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| La fotografía de la revolución mexicana |
La mexicana fue la revolución más fotografiada de su tiempo |
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Para mayor información consultar el Tomo 5 de la colección 20/10 Memorias de la Revolución en México, disponible al público
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Samuel L. Villela F.
La mexicana fue la revolución más fotografiada de su tiempo. A través de una panorámica de los principales periodos, grupos y personajes retratados, así como de los diversos formatos fotográficos (postales, fotorreportaje, fototestimonio y propagandística) Samuel Villela nos muestra cómo la labor de un nutrido grupo de fotógrafos —tanto aficionados como profesionales— ha conformado la memoria visual de ese movimiento social.
En su momento, la mexicana fue la revolución más fotografiada. Y del cúmulo de imágenes registradas, las compiladas y tomadas por los Casasola son de las más conocidas. Hay, sin embargo, otras miles de fotos que conforman el gran mosaico de imágenes de ese movimiento social y que ya ha empezado a ser conocido y trabajado en cuanto a autores, técnicas, momentos, motivaciones y características iconográficas. A lo largo y ancho del país, fotógrafos aficionados y profesionales se acercaron a los personajes, a los cuarteles, a los campos de batalla, a los valles, montes y sierras, a los caminos e itinerarios de los combatientes, muchas veces oliendo la pólvora y arriesgando sus vidas para legarnos el testimonio gráfico que constituye la memoria visual de la Revolución mexicana.
De disparos de máuser a disparos de cámaras
Las primeras imágenes que tenemos de esa gran conflagración social son las del cuerpo de Aquiles Serdán, abatido por las balas de la gendarmería porfirista, así como de los efectos de la metralla sobre su casa en la ciudad de Puebla. A partir de ahí, un nutrido grupo de fotógrafos se abocaría a realizar la cobertura de lo que fue el movimiento social más fotografiado de su tiempo.
Previamente a este episodio, fotógrafos citadinos y de algunas partes del interior del país registraron los movimientos y manifestaciones antirreeleccionistas. La actividad de grupos y personajes emblemáticos de estos embriones revolucionarios —como los hermanos Flores Magón— fue plasmada por los profesionales de la lente. La cabeza más visible de estos movimientos, Francisco I. Madero, es fotografiado por Pedro A. Guerra —del meridano Estudio Guerra— en un grupo de imágenes1 durante su gira —en 1909— por el sureste del país y de cuyo viaje surgiría el vínculo entrañable con José María Pino Suárez. Al lado de las fotos de mítines, tenemos un retrato del activista político, el cual se entregaría posteriormente como obsequio de dicho estudio fotográfico. Suponemos que la entrega de esta foto, en formato postal, se intensificó una vez que Madero asumió la presidencia de la República.
El aspecto álgido de estos antecedentes antirreeleccionistas lo tendríamos en las fotografías de las huelgas de Cananea y Río Blanco, que constituyeron uno de los ominosos presagios de la tempestad que se desataría posteriormente.
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