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Calidad de vida inicia desde la familia | La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad. Basada en el matrimonio, la familia es la principal responsable del cuidado y la protección de los seres humanos. | | |
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Maru Cárdenas Terra.- Haz del Canal de Mujer tu página de inicio y entérate de los mejores tips y recomendaciones para mejorar en tu vida
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Ciudad de México (México). La calidad de vida tan buscada y declarada por gobernantes, políticos, empresarios y diferentes integrantes de la sociedad empieza por casa. Estudios empíricos demuestran que una variable imprescindible para mejorar la calidad de vida es la familia, el hogar, donde la persona nace, crece y se desarrolla.
En este ámbito se experimenta por primera vez el aprecio o el rechazo hacia la propia persona. Es la plataforma insustituible donde la persona se lanza al desarrollo integral o queda mutilada por heridas profundas. La familia es la primera ventana al mundo, desde donde se transmite la cosmovisión, las actitudes fundamentales para afrontar la vida, la orientación ética, los valores a tomar en cuenta y muchas cosas más.
La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad. Basada en el matrimonio, la familia es la principal responsable del cuidado y la protección de los seres humanos desde la concepción hasta la muerte. “No es solo una unidad jurídica, social y económica, sino una comunidad de amor y de solidaridad insustituible para la transmisión de valores y el desarrollo de sus miembros y de la sociedad”.
Sin embargo esta realidad presenta múltiples desafíos, desde los problemas económicos, sociales y jurídicos, hasta la contestación de su misma identidad y viabilidad. Es un hecho, la familia no es perfecta, sus integrantes tampoco lo son. La familia tiene riquezas y debilidades, oportunidades y problemas, crisis e imprevistos. Cabe preguntarse: ¿qué hacer ante esta situación?
Existen dos opciones. La primera es buscar la solución a los problemas, generar medios para que la familia mejore, se fortalezca y procure el desarrollo de todos sus miembros. La segunda opción es intentar desechar la familia, renunciar a ella. Autoconvencerse de que vivir en familia es difícil, incluso imposible; por lo tanto hay que resignarse a otras formas de convivencia. Aunque de ello resulte un proceso de autodestrucción en que todos vamos cavando un pozo profundo donde enterrar a la sociedad.
Los cambios que inciden sobre la familia son evidentes, basta una mirada al Diagnóstico de la Familia -coordinado por el Sistema Nacional DIF. El 81 % de las familias están encabezadas por un hombre y 19 % por mujeres. Los hijos en 80 % viven en el pueblo o ciudad que sus padres. La mitad de los hijos y una tercera parte de las hijas se comunican al menos telefónicamente de forma diaria con sus padres, 59.5% de familias en las que conviven en la misma casa tres generaciones (abuelos, padres e hijos), un 32.7% de los hogares tienen convivencia de dos generaciones (padres e hijos) y en solo el 5.7% de las familias vive una generación. En el año 2000 hubo siete divorcios por cada 100 matrimonios. De las madres solas (5.2 millones), 44 % son viudas, 25 % separadas, 22 % solteras y 9 % divorciadas. La mayor convivencia que tienen nuestras familias es alrededor de los alimentos acompañados por la televisión (más del 80%), seguida de las salidas de paseo 71.2 %.
Las transformaciones son distintas y complejas. Ha cambiado la edad promedio para contraer matrimonio, para tener el primer hijo, la tasa de fecundidad ha disminuido, los roles al interior del hogar se han modificado, la dinámica familiar es otra… El reto consiste en distinguir qué cambios aceptar y cuáles rechazar. No todo cambio, por el hecho de serlo, es conveniente y positivo. Cambiar jurídicamente la edad mínima para contraer matrimonio es un cambio accidental que refleja la transformación sociológica al respecto. Modificar las responsabilidades y el tiempo dedicado a labores domésticas es necesario como resultado de la nueva manera de vivir en familia, v.gr. la incorporación de la mujer al ámbito laboral remunerado.
Sin embargo, querer cambiar la institución matrimonial equiparándola con otras formas de convivencia es un cambio substancial que metafísicamente hablando acaba con el ente, dado que destruye su esencia. Intentar despojar a los padres del deber y derecho a educar a sus hijos para que el Estado se arrogue esa tarea es un grave error que atenta contra toda persona, (Esparta y la ex Unión Soviética ya lo intentaron y evidenciaron terribles consecuencias). En síntesis, podemos y debemos adaptarnos a los cambios que sean necesarios siempre y cuando no contravengan la esencia de la familia. De no respetar este postulado, el remedio será peor que la enfermedad, pues queriendo ayudar se terminará con la vida del paciente.
Entre las consideraciones básicas que conviene tener en cuenta a la hora de discriminar las propuestas de cambio están las siguientes realidades:
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