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Aire nostálgico | La última versión del Beetle no sólo busca darnos más aire a nuestras agitadas vidas; también resulta un deleite nostálgico para aquellos que adoran los convertibles. | | |
02/07/2003 | Gilberto Samperio Cuando por fin estuvo disponible el Beetle normal, algunos especialistas en modificaciones de carrocería aprovecharon la fiebre inicial para comercializar una versión descapotable. Obviamente no fue una tarea sencilla pues el techo curvo y el acomodo de la lona, así como los refuerzos necesarios para mantener la rigidez implicaban mucha adaptación por no decir ingeniería, lo que se tradujo en un alto costo; en consecuencia, sólo para caprichosos.
Pero VW no se duerme en sus laureles, por lo que su Beetle Cabrio no es solamente un coche sin toldo. Existen muchos detalles bien cuidados. Uno de los más llamativos es la forma en que se pliega la lona, muy similar a como se acomodaba en aquellos viejos “Escarabajos ”o “Vochos ”, lo que lo hace original frente a la mayoría de los convertibles. Vale la pena aclarar que esta solución no sólo tuvo lugar por cuestiones estéticas. También influyó el hecho de que el espacio atrás era muy pequeño para acomodar la lona y su armazón, sin olvidarse de que una buena parte de los refuerzos de la zona trasera fueron ubicados justo donde termina el poste C.
Retomando el tema de la estética, otros detalles que sobresalen son las luces direccionales en los espejos, la pintura monotono y el accionamiento eléctrico de la lona. Bien pensado para darse lucimiento personal y alimentar el ego. Sin embargo, no todo es vanidad.
Este Beetle que tuvimos oportunidad de manejar -los hedonistas dirían saborear- monta la nueva transmisión de seis relaciones, que, acoplada al motor 2.0 litros, permite una conducción más relajada y consistente. Me explico: gracias al escalonamiento cerrado, es posible mantener el motor arriba de las 3,000 vueltas del tacómetro sin que se aprecie una caída considerable del empuje del “viejo” dos litros, además de que el Tiptronic actúa rápido, lo que le da cierta agilidad a la conducción rápida. A pesar de ello, en aceleraciones a fondo le queda un poco grande al propulsor y no deja de “comerse” buena parte del par debido al convertidor.
Como auto de capricho que es, el Beetle Cabrio presume una amortiguación suave, pensada para la comodidad y los viajes a ritmo sosegado que en conseguir una buena velocidad de paso en curva. Así, su actitud subvirante es protectora, con cierto retraso en redirigir las ruedas en caminos sinuosos. A ello también contribuye la posición de manejo algo más atrasada que en un sedán común. Esto nos hace sentirnos como si el coche tuviese un cofre o un primer volumen más largo de lo habitual.
Sobra decir que las plazas traseras sirven para personitas o maletas, pues son tan pequeñas como la cajuela. Pero quienes adquieren un Beetle Cabrio no piensan en mucha gente; sólo en ellos.
Quizá el precio final es algo alto (302,146 pesos el analizado aunque se comercializa desde los 273,986 pesos en versión base), pero a cambio se posee un coche que además de la personalidad que ya derrochaba, se suma el plus de ser convertible. Todo un capricho... redondo. | | |
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