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Septiembre 2009

Versiones del grito de dolores y algo más
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Versiones del grito de dolores
Hay diversas versiones del grito o arenga de Hidalgo al amanecer del 16 de septiembre de 1810
 
Versiones del grito de dolores y algo más

Para mayor información consultar el Tomo 5 de la colección 20/10 Memorias de la Revolución en México, disponible al público
Memoria 2010 © Derechos Reservados
Autores
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Adolfo de la Huerta, revolucionario sonorense, presidente interino, secretario de Hacienda y dirigente de una rebelión que llevó su nombre, fue también un destacado maestro de canto durante su exilio de los años 1928 a 1934. En Los Ángeles tuvo en la enseñanza del bel canto su modo de vida en su casa-estudio al lado de su esposa Clarita Oriol
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Carlos Herrejón Peredo
Hay diversas versiones del grito o arenga de Hidalgo al amanecer del 16 de septiembre de 1810, así como proclamas posteriores que influyeron en algunas de aquellas versiones. El artículo emprende un análisis crítico de todo ello y aborda el discutido punto de si Hidalgo buscaba la independencia absoluta o el autonomismo.


Me propongo hacer relación cronológica y análisis de diversas versiones de la arenga que Miguel Hidalgo hizo en Dolores el 16 de septiembre. Para ello parto de una distinción y de dos hipótesis. La distinción es que a raíz de esa fecha empezaron a circular proclamas anónimas manuscritas, al igual que las muchedumbres de insurrectos lanzaban gritos como consignas, vivas y reclamos, escribiéndose algunas de estas exclamaciones en banderas; tales proclamas anónimas y expresiones no fueron la arenga original de Hidalgo. Las hipótesis son las siguientes: la primera, que la mayoría de las versiones de esa arenga, conocida luego por Grito de Hidalgo, fueron posteriores tanto a las primeras proclamas insurgentes anónimas que circularon manuscritas como a las aclamaciones y frases que repetían los primeros insurrectos; la segunda, que la mayoría de esas versiones asumieron elementos de tales proclamas, aclamaciones y frases.

Una de las primeras proclamas, tal vez del 19 de septiembre, yendo los insurrectos de San Miguel el Grande a Celaya, empieza con estas palabras:

El día 16 de septiembre de 1810 verificamos los criollos en el pueblo de Dolores y villa de San Miguel el Grande, la memorable y gloriosa acción de dar principio a nuestra santa libertad, poniendo presos a los gachupines quienes para mantener su dominio y que siguiéramos en la ignominiosa esclavitud que hemos sufrido por trescientos años, habían determinado entregar este reino cristiano al hereje rey de Inglaterra, con que perdíamos nuestra santa fe católica, perdíamos a nuestro legítimo rey don Fernando Séptimo, y que estábamos en peor y más dura esclavitud.


Prosigue la proclama anónima aclarando que los prisioneros son bien tratados y que en San Miguel no se ha apresado a ningún sacerdote gachupín. Y concluye así:

Nuestra causa es santísima, y por eso estamos todos prontos a dar nuestras vidas. ¡Viva nuestra santa fe católica, viva nuestro amado soberano el señor don Fernando Séptimo, y vivan nuestros derechos, que Dios (y) la naturaleza nos han dado! Pidamos a su Majestad Divina la victoria de nuestras armas, y cooperemos a la buena causa con nuestras personas, con nuestros arbitrios y con nuestros influjos, para que el Dios omnipotente sea alabado en estos dominios, y ¡Que viva la fe cristiana y muera el mal gobierno!


Para establecer la autoría de esta y otras proclamas hay que recordar como punto general que de principio a fin de la campaña de Hidalgo se escribieron, publicaron y circularon muchas proclamas y papeles sediciosos de los insurgentes, cuyos autores en la mayoría de los casos se ignoran, y que las redactaban de propio impulso, sin mediar orden del cura. Por otra parte, de varios papeles que le presentaron a Hidalgo en su proceso, taxativamente sólo admitió como suyos el manifiesto en respuesta a la Inquisición y una proclama que empieza “Es posible, americanos”. Y espontáneamente agregó otra pro­clama que no le presentaron y que empieza “Cuando vuelvo la vista”.

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