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 Santa Clara, donde el cobre se hace arte
10 de abril de 2007 13:54

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Artesanías de Michoacán

Artesanos martillan el cobre en Santa Clara
Foto: Terra / Héctor Arriaga

Héctor Arriaga/ Enviado

Trabajar martillando alternadamente un pedazo de cobre, mientras se aviva el fuego para continuar con esta labor, tiene su recompensa: la creación de vasijas, joyería y figuras de acabado excepcional que han dado renombre y fama mundial a Santa Clara del Cobre, Michoacán.

Fueron los indios purépechas quienes descubrieron este material, e incluso los primeros españoles que llegaron a la zona se asombraron de la nobleza de dicho metal y colaboraron con los indios a mejorar las técnicas de trabajo y ayudaron a ampliar sus usos, sobre todo en el campo bélico.

Actualmente el pueblo de Santa Clara, que se encuentra dentro de la denominada Región Pátzcuaro, ve desfilar diariamente por sus empedradas calles, a cientos de paseantes que acuden ansiosos de poder ver cómo y a quienes han realizado ese jarrón o plato que tanto les ha gustado y que tienen como adorno principal en sus casas.

La sorpresa es mayúscula cuando ven que esa pieza que conservan con cariño, es solamente una de las miles de artesanías que las manos y la imaginación de los trabajadores orfebres de Michoacán pueden llegar a realizar con tanto esfuerzo y sacrificio durante días o semanas enteras.

Tan sólo al llegar a las primeras calles, se pueden apreciar diversos objetos rematados con latón que adornan las destellantes entradas, entre campanas que cuelgan de los postes de energía eléctrica o el impresionante kiosco con techo de cobre que se encuentra en la parte central plaza principal y que resalta, sobre los techos rojos ladrillo de las casas cercanas, con belleza cuando es tocado por los rayos del sol.

Para poder apreciar la forma de trabajo y la calidad de los utensilios de cobre martillado, entrar a un taller de la localidad puede ser la mejor opción para poder descubrir cómo los artesanos van desarrollando su ingenio para elaborar una pieza que seguramente será única.

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Hoy en día ya no hay más minas de cobre por explotar en la región y todo el material que se utiliza en los talleres orfebres de Michoacán proviene de desperdicios de talleres eléctricos de todo el país.

Dando calor al frío metal
Ahí, sentados ante el calor que genera una fragua que por lo regular debe alcanzar los 1000 grados para poder realizar los moldes de cobre de los que saldrán los pedazos necesarios que servirán para dar forma y color a los bellos objetos, trabajan normalmente cuatro personas, entre niños y adultos.

Como este oficio es una tradición que ha ido pasando de generación en generación, es común ver a pequeños de 10 años que comienzan a aprender este difícil arte, del que poco a poco comenzarán a tomar una extraordinaria pasión.

Con martillos en mano, y mientras los más chicos se encargan de alimentar la llama de la fragua, los más experimentados orfebres se turnan para ir golpeando, calentando y dando forma a ese pedazo de cobre inanimado que, al menos en tres o cuatro días no será más que eso, un simple y deforme pedazo de metal.

Un martillo, o marro, y varillas de acero enterradas en el suelo, son las únicas herramientas que estos artistas utilizan, para sacar una pieza única y perfecta, el resto de los elementos proviene de la mente y sensibilidad.

El tiempo de trabajo de cada pieza va desde los cuatro días hasta un mes completo, dependiendo del tamaño o acabado que quiera dársele, ya sea un sencillo, acabado liso o espejo; hasta los de incrustaciones de otros metales, complicados grabados florales o tribales y vistososo tonos verdosos.

Con jornadas completas de día y noche, los artesanos van realizando las formas más caprichosas que sus imaginación y creatividad les permite, asimismo van ideando la forma de poder llevar a la práctica nuevos métodos de fabricación y de acabados más sorprendentes.

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Finalmente, gracias a la destreza y habilidad de los maestros orfebres, y valiéndose de pequeños martillos que dan golpes rápidos y certeros a las piezas, es como se van grabando y abrillantando las mismas.

La larga muestra de la enorme variedad de formas y terminaciones en los trabajos que se pueden encontrar en este poblado, son el resultado de los años de práctica y tradición artesanal que ha sido heredada entre las familias.

Los atractivos de este paraje no son solamente sus talleres o rica y variada gastronomía, sino que también puedes encontrar el Museo Nacional del Cobre, recinto que puede ser visitado de martes a domingo y en donde se exhiben las piezas artísticas y artesanales que han sido ganadoras de premios en exposiciones nacionales e internacionales.

Este lugar de exposiciones fue creado precisamente a raíz de que Santa Clara del Cobre fue el primer centro artesanal en México que recibió un premio nacional de artesanía por este tipo de trabajos.

Una de las fechas más importantes en esta comunidad es el mes de agosto, ya que es cuando se lleva a cabo la Fiesta Nacional del Cobre, evento durante el cual los artistas del lugar compiten para saber quién realizó la pieza más bella y sobretodo, porque se celebra a la Patrona del pueblo: Santa Clara.

Si quieres recorrer este poblado para ver o comprar algunos regalos, tienes que saber que Santa Clara está ubicada a 80 kilómetros de Morelia, la capital del Estado,pero si durante tu viaje decides pasar por Pátzcuaro, podrás admirar las montañas y el lago completo y toda la belleza de sus islas durante la subida.

Pero muy atento cuando lo conozcas finalmente, ya que la historia de la zona es tan variada, que lo mismo puedes escuchar sobre el primer levantamiento en armas por el pronunciamiento de Francisco I. Madero en la Revolución de México o bien sobre la afamada historia del legendario personaje conocido como Pito Pérez.

Agradecemos al CPTM las facilidades otorgadas durante la realización de este viaje