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 'Menonitas son usados por narcos'
04 de abril de 2007 13:04

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Niños menonitas

Los menonitas temen la influencia del alcoholismo en sus familias.

Enrique Lomas

CHIHUAHUA.- Los ciudadanos menonitas han sido utilizados por cárteles de la droga de Ciudad Juárez para traficar enervantes hacia Estados Unidos y Canadá, alertó ayer Humberto Ramos, Diputado local panista.

"Es preocupante el impacto que el consumo y tráfico de drogas está teniendo entre la comunidad menonita, porque todo este avance de prosperidad y de trabajo ahora se ve amenazado por esta incursión en el narcotráfico", afirmó Ramos.

"El poder económico de los menonitas y el tiempo desahogado que tienen los fines de semana es lo que de alguna manera los inclina fuertemente al consumo, y el tráfico es motivado por la cuestión económica, que es tentadora", aseguró el Diputado del PAN.

Comentó que grupos criminales de la frontera, entre los que podría encontrarse el Cártel de Juárez, son quienes introducen a los menonitas en esta ilícita actividad, aprovechando la imagen de honestidad y las facilidades que éstos tienen para ingresar a Estados Unidos y a Canadá.

"Los grupos organizados de Ciudad Juárez han visto en los menonitas prospectos para captarlos y de esta manera meterlos a esta comercialización", indicó.

Los grupos de delincuentes, dijo, aprovechan que algunos miembros de la comunidad menonita tienen una capacidad de movilización fuerte, liquidez económica, vehículos y facilidades para obtener pasaportes.

Ya hay algunos menonitas detenidos en Estados Unidos por haber estado involucrados en el tráfico de estupefacientes, externó.

Ramos representa al distrito electoral en el que se enclavan los principales campos menonitas de la zona de Cuauhtémoc, y ha convivido y participado con ellos en proyectos sociales y productivos en los últimos años.

"Este cambio entre la comunidad menonita es drástico", manifestó, "sobre todo si tomamos en cuenta todo el origen conservador de ellos en lo que se refiere a la cuestión religiosa y del trabajo, y ahora los vemos inmiscuidos en cuestiones de drogas, recalca el legislador.

EL CAPULIN, NUEVO CASAS GRANDES, CHIH.- Enrique Guenter nunca ha manejado una "troca" y, hasta hace un año, ignoraba que existiera una enfermedad llamada hepatitis. Su esposa fue la primera en padecerla en esta colonia ubicada a más de 40 kilómetros al norte de la cabecera municipal y donde viven alrededor de 2 mil personas.

Faltan todavía algunos minutos para las siete de la tarde, hora en que Enrique, de 33 años, llama a sus 11 vacas al establo y las ordeña: en conjunto, las ubres dan 120 "kilos" (litros) de leche diarios que él vende a una quesería cercana. Leche pura, que aquí se bebe sin siquiera hervir.

En tanto, Guenter recibe a los "mexicanos" en su mesa para compartir un poco de pan y mantequilla, hechos en casa, y platicar cómo se vive en esta zona de la nación menonita. Mientras conversa, su esposa aguarda silente y atenta -aunque casi no hable español- en la cocina a que él la requiera. Se mantiene con la cabeza gacha y la mirada triste, como la tienen muchas otras mujeres por aquí.

El Capulín es la colonia más tradicional de la zona de Nuevo Casas Grandes que, a su vez, aglutina al conjunto de colonias donde vive la población más conservadora del pueblo menonita, distribuido en este estado, Zacatecas, Durango y, recientemente, Campeche.

Una colonia constituye un poblado integrado por campos, que hacen las veces de barrios carentes de nombre propio, bautizados sólo con un número. Enrique y su familia viven en el campo cuatro de los 14 que tiene El Capulín, una de las 18 colonias chihuahuenses.

