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| Un político porfiriano en la Revolución |
Quizá no sea éste el genio que a México le hace falta, ni el héroe, ni el gran político desinteresado, pero no usurpa su título: sabe ser el Primer Jefe |
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Venustiano Carranza recibe homenaje, GerardoMurillo “Dr. Atl”, s.a., pintura al pastel.Museo Casa Carranza, Conaculta, INAH.
Memoria 2010 © Derechos Reservados |
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| El Plan de San Luis | | | En su temprana autobiografía Francisco I. Madero escribió: “(…) estoy resuelto a luchar con toda energía defendiendo la causa del pueblo, lo cual me pondrá en condiciones de ser actor principal de muchos acontecimientos”. De esa manera inició un intenso y rápido proceso de politización que lo llevaría del idealismo electoral a la realidad de las armas | | | ver más |
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Luis Barrón
Sé bien que este personaje no es de los que se dejan sondear. Hombre acostumbrado a la política de un país donde el disimulo resulta una de las mejores virtudes; no es fácil conocer su pensamiento verdadero. Baste decir que cuando Venustiano, cuando recibe una visita, lo primero que hace instintivamente es colocar un sillón de espaldas a la ventana. Así queda en la penumbra y su cuerpo no es más que una silueta negra. Él, en cambio puede examinar a su gusto el rostro del visitante. Además si algo le atrae su atención poderosamente, mira por encima de sus anteojos azulados.
Vicente Blasco Ibáñez.
Quizá no sea éste el genio que a México le hace falta, ni el héroe, ni el gran político desinteresado, pero cuando menos no usurpa su título: sabe ser el Primer Jefe.
Martín Luis Guzmán
Comúnmente nuestra historiografía presenta la figura de Venustiano Carranza con dos perfiles distintos: uno, el del gran estadista, constitucionalista y defensor de la soberanía, creado por sus partidarios en la lucha y la propaganda del Estado posrevolucionario; otro, el del político ambicioso, conservador empedernido y restauracionista, que idearon sus opositores políticos, sus enemigos militares y quienes siempre han visto en él al vencedor de Villa y asesino de Zapata.
Por ejemplo, Isidro Fabela, destacadísimo político y diplomático, y uno de los más cercanos colaboradores de Carranza, lo describió así:
Físicamente, don Venustiano Carranza era corpulento y vigoroso, ancho de espaldas, fuerte del tórax, venerable la cabeza, de rostro blanco y barbudo (...) Carranza reunía en su persona moral e intelectual eminentes cualidades: era honrado (...) Era lo que se llama un hombre de juicio; de una inteligencia sagaz, aunque no vivaz, que le hacía ver las cosas, las circunstancias y los hombres con nitidez. Sus apreciaciones eran siempre serenas, ecuánimes y bien intencionadas.
En cambio, Emiliano Zapata decía, en uno de sus muchos manifiestos, que Carranza era arbitrario y de “personalidad mezquina”. Para los zapatistas, según cuenta John Womack en su clásico Zapata y la Revolución mexicana, Carranza era:
(un) senador de los congresos porfirianos, viejo corpulento e imperioso, de tez coloradota, anteojos oscuros y barbas a la Boulanger, montado en su caballo como si estuviese en un sillón (y) políticamente obsoleto.
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