| | ![]() | | A fondo: Sentra LE 2.5 | ![]() |
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Bien portado | El nuevo Nissan Sentra LE bien podría ser el hermano serio del SE-R; monta el mismo motor de 2.5 litros, pero muestra una faceta distinta. | | |
11/03/2003 | Rogelio Rivera/MPT Hasta hace poco tiempo, el Sentra se ofrecía con dos opciones de motores: uno de 1.8 litros y otro de 2.0, heredado de la anterior generación. En el 2002, el nuevo campeón de 4 cilindros de Nissan, el 2.5 litros –que comparten el modelo básico del Altima, así como la Xtrail–, encontró cabida debajo del cofre del Sentra; primero en la versión deportiva SE-R (que enfrentamos contra sus rivales en AUTOPLUS de noviembre del 2002) y ahora en la nueva variante Limited Edition –LE–.
La cima de la potencia
Con 165 HP, el del Sentra LE es uno de los motores más potentes de entre los compactos del mercado en la actualidad. Tal como lo comprobamos con el Sentra SE-R, el LE cubre las expectativas si de empuje se trata.
La presencia del 2.5 se percibe de inmediato por su respuesta al pisar el acelerador; sin embargo, el nivel sonoro en el habitáculo es apreciablemente mayor que en las otras variantes del Sentra, y las vibraciones del motor no están muy bien aisladas.
La inclusión de una caja automática de 4 velocidades hace recordar al conductor que este Sentra no aspira a ser un modelo deportivo; de hecho estamos seguros que mediante una combinación de engranes más agresiva se conseguiría aun mejor respuesta del 2.5; pero evidentemente Nissan optó por un comportamiento más apacible, para lograr mejores consumos.
Pero esto no significa que el Sentra LE sea un manso corderito: a pesar de la caja automática, el 2.5 brinda generosas reservas de poder, como para ascender pendientes sin esfuerzo. No obstante, el momento de máxima potencia, al igual que en el SE-R, se encuentra en una franja muy corta del tacómetro, entre 5,000 y 6,250 rpm. Dicho sea de paso, no es necesario llevar el motor a ese extremo, aunque lo hace sin quejarse.
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No es que sea una mala costumbre nuestra, pero siempre procuramos probar los autos a modo de conocer sus limitaciones; claro, en ambientes controlados como el de una pista. Allí, lo que notamos del Sentra LE es que la calibración de sus componentes –suspensión y dirección, por ejemplo– no está orientada al manejo deportivo: la carrocería se inclina mucho en curvas cerradas y el volante no se siente muy preciso. Pero nada grave; además, no nos sentimos defraudados por Nissan: la empresa jamás ha proclamado que el LE sea un “purasangre”.
Aun así, éste es capaz de acometer curvas con efectividad, y es justo destacar que el Sentra apenas dio leves señales de comportamiento subvirante (tendencia a irse de frente), incluso cometiendo abusos… Francamente, es lo que menos me esperaba de un compacto de tracción delantera con un motor de gran tamaño, y, por consiguiente, con más peso en el extremo delantero.
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Lo que Nissan deberá mejorar en el futuro relevo del Sentra es la ergonomía: el espacio para pasajeros de 1.80 metros de estatura en el frente y en las plazas traseras no es del todo generoso; mientras tanto, el de la cajuela es competitivo, y el asiento trasero se abate (completo o en dos partes) para ampliar más la capacidad.
Algo que no nos gustó es el poco juego de la columna de dirección (volante de posiciones), así como las perillas para subir el asiento del conductor, que son incómodas para girar, sobre todo cuando la puerta está cerrada.
Después de las pruebas de pista con el Sentra LE, los recorridos a velocidades normales en carreteras y ciudad nos hicieron ver que ese es el mejor uso para este ejemplar. Y si se toma en cuenta la confiabilidad tradicional de los modelos Nissan, no hay objeción para pensar que el Sentra 2.5 Limited Edition está hecho para personas maduras, que de vez en cuando echan mano de su fuerza interna, sin abusar de ella.
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