La extensión promedio de un campo va de 15 mil a 20 mil hectáreas; sus calles son de tierra, trazadas y mantenidas por los propios habitantes. Aquí el Estado no tiene cabida ni compromiso, la nación menonita es autónoma. Esa es su condición para emigrar a un país y cualquier alteración de este convenio es razón suficiente para partir de nuevo.

Pese a la carencia de datos oficiales, fuentes académicas y ministros religiosos anabautistas calculan que este pueblo, cuyos orígenes se remontan al primer cuarto del siglo XVI en la Alemania reformista, llega ya a más de 60 mil habitantes en México.

Su llegada al País en 1922, es uno de tantos capítulos de éxodo que han vivido. Los primeros menonitas en pisar suelo mexicano venían huyendo de una Alemania que buscaba incorporarlos a sus filas castrenses para luchar en la Primera Guerra Mundial. Canadá les abrió las puertas a cambio de nada, pero poco tiempo después quiso que sus hijos se incorporaran al sistema de educación oficial y que sus jóvenes se alistaran en el Ejército.

Los más conservadores, al ver amenazada su cosmovisión regida por el pacifismo y la entrega total de la vida a Dios, debieron pedir asilo al país que aceptara su contrato: venta de territorios, exención del servicio militar y la actividad política, posibilidad de instalar sus propias escuelas e iglesias, e independencia del Estado.

Alvaro Obregón quería poblar el extenso estado de Chihuahua, se propuso empezar por las tierras más áridas, y en 1921 aceptó venderles grandes extensiones de tierra.

El pastor liberal menonita Isaak Bergen cuenta así el cierre del contrato: "El 8 de marzo de 1922, 5 mil 600 menonitas procedentes de Manitoba, Canadá, llegaron a Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua".

Guenter y sus hermanos se mudaron hace poco más de 30 años a El Capulín, provenientes de una colonia de Ciudad Cuauhtémoc, emporio actual de la modernización menonita y, para muchos, recinto de sus mayores vicios y dilemas. Venían buscando preservar la tradición, reacios a emplear la energía eléctrica, cuyos cables empezaron a reptar por los campos que iban dejando atrás.

Lo han logrado. De enorme cuerpo, manazas gordas, ojos rotundamente azules y dientes que parecen descompuestos por un proceso que aquí nadie se explica, Enrique platica orgulloso que el peto de mezclilla y la camisa de algodón que viste fueron confeccionados por su esposa, lo mismo que la ropa de los pequeños y la de ella misma, cuya cabellera -que desde el nacimiento está prohibido cortar- va cubierta por un velo multicolor, señal de que es casada pues las señoritas lo llevan en blanco.

Los pocos y sobrios muebles de madera clara, el pan, la mermelada y hasta la ordeñadora con capacidad para dos vacas a un tiempo son de factura casera. La luz nocturna proviene de lámparas de petróleo. Los Guenter mantienen la tradición impoluta.

Enrique se lamenta de no haber asistido a la boda que se celebró este sábado en el campo ocho. La ceremonia comenzó alrededor de las 11 de la mañana y llegó a su fin a las 5 de la tarde.

Presididas por los ministros -líderes religiosos quienes llevan el control de las tradiciones-, las familias asistentes a la boda de Benjamín y Ana, de 19 y 20 años respectivamente, oraron, entonaron múltiples cantos, probaron el banquete nupcial -frugal pero consistente, oraron de nuevo, volvieron a cantar, escucharon las palabras que el ministro principal refirió a los novios y partieron a sus casas.

Juan Penner, de 48 años, ministro mayor ataviado para esta ocasión especial con largas botas que cubren el pantalón, chaquetón largo y gorra parecida a las de los capitanes de submarinos de la Segunda Guerra Mundial, todo en negro, explica la mecánica de las bodas menonitas, cuyo ritual es el mismo que el de un funeral, sólo cambia el contenido del discurso ministerial.

Una vez que se han casado por la iglesia, dice Penner, los novios gozan de una semana de asueto durante la cual visitan a sus amigos y familiares. Posteriormente, acuden a Nuevo Casas Grandes a celebrar el matrimonio civil -cumplen con la mayoría de los reglamentos oficiales pero no votan ni hacen el servicio militar- y vuelven a la vida cotidiana.

