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| Atraso o crecimiento |
El dabate contemporáneo sobre las herencias coloniales y los obstáculos de las economías iberoamericanas |
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Para mayor información consultar el Tomo 5 de la colección 20/10 Memorias de la Revolución en México, disponible al público
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Luis Anaya Merchant
Publicado este 2009 bajo el doble emblema del Instituto Mora y las Ediciones de Historia de Marcial Pons, y coordinado por los prestigiados historiadores económicos Enrique Llopis y Carlos Marichal, Latinoamérica y España, 1800-1850. Un crecimiento económico nada excepcional, es un trabajo que será de obligada referencia en el debate sobre el atraso latinoamericano. También su innegable actualidad será uno de los motivos que fundamenten su referencialidad y, por cierto, ésta no se debe exclusivamente a sus méritos académicos sino también al frágil estado de las economías latinoamericanas producto de su mediocre desempeño en las últimas tres décadas de este cambio de siglo XX-XXI, reconocidamente clasificadas como pérdidas. Los enormes costos sociales, institucionales, ambientales, etc., del modelo privatizador, desregulador y de liberalización comercial han abierto una amplia discusión sobre su agotamiento y la necesidad de recorrer nuevos modelos de desarrollo frente a los cuales la historia económica demuestra —con este tipo de trabajos— que tiene mucho que aportar. ¿O podrán plantearse alternativas responsables ignorando las experiencias del pasado? Los lectores de Latinoamérica y España, 1800-1850, seguramente coincidirán con nosotros en que ésta sería una tarea incompleta. ¿Es exagerado esto? No lo pensamos así, después de todo, como bien se apunta en el trabajo de Rafael Dobado, el Banco Mundial se ha adherido, en su Informe sobre el desarrollo mundial 2006, a la idea de que los principales problemas de Iberoamérica (bajo nivel de ingreso, desigualdad y pobreza crónica) están íntimamente vinculados a la herencia colonial española. Idea arraigada y estupenda lozanía que el presente texto discute abiertamente y que cabe revisar en tanto que “la suerte de varios cientos de millones de iberoamericanos tiene como condición necesaria un diagnóstico adecuado”; por lo menos esto es materia de reflexión o de prejuicio para las agencias financieras internacionales.
Como se señala al inicio del texto, los trabajos se articulan en derredor de dos ejes problemáticos que han ganado terreno en los últimos años: la idea de que “la acumulación del atraso económico” latinoamericano “fue menor de lo que las visiones clásicas han enfatizado ya que las tasas de crecimiento del PIB por habitante de esa área fueron moderadas pero no insignificantes” y la necesidad de abandonar una imagen homogeneizadora del desempeño económico latinoamericano dados los fuertes contrastes regionales. Es de llamar la atención el contraste de los tres casos latinoamericanos abordados (Argentina, Perú y México) con España como periferia del desarrollo europeo, resulta de lo más interesante en el esfuerzo comparativo que eficientemente desarrollan los diversos autores del volumen.
El objeto de la polémica guarda gran relevancia para entender el comportamiento económico de estas diversas realidades transcontinentales en una perspectiva de largo aliento; por cierto, mayor a los cincuenta años que se anuncian en el título principal y que suelen rebasar los trabajos compilados. Uno de los aspectos más relevantes es sintetizar de manera muy accesible al público general la amplia discusión planteada —en la última década— a propósito de los efectos de la crisis poscolonial del orden hispanoamericano. La periodización del atraso relativo de la región ha implicado una cantidad enorme de trabajos cuyos resultados no demuestran ser convergentes debido a los retos que ha supuesto el armado de series estadísticas, el rescate de archivos, los problemas de las mediciones macro o las dificultades para registrar fenómenos altamente elusivos como el contrabando o incluso la producción de bienes agrícolas primarios ligados a la subsistencia popular, por sólo señalar algunas de las líneas problemáticas que de continuo aparecen en los seis trabajos reunidos en Latinoamérica y España, 1800-1850. Así, por citar un ejemplo, cuando Jorge Gelman compara el desempeño de Córdoba y Salta como centros articuladores de los circuitos mercantiles del centro y el noroeste argentino, en conexión con los centros mineros del Alto y Bajo Perú, el litoral rioplatense y los mercados europeos, concluye que más importante que fiarnos de las cifras absolutas requerimos atender tendencias de variables básicas; los volúmenes de exportación puede ser una de éstas. Otra puede ser el estudio de los diferenciados soportes que originan estos impulsos. Él mismo llama la atención sobre el menor peso relativo de la gran estancia ganadera y la relegada importancia asignada a las pequeñas y medianas en el boom exportador argentino. Así, no obstante el crecimiento de las grandes estancias hubo, entre 1825-1839, una expansión cuantitativa de las segundas que compensa en sentido socialmente igualitario el florecimiento de los propietarios más ricos. Ello concuerda explicativamente mejor con una de las condiciones estructurales del hinterland bonaerense: la escasez de la mano de obra. Condición que favorece los relativamente altos salarios de las estancias, la mayor movilidad social de la región y una distribución del ingreso que se acerca a las de las economías desarrolladas del norte europeo. Obviamente, en el contraste de los casos peruano y argentino destaca la “imposibilidad de ofrecer explicaciones globales” o de establecer procesos económicos homogéneos. Así, dada la importancia de la explotación de los centros mineros para el Perú (y que no pudieron ser compensados por el auge del guano), el desmoronamiento del orden colonial implicó costos mayores a los que pudo sufrir el litoral rioplatense, por más que —ciertamente— hayan provocado la rearticulación de los circuitos y las actividades de las regiones de Córdoba y Salta. Además de comparaciones o de enjuiciar el papel de las instituciones, otro problema que interesa a Gelman destacar es el de la desigualdad en relación con el crecimiento. Hasta qué punto niveles moderados de la primera favorecen al segundo no es algo fácil de ser aclarado, aunque hay una coincidencia fáctica más fácil de confirmar: que “en los lugares más desiguales el crecimiento es menor o se encuentra trabado”. Desde luego, y como bien lo advierte, “una coincidencia fáctica no implica una correlación causal”, sin embargo, ello no parece haber alterado que el crecimiento bonaerense se hubiese modificado, pese a que su sociedad admitía niveles distintos de desigualdad. Por cierto, niveles mucho más suavizados que los advertidos en Perú o, más aún, en México.
Dos ensayos están dedicados específicamente al “desempeño de la economía mexicana tras la independencia”. Uno, intitulado “Paradojas fiscales y financieras de la temprana República Mexicana, 1825-1855”, fue preparado por dos reconocidos especialistas del tema, Carlos Marichal y Luis Jáuregui, quienes no sólo logran una balanceada síntesis de la complejidad de los problemas fiscales que padeció la incipiente república sino que adelantan todo un programa investigativo. Realmente es de destacarse que casi con cada paso argumental esbocen preguntas fundamentales para, como citamos, formar una amplia agenda de trabajos a desarrollar. Lo que pueden hacer debido a la exhaustiva revisión de trabajos y fuentes conocidas por los autores que incluyen, entre otras cosas, la más ambiciosa recolección de memorias del ministerio de Hacienda para el periodo. Este conocimiento agudo les permite argumentar cómo la historia fiscal no siguió o reflejó la trayectoria de la evolución de la economía; por más que la larga crisis de la primera impactara a la segunda no coligen que dicha crisis fuera consecuencia del debatible desempeño de la economía.
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