La producción y el consumo del pulque ha estado ligado al estado de Hidalgo desde la época prehispánica, anota en su libro "El Pulque", el profesor Raúl Guerrero Guerrero, quien cita el Códice Florentino, en el cual se explica que era considerada una bebida de origen divino, de la que se conocían las bondades y los males que podía acarrear.
De este modo, su consumo entre los mexicas y otras etnias, como los toltecas, estaba restringida a determinados acontecimientos, "como la recolección de la cosecha, las ceremonias propiciatorias de la lluvia, los matrimonios, los nacimientos y entierros, los ritos de iniciación y las fiestas de algunos dioses".
De supuesto origen divino, después ligado a las clases más pobres del país, el pulque está condenado a sobrevivir la muerte de sus cada vez más escasos adoradores.
Ni siquiera presente en grandes restaurantes como "rareza" de las bebidas nacionales, hoy es únicamente consuelo por su precio (3 pesos por litro), aunque implica riesgos a la salud por la adulteración, cada vez más grave, que se hace de él en establecimientos del Distrito Federal y el Estado de México.