Poco conocen los menonitas de sobremesas; a la salida de la misa, cada familia monta en su carruaje para días festivos -una caseta de metal pintada en gris, forrada de madera en el interior, tirada por un caballo- y se va a casa, para después visitar a los familiares. Esa es la distracción de domingo, único día en que no se trabaja -dictado así por la religión-; aquí no hay plazas públicas, el baile y el deporte están prohibidos. En esta zona tampoco se permiten el radio ni la televisión.

Los hombres que, por su trabajo, deben relacionarse con los "mexicanos", hablan un español fluido, pero las mujeres lo dominan muy poco; aunque lo sepan, se ve mal que lo empleen.

Los menonitas han mantenido vivo el alemán bajo o antiguo por una razón religiosa ligada al motor de su origen, explica el sacerdote dominico Gonzalo Balderas, quien a lo largo de 20 años se ha especializado en el periodo de la Reforma y la Contrarreforma cristianas.

"La Reforma radical surge con el objetivo de enfrentar el feudalismo; más allá de las innovaciones religiosas y su separación de Roma, los radicales incorporan a su revolución los aspectos sociales. Ante esto, Lutero no los protege y emprende su persecución", comenta.

Esta empresa fue encabezada por campesinos que encarnaban la utopía de vivir en una sociedad comunitaria en donde todos gozan de igualdad de derechos y, además, están a la misma altura frente a Dios, a quien dedican su vida entera.

El idioma alemán como lo conocemos hoy, explica Balderas, proviene del siglo reformista y Lutero se erige como su propulsor. El manejo del alemán "preluterano" por parte de los menonitas es una expresión idiosincrática de su cosmología.

Pese a ello, en los colegios menonitas la enseñanza del alemán navega entre el bajo y el alto, dice Jacobo Neufeld, maestro de la escuela del campo 1B, en la colonia Manitoba, de Ciudad Cuauhtémoc, debido a que hay pocos libros en alemán bajo al alcance de los menonitas.

Esta escuela atiende a 55 alumnos: 30 niños y 25 niñas. Es un solo salón con pisos de madera. El área izquierda es femenina y la derecha, masculina, lo mismo que en la iglesia. La designación del maestro es fruto de una votación comunitaria -el mismo proceso se sigue para elegir ministro y jefe de colonia- en la que todos son, al mismo tiempo, candidatos. Si alguien resulta designado no puede evadir la responsabilidad: hacerlo constituiría su excomunión de la iglesia.

El periodo escolar transcurre de los seis a los 13 años de edad, y consta de cuatro grados. Al concluir la enseñanza, los alumnos saben leer, escribir y efectuar operaciones aritméticas. El maestro decide el momento en que cada alumno debe ascender al siguiente nivel y todos comparten el mismo salón.

La temporada de mayor trabajo en el campo marca el calendario escolar. Las vacaciones están dispuestas de manera que los pequeños apoyen a sus padres en dichas tareas. Así, los meses de noviembre a marzo, mayo y agosto están dedicados al estudio.

Es imposible, explica Cornelio Heide, joven liberal de Ciudad Cuauhtémoc, establecer un perfil único de la nación menonita: los subgrupos son numerosos y cada uno lleva usos y costumbres distintas. Sin embargo, la tradición los identifica en la diversidad: la escuela, la iglesia, la colonia, la endogamia.

Si se pudiera ilustrar el concepto de comuna creado por Karl Marx, lo más certero sería emplear una fotografía de una colonia menonita, explica Margarita Santoyo, socióloga de la UNAM quien recientemente ha iniciado un estudio sobre ellos.

