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| Genealogía y trayectoria del Ateneo |
El Ateneo de la Juventud ha sido valorado como una asociación cultural inédita en la historia de México |
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Para mayor información consultar el Tomo 5 de la colección 20/10 Memorias de la Revolución en México, disponible al público
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Susana Quintanilla
El Ateneo de la Juventud ha sido valorado como una asociación cultural inédita en la historia de México, sin antecedentes remotos o inmediatos ni parentescos con otros organismos de su época. “Antes de nosotros nada; después, lo nuestro”. Ésta parece haber sido la divisa de los ateneístas, la cual fue acuñada por la historiografía académica y arropada por la oficial. Todo lo previo a lo propio es considerado un antecedente curioso o una de las tradiciones a vencer; en cuanto a lo ajeno, aparece en calidad de enemigo derrotado.
Presentación
El nacimiento del Ateneo de la Juventud, la noche del 28 de octubre de 1909, ha sido considerado un episodio insólito en la historia de la cultura y la educación en México, sin antecedentes nacionales remotos o inmediatos ni parentescos con asociaciones similares de otros países. “Antes de nosotros, nada; después, lo nuestro”. Ésta fue la consigna inicial de los ateneístas, que sería acuñada por la historiografía académica y magnificada por la oficial. En cualquiera de estas versiones, lo previo a lo propio es visto ya sea como un antecedente curioso o como una de las tradiciones a vencer, mientras que las influencias provenientes del exterior, en particular de España, son minimizadas hasta convertirlas en coincidencias baladíes.
La contraseña ateneísta cobró impulso con el nacionalismo revolucionario, que relacionó el surgimiento de la Revolución mexicana con el del Ateneo y atribuyó a éste el haber proporcionado un sentido filosófico al “renacimiento” cultural posterior a la lucha armada. De acuerdo con esta premisa, el Ateneo fue un organismo independiente del antiguo régimen y contrapuesto tanto a los postulados filosóficos y literarios de finales del siglo XIX como a las instituciones educativas creadas durante la etapa tardía de la era porfiriana. Más que una transición dentro de un proceso de cambio, significó una ruptura categórica con todo lo reinante. Inspirado en vertientes intelectuales excluidas de la educación superior y de la vida cultural mexicanas, y sin ligas externas que resultaran incómodas, se nutrió de manera endógena hasta convertirse en un faro iluminador para otros países de habla hispana.
Este ensayo parte de una perspectiva diferente, más atenta tanto a la historicidad de la vida intelectual como a su naturaleza transnacional. Su propósito principal es plantear, e intentar esclarecer, una proposición: que la fuerza inicial del Ateneo y su dominancia posterior no consistió en su originalidad sino en el seguimiento de una tradición de origen europeo renovada en México a mediados del siglo XIX, su imbricación con el proyecto educativo y urbanizador promovido por Justo Sierra, en especial la creación de la Universidad Nacional, y su pertinencia respecto del hispanoamericanismo posterior a la “gran derrota” de 1898 y la identificación, en el interior de amplios sectores de las élites intelectuales de Europa y de América Latina, de los Estados Unidos como un gran adversario común. Esto en cuanto a su pasado y circunstancias; en relación con su trayectoria, el Ateneo guardó y acrecentó el legado intelectual decimonónico y tendió los puentes para su renovación.
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