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Después de recorrer la ciudad de Colima decidimos visitar otros sitios que, por no encontrarse lejos, son atractivos obligados para el visitante. Nos dirigimos a la ZONA ARQUELÓGICA DE LA CAMPANA, a 15 minutos del centro de Colima. Su nombre se debe a que quienes la descubrieron distinguieron inicialmente un montículo con forma de campana. Aunque abarca una extensión de aproximadamente 50 ha, sólo el uno por ciento ha sido explorado. Destaca el sistema de construcción en el que utilizaban la piedra bola procedente de los ríos cercanos y el hallazgo de diversos entierros que evidencian sus costumbres funerarias.
LA ZONA ARQUEOLÓGICA DEL CHANAL es nuestro siguiente destino. Este asentamiento floreció entre el 1000 y el 1400 después de nuestra era; cuenta con una extensión cercana a las 120 ha. Se sabe que los habitantes de la zona aprovechaban la obsidiana y, además, elaboraban diversos utensilios y herramientas de metal, en especial cobre y oro. Entre sus construcciones destacan el Juego de Pelota, la Plaza de los Altares, la Plaza del Día y la Noche y la Plaza del Tiempo. Llama nuestra atención la escalinata con gradas jeroglíficas de carácter calendárico, semejantes a algunas encontradas en el centro de México.
Camino a Comala encontramos un agradable lugar conocido como CENTRO CULTURAL NOGUERAS, en donde se muestra el legado de un genio creativo originario de Colima, Alejandro Rangel Hidalgo, quien vivió en esta hacienda que data del siglo XVII, hoy convertida en el museo que lleva su nombre, y que exhibe cerámica prehispánica, así como una muestra de su obra como pintor, ilustrador de tarjetas, diseñador de muebles, de artesanías y de escenografías.
A un costado, pero como parte del mismo conjunto, recientemente abrió al público el ECOPARQUE NOGUERAS, que promueve la cultura ambiental. Cuenta con áreas de jardines de plantas medicinales y propone interesantes ecotecnologías.
Al arribar a COMALA nos sorprende descubrir que dista mucho de ser el pueblo árido y despoblado que describiera Juan Rulfo. Llegamos ya con hambre y nos instalamos en uno de los centros botaneros frente a la plaza principal, donde encontramos grupos musicales complaciendo a los comensales. Pedimos uno de los tradicionales ponches de Comala, de jamaica y de nuez, y antes de preguntar por la comida, el interminable desfile de botanas típicas comenzó. Tostadas de ceviche, tacos de cochinita y lengua, sopitos, enchiladas, burritas... como nos dimos cuenta de que era una especie de competencia entre el comensal y el mesero, tuvimos que rendirnos y pedir que ya no nos sirvieran más. Por cierto, aquí sólo se pagan las bebidas.
Enseguida fuimos a comprar unas botellas del tradicional ponche, ahora de café, cacahuate, coco y ciruela pasa y para rematar, como el pan de Comala, especialmente sus picones, son también muy tradicionales en todo Colima, seguimos el dulce olor que de la panadería La Guadalupana se escapaba cubriendo varias calles.
Ha llegado la hora de partir y nos vamos llevándonos el antojo de conocer algunos lugares fuera de la ciudad, como MANZANILLO, PARQUE NACIONAL VOLCÁN DE COLIMA y el ESTERO PALO VERDE, por mencionar algunos. Pero como nos deslizamos por la piedra lisa, con seguridad volveremos muy pronto.
Fuente: México desconocido
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