La consigna menonita ha sido siempre preservar la tradición, conservarse como un grupo étnico endogámico y mantener encendida la llama de la utopía, afirma Bernard Brown, arqueólogo del Centro Regional del INAH de Chihuahua, quien desde 1988 estudia la multietnicidad que se da en Nuevo Casas Grandes por la presencia de colonias menonitas, mormonas y chinas en convivencia con la cultura mexicana.

La creación de nuevas colonias -como El Capulín, fundada en los '60- y la compra de tierras en países como Bolivia, Paraguay o Argentina han sido motivadas por ese espíritu: alejarse de la modernización que pondría en peligro el sueño de Menno Simons, máxima figura del llamado anabautismo, la religión menonita.

Pero el concepto de modernización luce ambiguo. En una de las tres tiendas de esta colonia, cuya caja registradora digital atiende Jacobo Neufeld, de 29 años, los quesos, embutidos y refrescos se conservan en refrigeradores de Coca-Cola y sus estantes sólo se diferencian de los de un Oxxo por la carencia de bebidas alcohólicas.

Esto se permite dado que la energía proviene de una planta generadora que la tienda comparte con una escuela y que se alimenta de diesel. Cada 45 días les surten 200 mil litros cuyo valor unitario es de 1.70 pesos. El alza del combustible ya preocupa a la colonia y algunos sueñan con que pronto el ministro religioso se decida a autorizar el cableado eléctrico.

Mientras tanto, explica el ministro Juan Penner, el diesel debe mantenerse como la única fuente de energía. ¿La razón? Así lo acostumbraban los abuelos: ése es el concepto de modernización: dejar de actuar como solían los antecesores. Por tanto, las "trocas", la gasolina y el alcohol están vetados en El Capulín.

Si alguien flaquea, debe pedir disculpas ante el pleno de la Iglesia y desistir de su intentona modernizadora. Si persiste en la rebeldía, se le "despatria, le echamos fuera de la iglesia y no puede visitarla, tampoco puede llevar a sus hijos a la escuela ni participar en ninguna cooperativa", explica Penner.

La excomunión, empero, no contempla el destierro ni el ostracismo. Así, casi todos pueden asistir a la iglesia los domingos, día en que la vestimenta de hombres y mujeres es oscura y elegante.

La misa comienza a las 8 de la mañana y se extiende por espacio de dos horas. En ese lapso, los congregados en un espacio amplio cuyos techos, pisos y bancas son de madera clara y finamente pulida, hacen oración, entonan cantos, leen la Biblia y escuchan los discursos de los ministros. Todo es en alemán bajo, el orden es absoluto y la pulcritud del ambiente, contundente.

-Ministro, ¿de qué hablan los cánticos y las oraciones, qué les dice a los asistentes?

-Son lecturas del Nuevo Testamento. Todo lo que cantamos y oramos en cualquier celebración es para agradecerle a Dios y pedirle mucho perdón.

Nacimiento de la Religión Anabautista

1517.- El suizo Ulrich Zwingli predica el Nuevo Testamento libremente, ante el desacuerdo de los reformistas tradicionales, quienes les acusan de encabezar un movimiento radical que incorpora la educación y la lucha social.

1525.- Conrad Grebel, discípulo de Zwingli que no era pastor, bautiza a 12 "radicales". Deciden vivir alejados del mundo, practicar el evangelio y entregarse a la fe. Nace el anabautismo.

1535.- Menno Simons, sacerdote católico, estudia el Evangelio, conoce a los anabautistas y se convierte a esa doctrina; de él proviene el término "menonita" y se erige como la figura más importante del anabautismo.

1683.- Un grupo de anabautistas presionados por el acoso reformista se embarca hacia América y, dos años más tarde, consolida la primera colonia menonita en Pennsylvania.

1914.- Al estallar la Primera Guerra Mundial, las colonias menonitas asentadas en Alemania y Rusia desde el siglo XVII buscan asilo en países neutrales.

1921.- Tras vivir en Canadá, donde son presionados, menonitas provenientes de Europa adquieren tierras en Chihuahua y acuerdan con Alvaro Obregón las garantías de su colonización.

