó a esa provincia. En ella se desencadenó una serie de movimientos políticos y sociales ligados directa o indirectamente a la lucha armada que, aun cuando no tuvieron gran repercusión fuera de Texas, prefiguraron de alguna manera la historia texana y la del norte de México en la primera mitad del siglo. Este ensayo describe una historia poco conocida en nuestro país pero que tuvo un fuerte impacto en el movimiento de independencia, y busca integrarla a la historia de México para comprender mejor ambas.
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Hacia 1810 Texas era una de las provincias más extensas, menos pobladas y más amenazadas del Imperio español en América. Apenas contaba con 4 500 habitantes no indígenas, dedicados principalmente a la agricultura y la ganadería, agrupados en cuatro pequeñas regiones alrededor de los asentamientos de Nacogdoches, Trinidad, Goliad y San Antonio de Béjar, comunicadas por sólo dos caminos y protegidas por un par de compañías presidiales con menos de trescientos efectivos en total. La base económica de la provincia era débil pese a la abundancia de recursos naturales. La agricultura en las zonas cercanas a las poblaciones y la caza de venados, bisontes, nutrias, castores y, especialmente, animales mesteños, eran las actividades más importantes, pero la falta de mercados hacía que sus productos se destinaran mayoritariamente al autoconsumo y en muy pequeñas cantidades al comercio con los llamados “indios bárbaros”.
Desde su fundación, Texas fue una provincia destinada a servir de protección a los amplios territorios del norte novohispano contra las amenazas francesa, inglesa y posteriormente estadounidense. Pese al continuo interés en poblarla y protegerla, Texas mantuvo una población muy pequeña en su enorme territorio. En 1793 el virrey conde de Revillagigedo informaba que:
En todos sus vecindarios apenas podrá contarse con el número de poco más de 3 000 almas distribuidas en la mencionada villa capital, en el presidio de San Antonio de Béjar reunido a ella, en la Bahía del Espíritu Santo, en la errante población de Nuestra Señora del Pilar de Bucareli y en algunos ranchos y misiones…
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