1922.- Un grupo de 5 mil 600 menonitas provenientes de Manitoba llega a Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua, y funda la primera colonia en México.

1960.- Los menonitas de Ciudad Cuauhtémoc introducen las llantas de hule e inician la electrificación de los campos. Surgen las primeras migraciones a otras zonas conservadoras.

1980.- Se completa la electrificación en Ciudad Cuauhtémoc. Los más tradicionalistas compran tierras en Bolivia y Paraguay.

1997.- Se prepara otra migración a Bolivia, en donde adquirieron 17 mil hectáreas en mayo. En agosto, los liberales festejan durante tres días el 75 aniversario de su llegada a México.

Fuentes: Víctor Pedroza, Homero Mata e Isaak Bergen, pastores de Iglesias menonitas mexicanas; Margarita Santoyo, socióloga de la U-NAM, y el libro The Anabaptist story, de William Estep.

MANITOBA, CIUDAD CUAUHTEMOC, CHIH.- "Oye, amigo, ¿tienes cigarros?", pregunta una voz surgida de entre unos arbustos aledaños al camino. El azul de sus ojos combina con el pantalón de mezclilla que abriga el cuerpo regordete de un adolescente que no supera los 13 años de edad.

-¿Dos? -inquiere cuando tiene frente a sí la cajetilla. Su mirada revela que la escena es clandestina.

-¿Sabes dónde hay una quesería por aquí? -pregunta el "mexicano". Las facciones del joven menonita se endurecen; permanece serio unos segundos y por fin responde:

-¿Cigarros?

Es imposible platicar más: no habla español, sólo sabe articular su petición de tabaco.

La colonia Manitoba, que abarca 62 mil hectáreas, es la más grande de este municipio localizado 90 kilómetros al este de la capital del estado, el lugar al que arribaron los menonitas a México en 1922.

Aquí palpita el emporio de la modernización de un pueblo cuya cosmovisión siempre ha abrevado de la frugalidad y el conservadurismo. En las 117 colonias de Cuauhtémoc, que albergan a alrededor de 33 mil menonitas, la energía eléctrica y la industria son una realidad desde hace más de una década.

Fábricas de maquinaria agrícola, queserías, maquiladoras. En este condado de la nación menonita, la tecnología de punta convive con las tradiciones más puras, aunque los problemas también son contemporáneos: alcoholismo, enfermedades hereditarias, adicción a medicamentos.

Y más. La pesadilla del narcotráfico ha empezado a merodear estas tierras.

La jornada comienza a las siete de la mañana en la fábrica de queso tipo chester "Pampas". De entre las 32 queserías de la zona, ésta es reconocida, junto con la "Sierra Verde", por ser de las pocas que aún no mezclan harina o grasas vegetales en la leche.

Cornelio Unger, de 44 años de edad, dirige esta cooperativa ubicada en el campo 1B. Explica que, por cada 10 litros de leche que se vierten en las enormes tinas de aluminio cuyos sistemas son eléctricos desde hace más de 20 años, se obtienen mil gramos de queso. A diario se procesan 17 mil litros, y el kilo de queso al menudeo cuesta 31 pesos. Comerciantes de Mérida, Guadalajara y Sonora, dice Cornelio, lo frecuentan para comprarle grandes cantidades.

"Pampas" ostenta un letrero exterior que la identifica, lo cual es poco común en la zona. En las colonias, la mayoría de las construcciones se edifican con "formas menonitas": moldes de metal que se rellenan de cemento para levantar muros cuyas grecas simulan ladrillos alargados.

Así, desde fuera es difícil distinguir la fábrica casera o la armadora de desgranadoras de frijol, del asilo para ancianos o del albergue para enfermos mentales.

El pastor Bergen explica la dificultad de sostener tanto el albergue como el asilo, que hoy atiende a 54 ancianos y pronto abrirá un área nueva que recibirá a 30 más.

En el albergue, los 16 internos son atendidos por la hermana del pastor liberal Isaak Bergen, que reparte su tiempo entre los servicios religiosos y la labor social. Cada enfermo, desde un pequeño de andadera que sufre de asma y retraso mental hasta una mujer de 40 años que permanece catatónica, recibe la visita mensual de un médico.


Aunque mucho se rumora que la endogamia es la causante de crecientes problemas de salud -como enfermedades mentales, padecimientos cardiacos y disminución de la capacidad visual- entre los anabautistas, pocas personas se atreven a afirmarlo.

María Teichroeb, anabautista liberal que trabaja en una clínica de salud de esta localidad, narra casos de niños menonitas que sufren de hemofilia y enfermedades del corazón. Al investigar el árbol genético de algunos enfermos, dice la joven de 25 años de edad, se descubrió que los abuelos de esos niños eran primos hermanos.

A partir de su experiencia en campos menonitas en Durango, la socióloga de la UNAM, Margarita Santoyo, afirma: "Mantener el grupo genético ha sido fundamental para ellos, pero por esta razón racial, los genes llegan a un agotamiento: hay un problema muy fuerte en cuanto a la visión, sobre todo en las mujeres se está dando un retraso de la vista".

Pese a ello, Bernard Brown, investigador del Centro Regional del INAH de Chihuahua y quien ha hecho del pueblo menonita su campo de estudio desde hace nueve años, descarta que la obligación de casarse sólo con personas del mismo grupo étnico sea la causa de dichos trastornos.

"No tengo elementos para decir que esos padecimientos van en aumento; la población crece y por lo mismo la frecuencia de este tipo de afecciones va a ser mayor. Con una población de 60 mil menonitas no se tienen problemas por endogamia. Si no, los chontales de Oaxaca o los mismos tarahumaras también los padecerían", afirma Brown.

A pocos kilómetros del asilo de ancianos se encuentra el Grupo Industrial Tres Estrellas, propiedad de Jacobo Fehr, quien es además el jefe de la colonia Manitoba, lo que en un municipio "mexicano" equivaldría al alcalde.

De 53 años de edad, Fehr ha cumplido seis meses en un cargo que dura dos años, aunque existe la posibilidad de reelegirse si la comunidad así lo decide. El representa a los colonos ante el Gobierno municipal, realiza los pagos de predial -la totalidad de los títulos de la colonia están en su poder-, pide el apoyo de la policía si se presenta algún incidente y, en conjunto con el ministro religioso, guía a la grey por el sendero tradicional.

Un jefe de colonia no percibe sueldo, pero Fehr no lo necesita: posee dos plantas industriales que emplean cada una a 20 trabajadores que fabrican maquinaria agrícola en general.

Guillermo Loewe dirige una y comenta que, en el caso de las desgranadoras de frijol, cada 75 días se fabrican 100, cuyo costo unitario es de 39 mil pesos en el mercado cercano: Zacatecas, Durango, Sinaloa.

A sus 43 años, lamenta que hayan tenido que operar a su esposa de la matriz y sólo hayan podido procrear cuatro hijos, cantidad mínima entre los menonitas, acostumbrados a tener en promedio 12 descendientes.

Sin embargo, Guillermo no está en contra de la modernización: "Las trocas no son malas, en todo caso, el malo soy yo". Cuando sus familiares decidieron emigrar a Bolivia para conservar sus tradiciones, prefirió quedarse.

Las migraciones, como explica Brown, constituyen una válvula de escape para evitar la disgregación de la nación menonita.

Santoyo, quien desde 1982 estudia minorías religiosas, considera que un problema emergente entre la comunidad menonita es la falta de tierras, por lo que han puesto la vista en Paraguay, Argentina y Bolivia, donde en mayo pasado adquirieron 17 mil hectáreas que poblarán entre 5 mil y 8 mil anabautistas de esta localidad.

A Loewe no le atrae el conservadurismo de zonas como Nuevo Casas Grandes, pero tampoco acepta